Destinos entrelazados: El Alfa y la Omega

No puedo más que callar, ante las verdades no dichas

Acaso lo había escuchado bien, de su boca se escuchó salir tal nombre.

— Un momento, dijiste Izra.

— Sí, escuchaste bien, efectivamente le he mencionado, acaso le conoces Emma.

Y rápidamente sin perder tiempo para evitar sospechas e interrogantes recalque.

— No, solo le he escuchado mencionar un par de veces; por Venecia suele ser motivo de murmuración entre los lobos.

Pero no, la verdad era otra y una bastante delicada, por cierto está demás decir, que si le conocía, pero no había forma de que confesará aquello, por lo menos no delante de Dominieck.

Aunque lo quiera negar tal nombre conforma una parte de mi pasado, uno el cual se encuentra cargado de dolor, lágrimas y desconcierto, lo cual forma parte de un pasado el cual prefiero no recordar, así que en un intento por cambiar la perspectiva de tal conversación casi de seguido le interrogue.

— Ya que estamos en estas me podrías explicar qué es lo que en verdad representan esos cuatro lobos porque al sol de hoy aun no lo comprendo.

Dominieck me miró confundido, se le hacía difícil creer que a pesar de ser de la vecina Venecia un área tan próxima a Belcier no comprendiera la autoridad de estos cuatro en el mundo de los lobos.

— Si realmente viviste en tal ciudad deberías por lo menos comprenderlo, tu pregunta suena algo tonta así que me niego a darte respuesta.

— No te confundas, viví en Venencia más fui criada en la ciudad, allá no se habla de los habitantes del exterior o por lo menos los abuelos evitaban hacerlo, la razón de ello no la conozco y hablo con completa sinceridad; en todo caso no estás obligado a contestar es muy tu decisión hacerlo o no.

Aquel hombre seguía mirándome fijamente durante todo el transcurso de aquel tiempo, de mi en ningún momento había apartado sus ojos quienes como cual arma de condenación atentos permanecían, ante él no podía evitar sentirme diminuta influenciada aún más por tales dilemas.

— Y lo que tienes en el pecho, por lo menos eso si lo conoces, verdad Emma digo si de verdad te pertenece.

Lo miré fijamente queriendo comprender que buscaba Dominieck descubrir con tal pregunta, las dudas tras tal objeción no tardaron en rondar por mi cabeza y en busca de cual luz de salvación intenté dar con aquellas palabras que no me dejasen ante todo en completa evidencia.

— Si, si lo sé.

— Entonces qué representa dime, quiero saber.

Y así, siguió fijando su atención en el relicario.

No sé y aún menos comprendo que era lo que buscaba entender tal hombre en aquel momento, pero sin dudas su interés no era algo pasajero.

— ¿Por qué te interesa tanto?

— Solo tengo curiosidad, te he visto como le cuidas con tanto recelo, incluso podría llegar a decir que le cuidas más que a tu propia vida.

— Y estás en lo cierto, esto vale para mí más que el oro puro, esto…

Agache la mirada en busca de tal objeto y allí le vi colgado fijo contra mi pecho la emoción y la fragilidad se adentraron por mis venas, entonces ante él volví y eleve mi cabeza no sin antes esta vez llevar mis dedos hasta el relicario a quien frote en el acto.

— Esto Dominieck representa el sacrificio de toda una familia, mi familia.

Así intente huir de él, intente escapar de sus dudas tras promulgar tales palabras, busque distanciarme, alejarme de su ser por lo que mientras le daba la espalda repliqué intentando con aquello cambiar de tema.

— Entonces eso fue lo que sucedió.

Dije aquello con un tono de voz suave que, aunque parecía apacible dejaba ver la intranquilidad y la desconfianza presente en mí, a pesar de escuchar su narración algo para mí no cuadraba y no dejaba que su historia tomará completa forma ante mi conciencia.

— Si… eso ocurrió, como vez desde entonces cargó con esta herida que me quema intensamente.

— Lyall lo sabe Dominieck.

— No, y prefiero que así permanezca.

— Piénsalo mejor, estás aguantando todo esto tu solo y temo que esto te podría superar.

— No es nada, tarde o temprano cesará y sanará.

— Eres tonto sabes lo que el acónito te puede hacer, la herida no sanará así tan fácil, no hasta que sea tratada, aunque la verdad me sorprende que aun estés soportando también su efecto.

— Tengo gran resistencia al dolor.

Dominieck hinchó el pecho alardeando de su capacidad, pero dejando de lado la realidad.

— Eso veo, bien por ti...

Elevé mis manos y las uní al frente en un tenue aplauso tomando claro ventaja sobre el sarcasmo, disfrazando mi rostro tras una falsa sonrisa.

— También puedo notar que al intentar hacerme creer que eres todo un macho, estás matando tus últimas neuronas, no te das cuenta que tu vida puede estar peligrando.

Me acerque a él y golpee la parte posterior de su cabeza una vez más, producto del golpe aquel no pudo evitar encogerse de hombros no por el dolor sino porque era evidente que ante él, yo una omega estaba realizando cual llamada de atención.

— No se puede negar que tú y ese viejo tienen algún parentesco familiar, que carácter tan horrendo tienes ante un pobre herido.

Cual mirada cortante al escucharle emití en su contra, la seriedad tomo mis expresiones en todo su esplendor, me encontraba molesta; molesta por su irresponsabilidad y su incapacidad de mantener la seriedad ante mí.

— Mejor agradece que yo no sea la que te torture porque te iría mucho peor — replique — mira, solo espérame aquí y no te atrevas a moverte de lugar.

Me puse de pie y ante aquel di una última mirada de forma amenazante antes de empezar a caminar para regresar por el mismo sendero por donde anteriormente había salido de aquel edificio para de nuevo ingresar a la cocina.

— ¡Uyy! A dónde vas, acaso buscaras tus instrumentos de tortura.

— Eso quisieras, solo no te muevas.

Con gran velocidad entré a aquel espacio y así mismo como me hice paso sin hacer caso a nadie ni a nada le abandoné, pero esta vez llevando entre mis manos un botiquín.




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