Elizabeth.
—Me gusta el negro.
—Siempre escoges negro—negó lentamente.
Ir de compras con mamá es un verdadero dolor de cabeza, por no decir otra palabra más ofensiva.
—El negro es lindo.
De un montón se vestidos, mi madre me obligó a escoger uno sino ella sería quien elegiría los siguientes vestidos que usaría en los próximos días. Y para los gustos de mi madre, mejor nada. Si fuera por ella todo mi closet sería un bonito de arcoíris y pastelitos con brillos y unicornios.
Esta noche es la celebración de cumpleaños de un amigo de mi padre, y mis ganas para presentarme en ella son nulas. La cuestión es que a mi madre le encanta mantener su imagen de familia perfecta y unida, por lo que si me niego básicamente me obligaría a ir.
Prefiero evitarme todo eso.
Cuando meno se de cuenta, no estaré ahí.
—No es un velorio, es tu boda, Clara—dijo mamá viendo entre los vestidos.
—No tengo ningún problema con el color, además creo el negro es un color muy elegante—defendió.
—Y significa luto también—saco un vestido color verde obscuro—. Este es lindo, pruébatelo—me lo entrego.
Al menos no es rosa.
Mamá siguió buscando entre la tienda. Había estado tan ocupada que incluso olvidó comprar el suyo.
Entre en el probador, donde había un gran espejo de cuerpo completo frente a mi. Dudé antes de probarme el vestido.
Odio los espejos. Verme en ese gran pedazo de cristal que refleja no solo mi imagen, sino también lo que hay dentro de mi. No literalmente.
Nunca me ha gustado ver mi reflejo, verme a los ojos, ver la imagen de esa chica cuya vida esta destruida.
El estar frente a un espejo me recuerda tanto a esa noche. Me veo a mi mismo hace cinco años, por fuera era solo yo, por dentro estaba destrozada, herida, hecha pedazos.
Me cuesta admitir que sí, sigo sintiéndome igual desde esa noche que cambió mi vida. Jane tiene razón, no he superado nada, solo he pretendido fingir que esa noche nunca pasó.
Encima esta el hecho de que Cameron me besó. El solo pensar en eso me hace perder un poco el razonamiento ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué me siento así? ¿Por qué no puedo ser una chica normal? ¿Por qué no puedo tener una vida tranquila, sin ningún tormento?
Creo que si necesito ayuda después de todo.
°°°
Admitir abiertamente qué necesito ayuda no es para nada fácil, menos cuando he creído toda mi vida que puedo sola con mis problemas. Nunca fui ese tipo de personas que pide ayuda para algo ni siquiera para lo más mínimo.
Así que he recurrido a la única persona que se que puede ayudarme a pedirla.
Jane.
Qué estupidez, necesito ayuda hasta para pedir auxilio.
Eva llega al comedor con dos platos de comida para mi y para Jane. Ella está tan seria como yo, usualmente suele contarle a sus padres su día completo y ellos suelen escucharla.
—Ahora si, todo está listo—toma asiento a un lado de su esposo—¿Qué tal la escuela, chicas? ¿Ya terminaste tu proyecto, Ellie?
Mi única respuesta fue negar con la cabeza. No tuve la suficiente confianza para verlos a los ojos.
—Uh, aun le falta una parte—contestó Jane por mí.
—Si necesitas ayuda con algo, puedes decirnos.
Irónico qué lo diga teniendo en cuenta porque estoy aquí.
—De hecho, hay algo que quería decirles—murmuró Jane lentamente.
—¿De que se trata? —cuestiono su padre.
Quise hablar. En serio quise hacerlo, pero las palabras se quedaron atoradas en el nudo que sentí en mi garganta. No puedo mencionar ni un sola palabra.
—Es… es sobre…
—¿Tu proyecto?
—Creí que ya lo habías terminado—completo Eva.
—No, no se trata de eso.
—Entonces, ¿Qué es?
Se que tampoco es fácil para Jane decirlo, pero en serio que trate de hacerlo hacerlo yo misma. No es lo mismo contárselo a ella y que eso se mantenga entre las cuatro paredes de su habitación, a decirlo a sus padres.
—¿Recuerdan a Richard?—inició lentamente. En
Ambos asintieron. En su rostro había una pisco de preocupación, casi como si ya supieran que es lo que Jane va a decir.
—El hermano mayor de Marian.
—¿Qué pasa con él?—preguntó Antonio directamente.
Alterno la vista entre su hija y yo, con esa mirada tan profunda, que expresaba más de lo quería dejar ver. Eva también la tenía. Es esa misma mirada que tienen los padres cuando presienten qué algo malo sucedió con sus hijos.
Jamás he visto esa mirada en mis padres.
Jane apretó mi mano por debajo de la mesa, no lo soporte más, no pude retenerlas más, las lágrimas salieron de mis ojos junto a un sollozo que los alertó.
—¿Ellie qué tienes, que…?
—Es que… Richard… —intento decir Jane.
—¿Richard que?
Apreté mis labios tratando de contener mis sollozo.
—Richard abusó de Ellie—soltó en un susurro.
De pronto sentí sus miradas sobre mi. Sentí la misma vergüenza que he sentido desde hace años, el recuerdo latente de esa noche volvió, ese mismo dolor emocional y físico.
Baje la mirada, avergonzada cuando no inmutaron ningún palabra. Ninguna respuesta. La habitación quedó en total silencio, con las últimas palabras de Jane flotando en el aire. Lo único que audible son los sollozos qué no pude contener por más tiempo.
Me recordé a mi misma llorando por las noches, encerrada en el baño de mi habitación. Todas las noches que me sentí sucia, como mi valor había sido arrebatado.
De pronto sentí el abrazo de Eva. Pocas veces lo ha hecho, sabe que soy poco tolerante al contacto, aún así sus brazos son cálidos e inconfundibles. ¿Así se siente que tu madre te abrace cuando más lo necesitas? Baje mis barreras de defensa, y me permití derrumbarme, dejé salir todo lo que por años tuve guardado.
No sé cuanto tiempo pasó, tampoco sabía que sucedería, pero algo tenía claro, pase lo que pase ellos siempre van a estar aquí. Nunca me va a dejar sola.