Detrás de Cámaras

Capítulo 13. Invitación inesperada.

Meredith.

Luego de lo que fue la tarde más emocionante de mi vida, al llegar a casa, tenía una invitación perfectamente sellada y decorada en mi buzón. Las siglas BC me dieron una idea de lo que podía pasar, y cuando rasgué el sobre para leer su contenido no me equivoqué.

Era una invitación a una cena que mis tíos harían en su casa, una cena donde irían algunos de sus socios más potenciales. Al parecer, era cumpleaños de mi tía, Kim Jim Shi, y estaba cordialmente invitada a asistir.

La verdad, no tenía ganas de ir a una fiesta de ese calibre, donde todos van con sus vestidos más glamurosos, peinados elaborados, maquillaje cargado y la riqueza haciendo acto de presencia, pero mi tía ha sido muy linda con nosotros, ella fue quien nos dio este apartamento, así que sería algo feo no asistir.

Por eso, ahora estaba con Kate, Farijh y Anya para buscar un vestido, aunque esta última estuvo quejándose todo el tiempo, aunque no llevábamos ni quince minutos de haber llegado al centro comercial.

–¿Por qué te quejas tanto, Anya? Solo vamos a ver unos vestidos –preguntó Kate, acomodándose la coleta alta.

–Soy una persona simple hasta cierto punto, Kate. Invítame a una comida, e iré con gusto. Invítame a ver una película, y no dudaré en cancelar, pero ¿ver ropa? Lo siento, no es algo que haga con agrado.

» Ver ropa no es algo que me guste, es algo que me enferma, me desagrada y me repugna, sobre todo cuando tengo ropa suficiente, pero al ser una ocasión especial donde espero no me hagan perder más de una hora, me sacrifique para venir –dijo ella acomodando sus lentes oscuros.

–Gracias por tu asistencia y sacrificio –dije con sarcasmo.

–De nada. Es la primera vez que salgo a comprar con chicas, así que la curiosidad ganó y vine a ver qué tan desesperante era.

–¿No habías ido de compras con tus amigas? –pregunto Farijh con sorpresa.

–Nop, me la pasaba más en casa estudiando o perdiendo el tiempo.

–Somos la primera vez de Anya, chicas, hay que ser amorosas y cuidadosas con ella –se burló Kate, haciéndonos reír.

Ya antes había salido con algunas compañeras de clase a comprar ropa, por aquello de algunos eventos donde podíamos asistir, pero debo confesar, que estar con ellas es realmente genial. Les pedí que me acompañaran por tres simples razones:

Anya no dudará en ser lo más sincera y directa posible de cómo me veo.

Kate ayudará en escoger el vestido que mejor se adecue a mi cuerpo.

Farijh será lo suficientemente dulce sobre el tipo de peinado y maquillaje que debo usar.

Con ellas tres tengo el éxito asegurado, aunque no me interesa destacar en lo absoluto, solo de tener una buena presentación ante las personas que veo de vez en cuando. Bueno, tal vez solo este emocionada de asistir a una cena así de nuevo, es algo emocionante.

Entramos a la primera tienda de ropa que encontramos, haciendo los saludos correspondientes y preguntando acerca de los vestidos de noche que podíamos comprar. Tuvimos que subir un piso para ello, así que tomamos las escaleras eléctricas, llegando al piso adecuado.

–¿Por dónde comenzamos? –pregunto Farijh al ver la variedad de vestidos.

–Separarnos, así abarcaremos más terreno –sugirió Anya, cambiando sus lentes oscuros por los normales.

–Nos veremos en los probadores en diez minutos con algunos vestidos, para que Meredith se los pruebe con calma –dijo Kate.

–Bueno, manos a la obra –dije, separándonos.

Me preocupaba la cantidad exorbitante de vestidos en este lugar, además de su precio, pero gracias a mi nuevo sueldo seguro, puedo permitirme comprar algo de buena calidad, sobre todo porque ganó una buena suma de dinero.

Vagué un poco por los pasillos, descartando algunos vestidos y tomando otros que me agradaban. La emoción comenzó a apoderarse de mi cuerpo, esa vieja sensación de felicidad y placer que experimentas cuando compras algo para verte bonita, de llevar un lindo vestido que te haga sentir como una princesa.

Fue gracias a esas emociones que termine llevándome quince vestidos en mis manos, porque llevar otros cinco me parecía exagerado. Caminé hacia los probadores, encontrando a Anya en uno de los sofás, con unos vestidos sobre sus piernas, tecleando en su celular con una ligera sonrisa.

–Sabía que serias la primera en llegar, pero creí que vendrías sin nada –confesé, llamando su atención.

–Qué poca fe, Petite Protagoniste. Puede que sea algo alérgica a estas cosas, pero jamás abandonó a una amiga ante un problema, por muy repugnante que sea –señaló divertida, haciéndome reír.




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