Detesto bailar contigo

El día de la competencia

El reloj no se detenía.

Y ellos tampoco.

El estudio se había convertido en todo: refugio, campo de batalla… y sentencia.

Elena respiraba con dificultad, apoyando las manos en sus rodillas. El sudor le recorría la frente, pero no se detuvo mucho tiempo.

—Otra vez —dijo Adrián, sin mirarla.

Ella levantó la cabeza.

—¿En serio?

—No está perfecto.

Elena soltó una risa corta, cansada.

—Nada va a estar perfecto si seguimos así.

Adrián la miró.

—Tiene que estarlo.

El silencio entre ellos se tensó.

No era solo una coreografía.

Era el trato.

Era Mateo.

Era su hermano.

Elena se enderezó.

—Lo sé.

Dio un paso al centro.

—Desde el inicio.

La música comenzó otra vez.

Esta vez no hubo dudas.

Cada movimiento era más preciso.

Más fuerte.

Más cargado.

Elena giró, Adrián la sostuvo, sus cuerpos se movían con una sincronía que ya no parecía ensayo.

Parecía necesidad.

Pero—

—¡No!

Adrián se separó.

—Te adelantaste.

Elena lo miró, molesta.

—Por medio segundo.

—Ese medio segundo puede costarnos todo.

Las palabras quedaron flotando.

Elena apretó los labios.

—Lo sé.

Adrián pasó una mano por su cabello.

—No podemos fallar.

—No estamos fallando —respondió ella, con más fuerza de la que esperaba.

Él la miró.

—Todavía.

El silencio cayó otra vez.

Pesado.

Cansado.

Peligroso.

Elena dio un paso hacia él.

—No eres el único que siente la presión.

Adrián no respondió.

—No eres el único que quiere salvarlo.

Eso hizo que él levantara la mirada.

—Lo sé.

—Entonces deja de actuar como si estuvieras solo en esto.

Adrián bajó la mirada un segundo.

—No quiero arrastrarte a esto.

Elena frunció el ceño.

—Ya estoy dentro.

Un silencio más.

Pero distinto.

Más honesto.

Adrián la miró.

—Tres días.

Elena asintió.

—Tres días.

—Y después…

Ninguno terminó la frase.

No hacía falta.

Volvieron a sus posiciones.

La música comenzó otra vez.

Pero ahora…

no había espacio para errores.

El primer día terminó con agotamiento.

El segundo… con frustración.

El tercero… con silencio.

Elena estaba sentada en el suelo, mirando el reflejo en el espejo.

No reconocía a la persona que veía.

No era la misma.

Había algo más en su mirada.

Algo más fuerte.

Más decidido.

Adrián estaba detrás, apoyado en la pared.

—Lo logramos.

Elena no respondió de inmediato.

—No.

Él la miró.

—Todavía no.

Se levantó lentamente.

—Mañana lo lograremos

Adrián sostuvo su mirada.

—Mañana ganamos.

Elena asintió.

Pero en su pecho…

la presión crecía.

A la mañana siguiente…

todo era distinto.

El aire se sentía más pesado.

Más real.

Elena abrió los ojos lentamente.

Y lo primero que sintió…

fue el peso.

No del cansancio.

Del miedo.



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En el texto hay: romance, odio en la pista

Editado: 20.03.2026

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