Detrás del reflector

Curiosidad

Oliver sintió que el corazón le golpeaba con tanta fuerza que estaba seguro de que podía escucharse desde el otro lado de la puerta.

La bebé seguía entre sus brazos. Sus ojos dorados iluminaban tenuemente la oscuridad detrás de la cortina, proyectando un resplandor que podía delatarlos en cualquier momento.

—No... no, por favor... —susurró casi sin voz.

Miró desesperado a su alrededor buscando algún lugar donde esconderla. Debajo de la cama no había espacio suficiente. El viejo armario hacía demasiado ruido al abrirse. Tampoco podía dejarla sola en el suelo.

Los golpes en la puerta volvieron a sonar.

—¡Lance! ¡Sabemos que están dentro!

Oliver tragó saliva.

Tomó una manta oscura y envolvió con rapidez a la pequeña, cubriéndole el rostro lo suficiente para ocultar el brillo de sus ojos, pero dejando espacio para que pudiera respirar. Aun así, el resplandor seguía escapándose débilmente entre los pliegues de la tela.

—Por favor... deja de brillar... solo un ratito...

Como si la niña hubiera entendido sus palabras, el brillo comenzó a apagarse poco a poco hasta desaparecer por completo.

Oliver soltó el aire que había estado conteniendo.

—Gracias...

Sin perder tiempo, levantó la tapa de un viejo baúl de madera donde guardaban mantas y ropa de invierno. Vació parte de su contenido sobre el suelo y acomodó cuidadosamente a la bebé en el interior. Dejó varias mantas alrededor para protegerla del frío y, antes de cerrar la tapa, dejó una pequeña abertura para que pudiera entrar aire.

La niña lo observó en silencio.

Por primera vez desde que la habían encontrado, no lloraba.

Oliver le acarició la cabeza con una sonrisa nerviosa.

—Solo será un momento... Te prometo que volveré enseguida.

Cerró el baúl con cuidado.

Al mismo tiempo, Lance respiró hondo y abrió la puerta.

Tres hombres del pueblo esperaban afuera con linternas y herramientas en las manos. Sus rostros reflejaban cansancio, pero también una evidente desconfianza.

—Buenas noches —saludó Lance con calma.

El hombre que iba al frente dio un paso al interior de la cabaña sin esperar invitación.

—Seguimos buscando a una mujer que desapareció en el bosque. Algunos creen que llevaba consigo a un bebé.

Su mirada recorrió lentamente cada rincón de la habitación.

Oliver permanecía inmóvil, intentando parecer tranquilo, aunque sentía las piernas temblar.

—Aquí no ha venido nadie —respondió Lance.

El hombre no pareció convencido.

Comenzó a inspeccionar la cabaña. Revisó debajo de la mesa, abrió un pequeño mueble donde guardaban alimentos y apartó un par de sacos de harina.

Cada paso que daba lo acercaba más al viejo baúl.

Oliver sintió un vacío en el estómago.

El hombre se detuvo frente a él.

—¿Qué guardan aquí?

Señaló el baúl con el pie.

Oliver no respondió.

Su garganta se había cerrado por completo.

El hombre apoyó una mano sobre la tapa.

Lance dio un paso al frente.

—Solo hay ropa vieja.

—Entonces no les molestará que eche un vistazo.

Los dedos del hombre comenzaron a levantar lentamente la tapa.

Oliver contuvo la respiración.

Dentro del baúl...

No se escuchaba absolutamente ningún sonido

Los dedos del hombre levantaron lentamente la pesada tapa del baúl.

Oliver sintió que el tiempo se detenía.

Lance apretó los puños con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos.

La tapa terminó de abrirse por completo.

Dentro solo había mantas viejas, algunas prendas desgastadas y un par de botas que ya no utilizaban.

La bebé...

Había desaparecido.

Los ojos de Oliver se abrieron como platos.

"¿Dónde está?"

Lance tardó un instante en reaccionar, pero cuando comprendió que el baúl estaba completamente vacío, el pánico recorrió todo su cuerpo. Hizo un enorme esfuerzo por mantener el rostro serio para no levantar sospechas.

El hombre comenzó a apartar las mantas una por una.

—Como imaginaba... Solo ropa vieja.

Mientras seguía rebuscando, Oliver aprovechó que el hombre tenía la cabeza dentro del baúl y lanzó una mirada desesperada por toda la habitación.

Entonces la vio.

La pequeña estaba sentada en el suelo, justo detrás de una de las patas de la mesa. No lloraba. Observaba la escena con absoluta tranquilidad, como si no entendiera el peligro en el que se encontraba.

Oliver sintió que el corazón volvía a latir.

"¿Cómo salió del baúl?"

No había tiempo para pensar.

El hombre seguía distraído removiendo las mantas, convencido de que podía haber algo escondido debajo.

Oliver dio un paso silencioso.

Luego otro.

Lance comprendió enseguida lo que intentaba hacer.

—¿Encontró algo? —preguntó de repente, elevando un poco la voz.

El hombre resopló.

—Todavía no.

Aquella breve conversación bastó para que desviara la atención unos segundos.

Oliver aprovechó el instante.

Se agachó con cuidado, tomó a la bebé entre sus brazos y la escondió bajo su viejo abrigo antes de que pudiera hacer el más mínimo sonido.

La pequeña levantó la vista hacia él.

Sus ojos dorados brillaban con curiosidad.

Oliver llevó un dedo a sus labios.

—Shh...

Sorprendentemente, la niña permaneció completamente quieta.

El hombre terminó de revisar el interior del baúl y volvió a dejar caer las mantas.

—No hay nada aquí.

Cerró la tapa con un golpe seco y comenzó a caminar hacia otra parte de la cabaña.

Oliver aprovechó para retroceder lentamente hasta la cama.

Sin hacer ruido, levantó un extremo del colchón de paja y deslizó con cuidado a la bebé en el pequeño hueco que existía entre la estructura de madera y las mantas, cubriéndola apenas lo suficiente para que pudiera respirar.

La niña no emitió ni un solo sonido.

Lance observó toda la maniobra intentando disimular el enorme alivio que sentía.




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