Elara apenas durmió aquella noche.
La hoja permaneció sobre el escritorio hasta el amanecer.
Inmóvil.
Silenciosa.
Amenazante.
Cada vez que intentaba cerrar los ojos, volvía a leer las mismas palabras en su mente.
"Si aprecias tu futuro, no hagas preguntas sobre Amelia Cross."
¿Quién era Amelia Cross?
¿Por qué alguien le enviaría aquella advertencia?
Y, más importante aún...
¿Por qué parecía dirigida específicamente a ella?
A las seis de la mañana se rindió.
Se levantó de la cama.
Se preparó un café instantáneo que sabía horrible.
Y volvió a mirar la nota.
No había firma.
No había huellas visibles.
Nada.
Como si hubiera aparecido de la nada.
Un golpe en la puerta la hizo sobresaltarse.
—¡Abre!
Gritó una voz alegre.
Olivia.
Elara abrió.
Su amiga entró cargando dos vasos de café.
—Tienes cara de haber peleado con un fantasma.
—No dormí bien.
—Bienvenida a Blackwood.
Elara dudó unos segundos.
Luego le mostró la nota.
La sonrisa de Olivia desapareció.
Leyó el mensaje.
Volvió a leerlo.
Y después levantó una ceja.
—¿Quién es Amelia Cross?
—Eso mismo quiero saber.
—¿Estás segura de que esto no es una broma?
—No parece una broma.
Olivia observó nuevamente el papel.
—Quizás algún estudiante aburrido.
—¿Y cómo sabía mi nombre?
—Buena pregunta.
Elara cruzó los brazos.
—No te preocupa.
—Me preocupa que alguien sepa dónde vives.
Eso sí.
---
Una hora después se encontraban en el edificio administrativo.
Elara había decidido buscar información.
Si Amelia Cross existía, tenía que aparecer en algún registro universitario.
O al menos eso creía.
La secretaria tecleó varios segundos.
Después frunció el ceño.
—No aparece nadie con ese nombre.
—¿Está segura?
—Completamente.
Elara intercambió una mirada con Olivia.
—¿Podría revisar archivos antiguos?
La mujer volvió a teclear.
Más tiempo.
Más búsqueda.
Más silencio.
Finalmente negó con la cabeza.
—Nada.
Absolutamente nada.
Aquello era imposible.
Una universidad no podía borrar completamente la existencia de una persona.
¿O sí?
---
El resto de la mañana transcurrió entre recorridos y presentaciones.
Pero Elara apenas prestó atención.
Su mente seguía atrapada en la nota.
Amelia Cross.
Amelia Cross.
Amelia Cross.
El nombre se repetía constantemente.
Como una canción imposible de olvidar.
---
Al mediodía decidió visitar la biblioteca.
Era incluso más impresionante de lo que recordaba.
Cuatro pisos.
Estanterías interminables.
Escaleras de madera oscura.
Ventanas gigantescas.
Y un silencio casi religioso.
Le encantó inmediatamente.
Aquella era exactamente la clase de lugar donde podía perderse durante horas.
Mientras observaba las secciones, una voz suave la sorprendió.
—¿Buscas algo en particular?
Elara giró.
Una mujer mayor la observaba detrás del mostrador principal.
Cabello gris perfectamente recogido.
Gafas pequeñas.
Expresión amable.
—Solo estoy explorando.
Respondió.
—Los estudiantes nuevos siempre dicen eso.
La mujer sonrió.
—Clara Bennett.
Bibliotecaria.
—Elara Whitmore.
—Encantada de conocerte.
Clara inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Psicología Forense?
Elara parpadeó.
—¿Cómo lo sabe?
—Después de treinta años trabajando aquí aprendes algunas cosas.
La respuesta fue acompañada por una sonrisa misteriosa.
Y por alguna razón aquello hizo que Elara sintiera curiosidad.
---
Pasó casi dos horas revisando documentos históricos.
Anuarios.
Periódicos universitarios.
Revistas antiguas.
Nada.
Ni una sola referencia a Amelia Cross.
Era como si aquella persona nunca hubiera existido.
Y eso empezaba a resultar inquietante.
Muy inquietante.
---
Mientras abandonaba la biblioteca, sintió algo.
Una sensación.
La misma que había tenido el día anterior.
Como si alguien la estuviera observando.
Se detuvo.
Miró alrededor.
Estudiantes.
Profesores.
Pasillos.
Nada fuera de lo normal.
Y sin embargo...
La sensación continuaba allí.
Pegada a su espalda.
Persistente.
Incómoda.
Levantó la vista.
Y entonces lo vio.
Cassian Blackwood.
De pie en el segundo piso.
Observándola.
No parecía sorprendido por haber sido descubierto.
No apartó la mirada.
No fingió estar haciendo otra cosa.
Simplemente la observó.
Como si estuviera analizándola.
Como si intentara resolver un rompecabezas.
Elara sintió una extraña irritación.
¿Quién se creía?
Mantuvieron contacto visual durante varios segundos.
Entonces él giró.
Y desapareció entre las estanterías.
Sin decir una palabra.
---
—Definitivamente es raro.
Declaró Olivia cuando Elara le contó lo ocurrido.
—Te lo dije.
—¿Siempre mira así a la gente?
—No.
—Gracias. Eso ayuda muchísimo.
—Intento ser una buena amiga.
Elara soltó una pequeña risa.
Por primera vez en todo el día.
---
Aquella noche volvió a investigar.
Desde su portátil.
Desde su teléfono.
Desde cualquier base de datos a la que pudiera acceder.
Y finalmente encontró algo.
No era mucho.
Pero era algo.
Un registro universitario antiguo.
Muy antiguo.
Dañado.
Incompleto.
Prácticamente ilegible.
Sin embargo, allí estaba.
Una referencia.
Pequeña.
Casi invisible.
#319 en Thriller
#147 en Misterio
misterio, drama psicológico, suspense y thriller psicológico
Editado: 19.06.2026