Detrás De Los Reflectores |kookmin|

Capítulo 13

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Jimin se encerró en el baño apenas pudo. Apoyó las manos en el lavamanos y levantó la vista al espejo; el reflejo le devolvió una expresión que ya no reconocía del todo. Le temblaban los dedos, la garganta seguía cerrada, y entonces entendió algo con una claridad incómoda: Jungkook no era una confusión, era parte del mismo mundo de dónde lo estaba apartando.

«No puede ser, eres un estúpido Jimin», se recriminó. «¿Ahora qué hago...?»

Se lavó la cara como si le ardiera, quizás intentando despertar de la pesadilla en la que estaba y borrar lo que acababa de escuchar.

«No puedo permitirlo», dijo para si mismo con total decisión.

A la mañana siguiente, Jimin se levantó antes que todos. La casa estaba en silencio, apenas roto por pasos lejanos del personal de seguridad, que de seguridad tenían poco… excepto Namjoon.

Se vistió rápido, sin pensar demasiado: ropa cómoda y sencilla, una mascarilla en su bolsillo y una gorra que escondió en su espalda debajo de su gran chompa gris.

Antes de salir al pasillo, se asomó con cuidado. No había nadie. Bajó las escaleras con pasos lentos, procurando no hacer ruido. Sabía que a esa hora al menos uno de los guardaespaldas debía estar despierto; no sabía cuál, y no quería cruzarse con ninguno de los dos delincuentes.

Ya estaba cerca de la salida cuando, en medio de la sala, la puerta principal se abrió y lo detuvo en seco.

—¿A dónde va, Jimin?

No era Jungkook y eso, para esa mañana, ya era algo bueno.

Jimin forzó una sonrisa. Hoseok entraba desde afuera, quién sabía de dónde o de qué turno; quizá acababa de terminar su guardia.

—Me desperté muy temprano y no pude volver a dormir —dijo—. Voy por leche a la cocina, Hoseok.

—Entiendo —respondió él, acomodándose la chaqueta—. Ojalá pueda volver a descansar. Yo iba a mi cuarto por el celular. Las mañanas suelen ser demasiado tranquilas.

—Sí… —asintió Jimin—. Solía despertarme a esta hora para ir al set de grabación. Cosa que ahora… —hizo una pausa breve—, pues ya no hago, porque no estoy trabajando y nadie me quiere aceptar más que para extras, como si estuviera recién inciando mi carrera de nuevo.

Sonrió, pero se sintió rígido.

—¿Ah… sí? —Hoseok pareció desconcertado, devolviéndole una sonrisa incómoda—. Bueno, voy por mi celular.

Y siguió su camino, saliendo de la estancia.

«Genial. Decir estupideces es oficialmente tu nuevo hobby, Jimin».

Sacudió la cabeza y continuó hacia la salida no sin antes tomar las llaves al lado de la puerta. Una vez afuera, aceleró el paso, cruzó el jardín y no se detuvo hasta llegar a la camioneta. Subió, encendió el motor y salió de ahí lo más rápido que pudo.

Habría sido más sencillo pedir que lo llevaran ellos, pero no podía. Ya no.

No confiaba en nadie. Jungkook no era confiable… y su segundo, mucho menos.

...

Hoseok cerró la puerta de la habitación del primer piso con cuidado. El lugar olía a café frío y a desvelo. Jungkook estaba de pie, ajustándose el reloj, como si llevara rato despierto.

—¿No dormirá nada? —preguntó Hoseok mientras se sentaba en el borde de la cama—. Apenas terminó su turno.

—No tengo sueño—respondió sin mirarlo—. ¿Y tú? ¿Recién entraste a tu guardia y ya vienes a dormir otra vez?

—No Señor, vine por mi celular —se encogió de hombros—. A esta hora no hay nada interesante que ver en la calle.

Jungkook tomó su chaqueta y salió al pasillo con el cabello recién mojado por la ducha. Hoseok lo siguió. Caminaron en silencio unos segundos, hasta que llegaron a la sala.

—A esta hora la casa siempre está muerta —dijo Hoseok, estirándose apenas.

—Mejor —respondió Jungkook—. Menos distracciones.

Hoseok lo observó de reojo.

—¿Está de mal humor o es idea mía?

—No es idea tuya.

Se dirigieron a la cocina pero jungkook volteo al sentir el ruido de un motor en la calle, era raro que a esa hora los vecinos salieran, pero quién era para estar interesado en sus vidas, entonces continúo.

—Oh... creí que estaría aquí. —Barrio la estancia como buscando a alguien.

—¿De qué hablas?

—Me crucé con Jimin hace un rato —dijo con naturalidad, sacando una botella de agua—. Estaba despierto.

Jungkook levantó la cabeza y con un parpadeo frunció el ceño.

—¿A esta hora?

—Dijo que no pudo dormir. Venía a la cocina por leche pero creo que fue más rápido que nosotros.

Jungkook no respondió enseguida. Caminó hasta la ventana que daba al jardín frontal y corrió un poco la cortina. Desde ahí no se veía la calle, solo el camino de piedra y los arbustos.

—¿Hace cuánto fue eso? —preguntó.

—Unos minutos antes de que fuera a buscar mi celular. —Hoseok frunció el ceño—. ¿Por qué? ¿Va a molestarlo de nuevo? Se que no debo meterme pero...

Jungkook salió a la sala sin decir nada.

—¿A dónde va? —lo siguió.

Y cuando Jungkook vio a la distancia que una de las llaves faltaba, maldijo en su cabeza, ya lo sabía y aún así abrió la puerta y miro la calle principal confirmando lo que pensaba.

La camioneta no estaba.

El sonido del motor era de la camioneta de Jimin.

—Mierda… —murmuró.

Hoseok se quedó quieto.

—¿Se fue? —Abrio los ojos a más no poder—. Pero... por qué?

Jungkook no respondió de inmediato.
Apretó la mandíbula, sacó el teléfono del bolsillo y dijo, sin mirarlo:

—Porque él ya sabe lo que pasará.

—¿De qué habla, señor? —preguntó, siguiéndolo con la mirada mientras tomaba sus llaves de al lado de la puerta y se alejaba.

Jungkook no respondió y comenzó a sacar su moto del jardín, empujándola con calma en dirección a la calle.

—¡¿Señor?! —lo alcanzó, apresurando el paso—. ¿Se refiere a la conversación de ayer? Es imposible, nos habríamos dado cuenta.

Jungkook soltó una risa breve, sin humor, mientras se colocaba el casco.



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En el texto hay: kookmin, jikook, kookmin bts

Editado: 14.02.2026

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