La música comenzó sin aviso.
Adrián presionó “play” en el viejo parlante del estudio y, en segundos, el sonido del bandoneón llenó la habitación.
Era intenso. Profundo. Exigente.
Como si ya estuviera poniendo a prueba cada decisión que habían tomado.
Elena no tuvo tiempo de pensar.
—Desde el principio —dijo Adrián.
Ella asintió.
Se colocaron frente a frente.
El aire entre ellos se volvió denso.
No era la primera vez que bailaban juntos.
Pero sí la primera en mucho tiempo.
Y definitivamente… la más importante.
Adrián dio el primer paso.
Elena lo siguió.
Uno, dos, giro.
El ritmo era preciso, pero algo no encajaba.
—No —dijo Adrián, deteniéndose—. Otra vez.
Elena frunció el ceño.
—Acabamos de empezar.
—Y ya estás fuera de tiempo.
—No estoy fuera de tiempo.
—Sí lo estás.
Elena cruzó los brazos.
—Tal vez tú estás yendo demasiado rápido.
Adrián la miró fijamente.
—El tango no espera.
—Pues yo sí necesito un segundo.
—No tenemos segundos.
Las palabras cayeron con fuerza.
Elena apretó la mandíbula.
—Perfecto —dijo—. Entonces hazlo tú solo.
Se giró, molesta.
Adrián soltó un suspiro pesado.
—Elena…
—¿Qué?
—No estamos aquí para discutir.
Ella se giró de nuevo hacia él.
—Entonces deja de actuar como si yo no supiera lo que hago.
—No es eso.
—¿Entonces qué es?
Adrián dudó un segundo.
—Hace años que no bailamos juntos.
Elena sostuvo su mirada.
—Lo sé.
—Y no podemos permitirnos errores.
—Tampoco podemos permitirnos perder el control.
El silencio llenó el estudio.
La música seguía sonando de fondo, ignorada.
Adrián habló más bajo esta vez.
—El tango es control.
Elena negó lentamente.
—No.
Adrián frunció el ceño.
—¿No?
—El tango es conexión.
Las palabras lo hicieron quedarse quieto.
Elena dio un paso hacia él.
—Antes no teníamos que pensar tanto.
—Antes era diferente.
—Antes confiábamos.
El golpe fue directo.
Adrián bajó la mirada por un segundo.
—Eso no ha cambiado.
—¿Estás seguro?
El silencio respondió por él.
Elena suspiró.
Luego extendió su mano.
—Otra vez.
Adrián la miró.
Durante unos segundos dudó.
Pero finalmente tomó su mano.
La música seguía.
Esta vez comenzaron más lento.
Más cuidadosos.
Uno, dos…
Elena sintió el cambio de inmediato.
Adrián también.
No era perfecto.
Pero era… real.
Sus movimientos comenzaron a sincronizarse poco a poco.
Elena giró.
Adrián la sostuvo.
Sus miradas se encontraron.
Y por un segundo…
todo lo demás desapareció.
No había deuda.
No había amenaza.
No había pasado.
Solo el presente.
El paso final llegó.
Se detuvieron.
Muy cerca.
Demasiado cerca.
Elena fue la primera en apartarse.
—Eso estuvo mejor.
Adrián asintió.
—Sí.
Pero ambos sabían que no era suficiente.
Elena caminó hacia la botella de agua y bebió un poco.
—Necesitamos algo más fuerte.