Destinos entrelazados: El Alfa y la Omega

Un nuevo lugar para conocer...

Han transcurrido ya algunos días desde que vi a Dominieck por última vez; para sorpresa de todos aquella noche terminó de transcurrir en santa paz, paz que era bien merecida para cada uno de nosotros luego de tal caos.

Aún hoy en el marcado compás que lleva este día recuerdo sus ojos levemente apagados mientras una sonrisa tomaba de forma delicada la curvatura de su boca tras despedirme dirigiendo de inmediato tras el auto de Lyall.

Él, atento a cada uno de mis movimientos me siguió con una mirada apagada y ya cuando mi partida era inminente solo levanto los dedos al tiempo que les movía en zip zap dedicándome cual simple gesto de despedida y allí a su suerte le dejamos en compañía del tío Martín.

Nuestras mentes funcionan de manera a veces incomprensibles pues aquella busca atormentarnos de las maneras más ilógicas puesto que curiosamente pase de batallar para tener mi libertad y no tener para nada cerca a Dominieck, a pensar constantemente en él y en aquel apasionado beso que me entrego al devorar mis labios con tanto deseo.

Inocentemente, yo al fin y al cabo llegué a pesar que todos mis problemas hasta aquel momento llagarían a su fin, pensé que literalmente aquellos finiquitarían con solo alejarme de aquel hombre, pero no, desde entonces todo ha ido de mal en peor.

En el transcurso de aquel tiempo han venido sucediendo cosas que puedo citar como situaciones atemorizantes que, aunque podrían pasar como por simples paranoias mías no dejan de ser inquietantes.

Algunos sucesos como la aparición de sombras que surcan alrededor de mi en la noche una vez que me encuentro en el exterior sola oh acompañada por mencionar alguna...

Algo que me preocupa demasiado son aquellos inquietantes ojos que me observan desde la oscuridad en medio de los árboles y que completa claridad puedo notar, oh en su defecto aquellos aullidos que desde el interior del bosque se suelen escuchar tras la aparición de la luna sobre los cielos, pueden llegar a colocarle los pelos de punta hasta a la persona más valiente.

Ahora bien, como es de costumbre desde lo ocurrido en el restaurante me encuentro distraída valla sorpresa nada singular en mí, muy sumergida en mis pensamientos, nadando en el mar de ideas sin fin que arremeten en mi contra mientras observo el exterior acomodada en el asiento trasero del taxi en cual me encuentro.

Por ende y no es de extrañar en aquel momento estoy tan abismada dentro de mi sola consciencia que no me doy cuenta siquiera de que el auto se había finalmente detenido cosa que descubrí una vez tras Lina intervenir, si no y he de ser sincera en ello probablemente aún me encontraría en las nubes como si nada estuviera pasando.

— Tierra a Emma.

Pronuncia Lina por vez primera luego de que tomamos aquella carretera en total silencio, mientras chasquea sus dedos frente a mi rostro intentando hacerme reaccionar.

— Lo siento me eh quedado en las nubes.

— Me he dado cuenta, chica distraída — cual reflejo de risa sarcástica Lina emano de su ser una vez me escucho, pues sin dudas en el tiempo que llevamos trotándonos ha tenido que aprender a conocer algunas de mis singularidades y precisamente mi habilidad para permanecer atenta a la nada es una de ellas

— Ya hemos llegado Lina.

— Según el chofer sí, hemos llegado — con honestidad recalca Lina aquello pues ninguna de las dos nunca nos habíamos dirigido a tal ubicación tal destino era completamente nuevo para descubrir.

A diferencia de los demás días, hoy Lina y yo no nos encontramos en el restaurante, si no que hemos salido con rumbo a las afueras de la ciudad con destino a la casa de campo del tío Martín, gracias a que este hace un par de día nos extendió una invitación para sorprender a la tía Susan que en pocas horas arribará a Belcier.

El tío más que nada nos pidió ayuda para organizar todo para así darle a la tal mencionada una merecida bienvenida, gracias a la cercanía familiar y confianza que ya ha depositado esté de por sí en nosotras.

Fue entonces que gracias a esto que desde tempranas horas de la mañana Lina y yo nos dispusimos a preparar nuestras maletas para pasar un fin de semana con ellos en aquella casa y así disfrutar del aire fresco junto al silencio de la naturaleza.

A diferencia de otros días cosa extraña de por más decir, Lyall no nos acompañaba pues curiosamente aquel lleva un tiempo sin aparecer.

Si a ser específica voy desde antes de ayer en la noche cuando el tío Martín nos extendió la invitación, una vez que estuvimos en Vinchenzo tal hombre desapareció como por arte de magia se esfumó sin decir nada, incluso Lina y yo hemos tenido la impresión de que la tierra tras sus grandes y colosales fauces quizás se lo habían devorado sin dejar rastro alguno de su persona.

Aun así, a pesar de nuestra preocupación por aquel, decidimos partir suponiendo claro está que probablemente Lyall seguramente se encontraría con Dominieck, por ende, nos encontramos meramente a disposición la una de la otra, el apoyo era nuestra única defensa y la gallardía nuestra mayor arma en aquel lugar totalmente nuevo.

Finalmente ha llegado la hora y tras fijar mi atención en el semblante que conforma el exterior, debidamente me dedico a escudriñar aquella imagen que se forma ante mí no muy bien llegamos.

A la entrada como cual coraza un enorme portón en color oro se alza ante nosotras una vez que abandonamos aquel taxi; curiosamente las compuertas permanecen abiertas de par en par invitándonos de forma evidente a ingresar mientras que al fondo un enorme caserío pintando de blanco con grandes ventanales y detalles pintados en el mismo tono sobresalen como ningunos otros.

— A alguien aquí como que le gusta lo extravagante — recita Lina tras la sorpresa tomarle una vez que deslumbra tal escena mientras que deja los ojos completamente abiertos.

— Pensé que lo habías notado ya, en Lombardi la extravagancia es lo primero, tal concepto lo puedes contemplar en los detalles que relucen en el Gran Atlante, aunque por lo general quien debiera ser ostentosa ante todo es la mujer, pero en el mundo no existen personas más sacadas de lo común como la tía Susan y el tío Martín, sus papeles en ese sentido son completamente invertidos.




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