Detesto bailar contigo

La apuesta

El silencio se volvió insoportable en cuanto la puerta se abrió.

Elena no necesitó que Adrián dijera nada.

Lo reconoció al instante.

Mateo.

Su expresión se endureció apenas.

No por sorpresa.

Sino por todo lo que ya sabía de él.

Mateo sonrió al verla.

—Vaya… parece que interrumpo algo importante.

Elena sostuvo su mirada sin retroceder.

—Nunca llegas en un buen momento.

Adrián dio un paso al frente.

—¿Qué quieres?

Mateo entró sin pedir permiso, observando el estudio con calma.

—Ver si ya entendieron la situación.

Adrián apretó la mandíbula.

—Ya la entendimos.

—No lo parece —respondió Mateo, mirando el suelo marcado por los pasos—. Siguen perdiendo el tiempo.

Elena sintió cómo la tensión crecía.

Pero esta vez… no se quedó callada.

—No estamos perdiendo el tiempo.

Mateo la miró con interés.

—¿Ah, no?

Elena intercambió una mirada rápida con Adrián.

Era ahora o nunca.

—Vamos a participar en una competencia.

El silencio cayó de golpe.

Mateo frunció ligeramente el ceño.

—¿Una… competencia?

Adrián habló con firmeza.

—La mejor de la ciudad.

Mateo cruzó los brazos.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Elena dio un paso adelante.

—El premio son 100,000 mil.

Mateo se quedó quieto.

Por primera vez… realmente atento.

—Sigue hablando.

Elena respiró hondo.

—Si ganamos, conseguimos el dinero.

Adrián la miró de reojo, pero no la detuvo.

Mateo entrecerró los ojos.

—¿Y si no ganan?

Elena no dudó.

—Ganamos.

El silencio se tensó.

Mateo sonrió levemente.

—Eso no es una garantía.

Adrián dio un paso adelante.

—Entonces hagamos una.

Mateo lo miró fijamente.

—Te escucho.

Adrián sostuvo su mirada sin titubear.

—Si ganamos la competencia…

Hizo una pausa.

—Nos dejas en paz.

El aire se volvió pesado.

—Y liberas a mi hermano.

Silencio.

Profundo.

Peligroso.

Mateo no respondió de inmediato.

Caminó lentamente por el estudio.

Pensando.

Evaluando.

—¿Y por qué debería aceptar eso?

Elena respondió esta vez.

—Porque igual vas a recibir tu dinero.

Mateo la miró.

—Eso no cambia nada.

—Sí cambia —insistió Elena—. Porque después de eso, se acaba.

Mateo sonrió apenas.

—No me gusta que las cosas se “acaben”.

Adrián dio un paso más cerca.

—A nosotros tampoco nos gusta esto.

Mateo lo observó.

—Lo sé.

Silencio.

Luego…

—Pero me interesa.

Ambos se tensaron.

—¿Qué cosa? —preguntó Elena.

Mateo inclinó la cabeza.

—Ver si realmente pueden lograrlo.

Elena frunció el ceño.

—No somos un juego.

Mateo la miró fijamente.

—Todos lo son… cuando hay algo en juego.

Adrián habló con firmeza.

—Acepta o no.

Mateo lo sostuvo en la mirada.

Un segundo.

Dos.

Y luego—

—Está bien.

Elena sintió que el aire volvía a sus pulmones.

Pero Mateo no había terminado.

—Si ganan…

Su voz se volvió más fría.

—Tienen su dinero.

—Y tu hermano es libre.



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En el texto hay: romance, odio en la pista

Editado: 20.03.2026

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