El silencio en la sala de ensayo se volvió pesado después de que Mateo desapareció por el pasillo.
Elena seguía mirando la puerta por donde el hombre había salido, intentando procesar lo que acababa de ocurrir.
—¿Qué significa eso de tres días? —preguntó finalmente.
Adrián no respondió de inmediato.
Estaba de pie, inmóvil, con la mirada fija en el suelo como si estuviera tratando de ordenar sus pensamientos.
Elena dio un paso más cerca.
—Adrián.
Él levantó la mirada lentamente.
En sus ojos había algo que ella no había visto antes.
Preocupación real.
—Significa que Mateo no vino solo a saludar —dijo con voz baja.
—Eso ya lo entendí.
—Entonces también deberías entender que esto no es algo pequeño.
Elena cruzó los brazos.
—¿Cuánto dinero debe tu hermano?
Adrián soltó una pequeña risa amarga.
—Demasiado.
—¿Cuánto es demasiado?
—Lo suficiente para que personas como Mateo aparezcan en lugares como este.
Elena sintió un escalofrío.
—¿Y qué pasa si no pagas?
Adrián no respondió.
Ese silencio fue suficiente.
Elena lo miró fijamente.
—¿Están amenazándote?
—No exactamente.
—Adrián.
—Están presionando.
—¿Presionando cómo?
Adrián pasó una mano por su cabello, claramente frustrado.
—No quiero que te involucres en esto.
Elena soltó una risa corta.
—Creo que ya estoy involucrada.
—No.
—Mateo sabía quién soy.
—Eso no significa nada.
—Significa que podrían usarme para llegar a ti.
Adrián dio un paso hacia ella.
—No voy a permitirlo.
Elena levantó una ceja.
—¿Y cómo planeas evitarlo?
Adrián guardó silencio.
—Exacto —dijo ella.
La tensión entre ellos volvió a llenar la habitación.
Después de unos segundos, Elena suspiró.
—Está bien.
Adrián la miró con desconfianza.
—¿Qué significa eso?
—Significa que vamos a resolver esto.
—No.
—¿No?
—No es un “vamos”.
—Claro que lo es.
—Elena.
—Adrián.
Ambos se quedaron mirándose.
Finalmente él negó con la cabeza.
—Esto es demasiado peligroso.
Elena sintió una chispa de irritación.
—¿Sabes qué es peligroso?
—¿Qué?
—Que sigas tomando decisiones por mí.
Adrián no respondió.
Elena continuó.
—La última vez decidiste desaparecer para “protegerme”.
—Fue la decisión correcta.
—No lo fue.
—Elena…
—Me dejaste sola.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Adrián finalmente habló.
—No quería que salieras lastimada.
—Pues adivina qué —respondió ella—. Igual salí lastimada.
Sus palabras quedaron flotando en el aire.
Después de unos segundos, Adrián suspiró.
—Esta vez será diferente.
—¿Diferente cómo?
—No voy a desaparecer.
Elena lo observó con atención.
—¿Lo prometes?
Adrián dudó un segundo.
—Sí.
Elena asintió lentamente.
—Bien.
—Pero eso no significa que debas involucrarte.
—Demasiado tarde.
Adrián la miró con frustración.
—Siempre haces esto.
—¿Esto qué?
—Meterte en problemas.
Elena sonrió ligeramente.
—Solo cuando valen la pena.
Adrián iba a responder cuando su teléfono vibró en su bolsillo.
El sonido rompió el momento.
Sacó el teléfono y miró la pantalla.