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La casa se mantenía en un silencio tenso esa mañana, solo interrumpido por el sonido de las cucharas al chocar con las tazas. En el sofá, Jimin permanecía recostado con una manta encima y la cara cubierta por una mascarilla de color pálido.
Jungkook lo observaba desde su rincón, serio, con los brazos cruzados.
—¿Eso es barro o lo están momificando? —soltó Ji Ah con una ceja en alto, entrando desde la cocina.
—Es una mascarilla hidratante… —respondió Taehyung con suavidad, sentado en el borde del sofá—. Le ayuda a relajar la piel. Estaba muy estresado.
—¿Estresado? ¡Con eso parece que va a invocar espíritus! —bufó Ji Ah mientras se dejaba caer en el sillón—. ¿También le vas a poner incienso?
En la esquina, Hoseok soltó una risa breve, y Jungkook simplemente alzó una ceja con diversión, mirando a Jimin como si confirmara lo que pensaba desde que lo conoció: dramático, mimado y... entretenido de observar.
Jimin frunció el ceño por un instante, claramente incómodo bajo esa mirada. Intentó acomodarse mejor la manta, como si eso pudiera esconderlo.
—Yo digo que si vamos a consentirlo, al menos que sea con una cerveza y una hamburguesa —bromeó Ji Ah, estirándose como un gato.
Jungkook ladeó la cabeza, y aunque no dijo nada, una sonrisa burlona se dibujó en sus labios, como si no pudiera creer la escena frente a él.
—¡Ji Ah! —reprochó Taehyung con dulzura.
—¿Qué? Es cierto. Mira esa cara. Está sufriendo. ¡Eso es crueldad estética!
Jimin apenas sonrió, pero el rubor en sus mejillas era evidente. No sabía si por el comentario… o porque notaba que Jungkook seguía observando con esa expresión de “esto es un circo” pintada en la cara.
—Conozco a Jimin, se que esto le gusta aunque no lo diga —afirmó con seguridad —. Y todavía no me has visto lo bueno que soy haciendo mascarillas de emergencia con café y yogurt. ¡La piel queda divina! Aunque claro, a algunos solo les funciona el ácido.
Hoseok soltó una carcajada, y Jungkook resopló por la nariz, bajando la mirada y meneando la cabeza como si dijera: “Dios, ¿en qué me metí?”
—¿Ya terminaron de convertir esta casa en un salón de belleza? —preguntó Jin entrando con su laptop bajo el brazo—. Porque tengo que preparar las disculpas para los auspiciadores de Jimin, y ustedes solo han tomado el espacio para rituales de spa.
—Ah, pero si quieres te hago una exfoliación también —ofreció Tae.
Jungkook clavó su mirada en Jin con una ceja levantada, midiendo si se animaría a aceptar. Solo por diversión.
—No, gracias. Mi piel prefiere la ignorancia —respondió Jin secamente.
Taehyung se inclinó hacia Jimin.
—¿Quieres que te suba otra mantita?
—No, estoy bien… gracias.
—¿Y si te canto una canción suave?
—Ya basta, Tae. Esta depresivo, no moribundo —soltó Ji Ah rodando los ojos.
Jungkook apenas contuvo la risa. Se giró hacia Hoseok y este simplemente sonrió, sabiendo lo que su compañero estaba pensando sin que lo dijera en voz alta. Aunque él también tenía lo suyo en la cabeza.
«Maldita sea», pensó Hoseok. «¿Desde cuándo me hace gracia todo lo que dice este niño...?»
Jimin resopló, visiblemente derrotado cuando notó que los dos criminales esos que había traído, estaban pasándola de lo mejor viéndolo hacer el ridículo. Por fuera intentaba mantener la calma, pero por dentro solo deseaba que la tierra se lo tragara… junto con Jungkook y sus malditas miradas.
—Taehyung... —susurró —, acércate.
—¿Qué pasa? —tambien susurró.
—Me están avergonzando... —por fin pudo decir el actor.
—¿Qué?
Y entonces el joven de cabello rubio le señalo con un movimiento de la cabeza a los guardaespaldas que estaban aguantando la risa.
—Oh... —Sonrió apenado—. Yo lo arreglo —dijo por última vez en susurros—. Seok Jin, ¿Qué los guardaespaldas no deben estar en las puertas?
Los guardaespaldas recobraron la postura.
Seok Jin lo miro y lo pensó un segundo. Claro que debían estar afuera, en la puerta de entrada y la trasera. Entonces los miro y dijo:
—Vayan a sus puestos y... Una cosa más, vi desde ayer unas motos afuera. Jungkook metelas al jardín antes de ir a la puerta trasera. Ya pueden retirarse.
Y ambos jóvenes salieron de la sala con una expresión de fastidio, sabiendo que ahora uno estaría viendo un árbol del jardín trasero y el otro la calle desierta, por qué nada pasaba en la residencia.
...
—Maldito mocoso, en que momento se le ocurrió hablar. —Susurró molesto—. ¡¿Hoseok no puedes ayudarme?! Esta es tu moto, no la mía. —Le dio la vuelta al timón para que entrara por la puerta de reja hecha de metal, pero está simplemente no lo hacía.
—¡El señor Seok Jin dio órdenes estrictas de que se lo pidió a usted, señor Jungkook! —le aclaro mientras lo veía parado desde la puerta de entrada a la casa.
—¡Ah! ¡¿Ahora él es tu señor?! —Frunció el entrecejo deteniendo todo lo que estaba haciendo.
—Pues... ¡¿Por ahora sí no?! —preguntó con preocupación de que su superior se molestará.
Jeon Jungkook solo maldijo por lo bajo y siguió haciendo su trabajo.
—¿Y por qué me pide hacer la mierda solo a mi? —Forcejeo con la moto.
—Quizas le caíste mal, Seok Jin es rencoroso y prefiere creerle a su instinto antes que a la lógica o razón. —le respondió con gracia.
El nuevo guardaespaldas se dio la vuelta y vio al chico de ojos achinados que sostenía una bolsa de regalo.
—¿Y tú quien eres? —pregunto con seriedad.
Jungkook, por supuesto que ya sabía quién era. Min Yoongi. El novio de Jimin, el músico. No eran muy cercanos por lo que habia visto las últimas semanas por qué el muchacho había estado distraído en otras cosas, pero claro, ahora ya no era el novio afortunadamente para la tranquilidad del guardaespaldas, pero eso él no lo sabía
Aunque no lo conocía en persona, lo había visto en fotos y sabía bien que ese era el tipo de hombre que le gustaría borrar del mapa. Pero Yoongi, ingenuo, se acercó agradablemente.