Destinos entrelazados: El Alfa y la Omega

Dominieck Bastrii

Hoy es un día como cualquiera otro donde la soledad por momentos me atormenta al notar la ausencia de a quienes amo ya que no les tengo cerca.

Allí permanezco de pie desde hace ya un rato junto a la gran ventana corrediza de mi oficina desde la cual observando con atención como el patio de la mansión Bastrii mi casa se encuentra rodeado por la soledad y la desesperanza.

La gran residencia Bastrii se encuentra localizada en Belcier ubicada próxima al centro de la ciudad en un costado donde la naturaleza y lo artificial conviven en estrecha armonía.

En pocas palabras se trata nada más y nada menos de un pequeño estrecho del bosque que se adentra hasta la ciudad y el cual proporciona un sentimiento evidente de privacidad por lo mismo en medio de tal porción oculto a la vista de los curiosos transeúntes que se encuentra aquel excéntrico hogar.

La vedad ya han pasado algunos años desde que esta casa fue tomada por la lúgubre figura de la muerte que parecía danzar con alegría en contra de sus residentes provocando que la misma fuese abandonada.

Tanto mi vida como la de mis padres aquel trágico día en el cual la guerra estalló en su interior, estuvieron corriendo un enorme peligro tras una de las manadas vecinas que antes se pensaba era nuestra aliada nos declaró la guerra llegando casi aquellos a acabar con nuestra existencia.

Por algunas circunstancias donde quizás el destino se colocó a nuestro favor los tres conseguimos salvarnos; logramos ante las posibilidades en contra que teníamos huir aun a pesar de encontrarnos con nuestros cuerpos magullados y adoloridos por el peso de tal calvario.

Ya sin hogar nos vimos en la obligación de abandonar Belcier y desaparecer borrando completamente nuestro rastro por lo que el mundo se olvidó de nuestra existencia por un buen período.

Ya tiempo después luego de mantenernos un buen tiempo ocultos con la excusa de que mi futuro no podía estar condenado por sus errores tras dos años perdidos de la vista de los lobos mis padres me enviaron a la ciudad bajo el resguardo de Lyall.

Aquel lobo no era más que su más fiel sirviente quien sin preguntar simplemente me tomó bajo su cuidado y protección por lo que termine nuevamente de regreso, aunque diferente porque aún a pesar de ser un niño mi mente había madurado drásticamente.

Lyall sin dudarlo me tomó en sus manos y me protegió, aunque no tenía forma alguna de pagarle me acogió, en tanto a pesar de ello me educo y me formo para que fuera un excelso líder sin tachadura, cosa que conseguí, pero a qué precio y uno de sangre.

Así fue que, tras tener la suficiente fuerza, tras enfrentarnos en varias contiendas contra la manada la cual había levantado armas en contra nuestra los Bastri pues los tales tras su levantamiento se terminaron estableciendo aquí en la residencia, junto a un gran ejército de lobos completamente a mi servicio que nos enfrentamos a ellos para recuperar mi hogar.

… … … …

Vaya vida tan caótica se ha de llevar cuando eres el jefe, aunque bueno es una simple consecuencia la cual acepté con gusto cuando decidí formar parte de este mundo de la mafia para explotar de igual manera con entereza mi naturaleza como lobo, aunque no de una forma positiva que digamos.

¡Toc, toc, toc!

Aquel sonido resuena en medio del silencio entre toda mi oficina dándome aviso a que alguien apela por mi presencia.

Aquellos nudillos chocan con especial énfasis contra la madera agitados guiados por un toque sutil de insistencia que puedo percibir con completa claridad sumado al leve aroma de tensión procedente del otro lado que se adentra por las grietas de aquella con puerta puedo suponer que un dilema se ha de presentar.

Con un evidente sigilo aquella entrada se es abierta revelándose por ende a la persona que se encuentra del otro lado, por lo que debido a tal intervención me veo en la obligación de darme la vuelta en dirección a esta y abandonar la tan sinigual calma que me proporciona la solitaria área verde de este enorme lugar.

— Disculpe señor.

Quien recalca aquello es Lyall una vez que cruza el umbral, quién con cuál actitud fría pronuncia aquellas palabras mientras se acerca con la cabeza semi agachada.

Lyall es tanto mi amigo, consejero y tutor, además de que es el lobo principal que guía a los betas de la manada la cual yo lidero.

Tal de igual forma es mi mano derecha, mi mejor estratega, un experto en espionaje capaz de camuflarse de la mejor manera, aunque su labor no solo se limita a esto.

Una vez ya dentro y tras acercarse a mi escritorio una vez posa sus ojos en mi puedo percibir que sin dudas algo había pasado, algo que me llenaba de intriga pues conozco a la perfección sus expresiones junto a sus cambios de humor cuando algo no anda bien.

— ¿Qué sucede? — recalco aquellas palabras con cual toque de frialdad tomado por la curiosidad.

— Hubo un problema en el almacén.

—¿Qué clase de problema?

— La carga fue intervenida, no sé cómo, pero los polis pudieron dar con la ubicación y la hora de la entrega; simplemente cuando el italiano llegó al puerto aquellos se lanzaron desde las sombras, no nos dieron ni la más mínima oportunidad de pensar, lo único que pudimos hacer fue huir, claro los que pudimos pues varios de nuestros hombres fueron capturados.

— Pudieron salvar algo.

— No, nada en absoluto, ellos tienen completa posesión de la mercancía.

— Esos imbéciles, lo sabía desde un principio todo esto no me daba buena espina.

Por un momento agaché la mirada para disponerme a pensar tenía un marullo de pensamientos los cuales rondaban sin tregua alguna produciendo en mí cual sentimiento de intranquilidad y cuando finalmente me encontraba listo eleve mi cabeza para replicar mientras que aquel permanecía en silencio.

— Lyall encárgate de averiguar quién es el responsable, algo me dice que entre nosotros hay un topo...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.