Detrás De Los Reflectores |kookmin|

Capítulo 3

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Jungkook encendió un cigarrillo, dejando que el humo le calentara la garganta mientras observaba al actor moverse en la pista baile improvisada.

Estaba totalmente fuera de control, desde su perspectiva era un presa muy fácil de manipular en ese estado.

Entonces, ¿que lo detenía?

Los testigos.

El chico rubio con quién había salido del departamento seguía a su lado como si no pensara en dejarlo ni un segundo.

—Parece que se te van a salir los ojos, Jungkook.

Rodó los ojos, exhalando el humo con calma.

—¿Y tú no mirarías ese espectáculo?

—Así que lo admites —respondió, dándole otro sorbo a su vaso.

Una sonrisa leve, casi invisible, curvó los labios de Jungkook.

—¿Admitir qué?

—Que te gusta.

Jungkook soltó una risa baja, negando apenas con la cabeza.

—Creo que bebiste demasiado, Taekyun. ¿Por qué no vas y distraes a su amiguito? Así me dejas el camino libre.

—¿Libre para qué? ¿Para conquistarlo?

—¿Conquistar? —repitió, con un deje burlón—. Debí traer a Mung Lee.

—Claro, tu favorito.

—Taekyun, haz tu trabajo. Necesito que Jimin se quede solo. Estamos perdiendo tiempo.

Taekyun alzó una ceja, mirando hacia la pista.

—Lo haría… pero ya se están yendo.

Jungkook giró el rostro de inmediato. Tal como dijo, ambos chicos abandonaban el lugar casi a prisa, dirigiéndose hacia la pista de carreras.

Chasqueó la lengua, fastidiado.

—Genial. Otra oportunidad desperdiciada.

—Relájate, Jungkook —murmuró Taekyun, con una sonrisa ladeada—. La noche todavía no termina.

Jungkook lo miró de reojo.

—¿Y tú cómo estás tan seguro?

—Escuché que el grupo de Soobin llamó a la policía para arruinarle la carrera a Ming Sik. Ya se fueron… y cuando lleguen las patrullas, esto va a ser un caos.

Por primera vez, Jungkook pareció genuinamente interesado.

—Te subestimé, Taekyun.

—Para que veas que soy mejor que tu querido Mung Lee.

Las sirenas no tardaron en irrumpir, atravesando la música y el bullicio como un cuchillo. La multitud empezó a dispersarse sin rumbo claro, empujándose y tropezando.

Entre el desorden, Jungkook lo vio.

Jimin.

Confundido, llevándose una mano a la cabeza, intentando entender qué estaba pasando a su alrededor.

Una presa desorientada.

Perfecto.

—Ahí está tu oportunidad —murmuró Taekyun.

La sonrisa de su superior volvió, más marcada esta vez.

—Me adelanto. Nos vemos en el “penthouse”.

Jungkook soltó una risa baja al escuchar el nombre.

"Penthouse" no era exactamente algo que definiera a esa casa en ruinas escondida en medio del campo.

...

—¡Oye! —le gritó para que lo oyera—. Creo que ya estamos muy lejos.

Jimin no sabía por cuánto tiempo había estado en esa moto a toda velocidad, escapando del alboroto que se armó en la carrera. Pero creía que ya estaban seguros, pues habían estado dando tantas vueltas que ya se había perdido y no sabía a dónde se dirigía el desconocido que lo había ayudado.

—¡¿Me escuchas?! —volvió a gritar, al no recibir respuesta.

—Ya llegamos, precioso. Tú tranquilo.

El muchacho dio una vuelta más y comenzó a bajar la velocidad cerca de una casa en mal estado que estaba en medio de la nada. A Jimin no le dio buena espina, pero pensó que quizás se debía a que aún no se le pasaba completamente lo poco que había tomado, así que trató de mantenerse tranquilo.

El joven estacionó la moto, la apagó y se bajó

—¿Eh...? ¿Te quedaste sin gasolina? —preguntó Jimin con burla, efecto del alcohol.

—Qué risueño... Pero claro que no. —Se quitó el casco y sonrió, acomodándose el cabello.

—Oh... —se bajó de la moto tambaleándose—. ¿Nos hemos visto antes? Te pareces mucho a alguien que conozco. —Le tocó el rostro con la yema de los dedos, juguetón.

—No sé... ¿olvidarías a alguien como yo? —se le acercó un poco más, mirándolo pícaramente.

Y Jimin quedó perdido en sus ojos, sin saber qué responder.

—Eres muy guapo... —susurró sobre los labios del contrario, sin darse cuenta.

«Joder... Claro que lo he visto, ¿verdad?», pestañeó varias veces intentando aclarar su visión.

El alagado bajó la cabeza y rió.

—Pues muchas gracias. —Se apartó y caminó en dirección a la casa.

—¡Ey! —le gritó—. ¿A dónde vas? Tienes que llamarme un taxi o prestarme tu celular para llamar a alguien. —Lo siguió tambaleándose.

Sin embargo, el joven con el casco en la mano no se detuvo, solo sonrió dándole la espalda.

—¡¿No me escuchas...?!

—¡¿Qué es todo ese alboroto?! —gritó un joven que salía de la casa—. ¡Jungkook, volviste! —Se acercó para estrecharle la mano al mencionado.

—¿Jungkook...? —susurró Jimin, con aliento pesado a alcohol.

—Creí que volverías más tarde. —El chico se separó y miró a las espaldas de Jungkook—. Lo conseguiste... ¡Ji Ho, ven aquí ahora mismo y trae un pañuelo!

—Háganse cargo, estoy cansado. —Siguió caminando.

—¿De qué hablas? —Jimin vio cómo otro chico se acercaba y se alertó—. ¡¿A dónde vas?! —le gritó al muchacho que supuestamente lo había ayudado.

Jungkook se perdió de su vista al atravesar el marco de la puerta de aquella casa desgastada. En su lugar, Jimin sintió cómo la confusión y el mareo lo invadían. El alcohol le dificultaba enfocar con claridad, pero logró ver a una joven alta corriendo hacia él.

—Coopera y no hagas de esto un alboroto. —Le atrapó las manos por detrás de la espalda.

—¿Qué...? —la miró asustado, tambaleante—. ¡Suéltame! ¡¿Pero qué te pasa?! —Intentó liberarse con fuerza, pero entonces sintió cómo le tomaban la cabeza y le colocaban un pañuelo húmedo sobre la nariz y la boca.

Poco a poco perdió la fuerza, ni siquiera podía mantenerse de pie.

—También traje una soga, amárralo bien.



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En el texto hay: kookmin, jikook, kookmin bts

Editado: 20.04.2026

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