Detrás de una Sonrisa

CAPÍTULO CATORCE

La vie en rose.

Elizabeth.

—¡Entiende que no tienes por qué cumplirle todos sus caprichos, Clara!

—No es ningún capricho, Leo—respondió ella, sin elevar la voz—, si no se siente cómoda usando eso, no hay problema, lo entiendo.

Ambos discuten en medio de la sala, frente a todos. La razón; cuando fuimos a comprar los vestidos, Clara aprovechó un pequeño momento en el que mamá se distrajo y me ayudó a elegir un vestido para su boda.

No era ese vestido negro. Ambas decidimos que sería uno color púrpura. No claro. Ni escotado.

El enfado de mi hermano radica en el hecho de que ella fuese quien lo decidió. Y que cambió el color y diseño de vestidos de sus damas de último momento.

—¿Cómo puedes permitir que te lave el cerebro de esa manera?

—No me lavo el cerebro, simplemente que no la voy a obligar a usar algo que no quiera usar.

—Mi hijo tiene razón, Clara—no me sorprendió para nada que mi madre apoyara a Leonardo—, no puedes cambiar algo tan importante de tu boda solo por que Elizabeth se niega a usar un simple vestido.

—¡¿Vez?! Hasta mi madre esta de acuerdo en esto—espeto Leo—, es nuestra boda y no deberías cambiar absolutamente nada solo por el estúpido capricho de una mocosa inmadura.

—Tu lo has dicho Leo, es nuestra boda. ¿No tengo derecho de elegir o cambiar lo que yo quiera?

A mi hermano no le gustó para nada que usará ese argumento contra él.

—Claro que si pero no para satisfacer a nadie en particular.

Por primera vez en toda la discusión, Clara se mostró algo enfadada con Leonardo.

La verdad nunca he llegado a comprender como es que le tiene tanta paciencia, si yo fuese ella ya me hubiera pegado un tiro en la cabeza.

—Te recuerdo que toda esta boda ha sido planeada al gusto de mis padres, porque tú quisiste complacerlos desde un inicio—volteo a ver directamente a mamá, que veía la discusión de pie junto al sofá—. Esto no se trata de si Elizabeth quiere usar un vestido o no, señora. Desde un inicio mis padres fueron quienes decidieron todo, el lugar, el día, la hora, la comida, el color de los vestidos de mis damas, mi vestido... Incluso el lugar donde vamos a vivir fue elegido por mi padres—miro de nuevo a Leo—. Has sido testigo de todo. Quiero tener al menos una vez la decisión de algo relacionado a mi boda.

—Clara, no...

—No digas que no tiene nada que ver, sabias perfectamente que nunca estuve de acuerdo con el diseño y color que escogió mi madre para mis amigas.

—¿Por qué no nos contaron esto?—cuestionó mamá.

—No hubieras podido hacer nada, mamá.

Leo esta tenso.

—Ya le avise a mis amigas que cambié el color del vestido, y no voy a cambiar de opinión—se cruzó de brazos—, mi madre no lo sabrá hasta ese día, así que agradecería que no le menciones nada.

La sala quedó en completo silencio tras la última palabra de Clara. Ni mi madre ni Leonardo se atrevieron a contradecirla.

Clara siempre ha sido paciente, nunca la he visto molesta por algo. Ni cuando mamá hace sus comentarios incómodos comparándola con Natalie. Ni siquiera ahora. Solo parece que esta un poco cansada.

Mi padre apareció por la puerta, sosteniendo un maletín gris. Casi nunca suele llegar temprano, a menos que tenga cosas importantes que hacer.

—Marian, vamos a llegar tarde a la gala—dijo antes de subir por las escaleras.

—¿Qué hay en el maletín?—cuestionó Leo.

Papá lo puso sobre la mesa del centro, y lo abrió con sumo cuidado. Mi madre, Leo y Clara quedaron estáticos al ver su contenido.

—¿Por qué tienes eso?—la voz de mi madre salió en un susurro aterrorizada.

—Ha habido muchos robos en el vecindario—tomo el objeto entre sus manos—, la agencia de seguridad llamó, el servicio ha estado fallando las últimas semanas y debemos estar prevenidos.

—¿No puedes llamar simplemente a la policía?—sugirió Leonardo—, Puede ser peligroso tener un arma en casa.

—Para cuando la policía llegué habrá sido demasiado tarde.

—Leo tiene razón, puede ser peligroso tener eso aquí, ¿y si los hijos de Mitchell la encuentran mientras juegan?

—Por eso voy a guardarla muy bien, una nueve milímetros es suficiente para espantar a cualquier que intente siquiera poner un pie en mi propiedad..

No volvieron a cuestionarlo.

Mama desaprecio escaleras arriba yendo tras de mi padre después de volver a guardar el arma, no sin antes pedirnos estar listos a la hora acordada.

—Iré por un trago—anuncio Leo yendo a la cocina.

Clara me ofreció su ayuda para estar lista antes de la cena, a lo que accedí.

En mi habitación, pensé en los beneficios de tener un arma en casa. Podría asustar a Charlie si vuelve a meterse a mi patio de nuevo. Sería gracioso ver como reacciona a eso.

Me puse el vestido seleccionado para esta noche. Odio cuando este tipo de eventos me obliga a ir vestida de etiqueta y no puedo ir en pants.

Unas horas después, Clara entró a mi habitación. Su radiante sonrisa me recordó a alguien en particular a quien he evitado desde Boston.

—¿Lista?

—Si, supongo.

—Qué lindo te queda ese color—murmuró.

Era el vestido que me había ofrecido probarme el otro día en la tienda. Ese vestido verde oliva tan bonito, largo, y cómodo para mi.

Clara me hizo un maquillaje sutil, pero lindo. Nunca he tenido la intención de aprender a maquillarme sola, tampoco lo he intentado. Si por mi fuera, iría a todos lados con solo lavar mi rostro y aplicar algo de crema hidratante.

—Lamento lo de hace rato—dije mientras peinaba mi cabello.

—No es tu culpa. Sé que Leonardo puede ser difícil a veces, lo conozco demasiado bien.

—No comprendo porque sigues con él.

—Porque lo amo—respondió así de simple mientras hacía ondas con la tenaza.

Es ridículo ese argumento.

—¿Es suficiente?




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