Con la decisión firme de dejar atrás el ambiente viciado de mi anterior sección y con las valiosas enseñanzas de mi tía Lisseth resonando en mi mente, me preparé para el inicio de ese nuevo año escolar con una actitud completamente renovada. Decidí que era el momento de reflejar mi cambio interno en el exterior y me hice todo un look nuevo. Mi figura se veía un poco más delgada —no tanto, pero sí lo suficiente para que la ropa me quedara con una elegancia diferente— y el espejo me devolvía la imagen de una chica fresca, segura y lista para adueñarse de su propio espacio.
Al cruzar la puerta de mi nuevo salón, el aire se sentía distinto, ligero y libre de los viejos fantasmas. No pasó mucho tiempo para que la vida me sorprendiera reuniéndome con un grupo fantástico de compañeras. Mis primeras amistades en esta etapa fueron Paola, Moran y Keyla. Por primera vez en años, experimenté la fascinante sensación de encajar con naturalidad sin tener que actuar o fingir: descubrí que compartíamos muchísimos gustos. A Paola le apasionaban los videojuegos; Moran era una enciclopedia viviente del mundo del anime, dominando series, mangas y juegos; y Keyla conectaba conmigo desde la literatura, amando los libros de historia, la fantasía y la música. A este círculo se sumaron rápidamente Alina, Aissa, Ferre y un montón de chicas más. Aunque para los estándares de otros podían parecer un grupo un poco extraño —bueno, digamos que no tanto—, nos llevábamos increíble. Me sentía sumamente bien, cómoda y emocionada de estar rodeada de personas que valoraban mi verdadera esencia.
Acto II: Huevos en el cumpleaños y miradas del pasadoLa complicidad del grupo se consolidó en los momentos más cotidianos y divertidos de la rutina escolar. Cuando llegó el día de mi cumpleaños, el salón se convirtió en un escenario de risas y celebración. Mis amigas, en medio de la euforia y el cariño desbordado, me propusieron la clásica y caótica tradición de tirarme huevos para festejarme. Mientras entre risas intentaba esquivar la costumbre, me percaté de la presencia de una chica que se encontraba a un lado, manteniéndose al margen y observando la escena con una mirada sumamente extraña.
En lugar de engancharme o sentirme incómoda, mi madurez adquirida me hizo analizar la situación con total empatía y serenidad. Pensé para mis adentros: "Bueno, tendrá sus razones para mirar de esa manera tan rara". Comprendía perfectamente que la reacción de algunas personas del entorno podía estar sesgada, ya que sabían que yo venía de otra sección y conocían los antiguos rumores malintencionados que la envidia del aula A había regado en el pasado. Sin embargo, la brecha de esos prejuicios ya no tenía ningún poder sobre mí; los comentarios y las miradas ajenas simplemente me resbalaban, porque mi mente estaba enfocada en disfrutar de las personas que realmente aportaban luz a mi día a día.
Acto III: La sombra de IparraguirreFue justamente en medio de esa atmósfera de renovación donde entró en escena una nueva integrante al colegio: una chica que venía traslada de otra institución llamada Iparraguirre. Como ella no conocía a nadie y apenas se estaba adaptando a la rutina del plantel, mi lado servicial y noble me impulsó a acercarme a ella. Al principio, Jejeje, se mostró como una buena chica; entablamos conversación rápido y me aseguré de que no se sintiera sola en sus primeros días.
Sin embargo, a pesar de la buena convivencia inicial, mi sentido de la observación —ese radar filoso que desarrollé tras tantas traiciones— comenzó a encender pequeñas alarmas en mi interior. Había algo en su forma de ser que se me hacía muuuuy extraña, una vibra difícil de explicar que me daba una muy mala espina de manera constante. Sentía que detrás de su cordialidad de recién llegada se escondía un matiz impredecible. Aun así, manteniendo mi lealtad e ignorando por un momento la corazonada, decidí estar allí para ella y brindarle mi apoyo sincero, sin imaginar que esa intuición inicial no tardaría en revelar su verdadera razón de ser en los siguientes capítulos de mi vida escolar.
Editado: 11.08.2026