Detrás de la máscara

CAPÍTULO XIX

CAPÍTULO XIX

Me estiré en la cama para desperezarme antes de abrir los ojos. No recordaba cómo había llegado a la cama, solo sabía que había tenido un sueño. Pero no un sueño como los que acostumbraba a tener últimamente. No. Éste era distinto. En éste estaba Derek y, por lo tanto, nada en lo que él estuviera podría ser horrible.

Me senté en la cama para ponerme mis zapatillas de andar por casa y frotándome los ojos, me dirigí a la puerta.

En mi mente solo estaba ese sueño, cómo besaba y cómo hacía el amor. Parecía tan real que me decepcioné, pero solo recordar lo sorprendido que estaba por mi poca inhibición relacionado con el sexo me hizo reír.

—Mira que tener un sueño erótico con Derek…— me dije a mí misma entre risas mientras entraba en el comedor. Pero lo último que esperaba ver allí era a Derek.

—Me temo que no ha sido un sueño— sentenció con una sonrisa de oreja a oreja antes de tomarse un trago de café. Me fijé en que solo llevaba un bóxer y tragué saliva antes de bajar la vista a mi cuerpo. Solo esperaba no estar desnuda. Pero no. No lo estaba. Llevaba la camisa de Derek que la noche anterior mojé con agua—. Espero que no te moleste que no haya sido un sueño— me dedicó una sonrisa que no le llegaba a los ojos. Seguramente creería que me arrepentía, por la reacción que estaba teniendo en ese momento, pero no era arrepentimiento, sino sorpresa. No creí que fuera real.

—No, no. Al contrario. Me alegro— enarcó una ceja y ocultó una sonrisa mordiéndose el labio inferior—. Es decir… eh— su sonrisa se ensanchó y aparté la mirada avergonzada. Siempre me pasaba lo mismo. Después de una noche de pasión, me moría de la vergüenza por mi comportamiento tan desinhibido. Algo que, conociéndome a primera vista, no parece que tenga.

—Parece que ya ha vuelto la Kate tímida de siempre— se rio acercándose a mí y me hizo caminar hasta la mesa.

—No me arrepiento de nada— logré decir y él asintió.

—Yo tampoco y me alegro de que lo recuerdes todo— me estremecí un poco al escucharle. ¿Lo recordaba todo? No. No recordaba cómo llegué a la cama y eso me recordaba a mis pesadillas. Pero eso era muy distinto—. Porque lo recuerdas todo, ¿verdad? — me encogí de hombros sentándome en la silla contigua a la suya.

—Bueno, no recuerdo nada que haya ocurrido después de… ya sabes— su expresión de confusión cambió a una sonrisa. Me estaba acostumbrando a ver sus sonrisas día sí y día también.

—No me extraña. Te quedaste dormida sobre mí— levantó ambas cejas y sentí mis pómulos enrojecerse. Aparté la mirada de él y escuché su carcajada, pero no me hizo volver mi vista a él—. Vamos— sentí sus dedos en mi barbilla y me obligó a mirarle. Sus dos bosques profundos me hipnotizaban—. No pretendía ir tan rápido contigo, pero… no he podido resistirme. Y tú, por lo visto tampoco— me sonrió y plantó un beso en mis labios. Eso me aturdió un poco y me hizo soltar un pequeño gemido mientras cogía mi rostro para intensificar el beso. Sus labios eran tal cual los recordaba. Definitivamente no había sido un sueño.

Tuvimos que separarnos cuando su móvil comenzó a sonar.

—¿Sí? —contestó sin siquiera mirar quien llamaba. Su expresión cambió en un segundo antes de levantarse de la silla y correr en busca de sus pantalones. Sujetó su teléfono con el hombro mientras se los ponía. Estaba tan sexy…—. Lo siento mucho, pequeña. Ahora mismo voy— ¿pequeña? Parpadeé un par de veces confundida ante ese apelativo cariñoso. ¿A quién podría decirle eso? No quería pensar mal de él, pero en ese momento quería pedirle explicaciones—. Ya sé que llego tarde y lo siento, pero me he entretenido… con una persona— alcé una ceja. ¿Una persona? Así que yo solo era eso. Una persona. Como quien habla de un desconocido. Sentí sus pasos apresurados hacia mí y comenzó a desabrochar los botones de la camisa que llevaba puesta mientras rodaba los ojos—. Mira, sí. Me he olvidado de ti. ¿Contenta? Joder, no tardaré en ir a buscarte— me quitó la camisa y sentí el frío en mi piel desnuda. Ahora sí que estaba desnuda, pero Derek pareció no inmutarse, ya que nada más tuvo la prenda en sus manos, se dio la vuelta y se la puso.

No esperé más tiempo y me metí en la habitación lo más rápido que pude para ponerme algo encima.

¿De verdad estaba con alguien? ¿Tendría novia? No tenía sentido. Gil, su abuelo, dijo que quería juntarnos. Aunque pensándolo bien, eso lo dijo Derek. Se lo podría haber inventado para tenerme comiendo de su mano.

No podía creerme que fuera así. Él no parecía de esa clase de hombre. Un polvo y fuera. Eso he sido para él.



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En el texto hay: amor, pesadillas

Editado: 17.04.2018

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