Detrás del reflector

G.R

La pequeña habitación que los tres alquilaban en Neon Reach apenas tenía espacio para una cama, una mesa y un par de sillas. La pintura de las paredes comenzaba a desprenderse y la lluvia se colaba por una esquina del techo cuando las tormentas eran demasiado fuertes, pero para ellos seguía siendo un hogar.

Gemma, que ya había crecido algunos años desde que abandonaron Nordal, permanecía sentada en el suelo dibujando sobre unas hojas viejas mientras Oliver preparaba la comida tarareando una canción.

La puerta se abrió.

Lance entró con el rostro cansado, aunque aquella vez había una pequeña sonrisa en él.

—Ya llegué.

—¡Lance! —exclamó Oliver desde la cocina.

Gemma dejó el lápiz y corrió hasta él.

—¿Cómo te fue?

Lance revolvió con cariño el cabello verdoso de la niña.

—No conseguí el papel.

Oliver asomó la cabeza desde la cocina.

—¿Otra vez?

Lance soltó una pequeña risa.

—Otra vez.

Ya se había vuelto una costumbre.

Desde que llegaron a Neon Reach, Lance no había dejado de presentarse a audiciones, compañías teatrales y espectáculos públicos. Tenía la esperanza de conseguir un trabajo estable sobre los escenarios; cualquier oportunidad que les permitiera vivir con un poco más de tranquilidad.

A veces conseguía trabajos pequeños.

Un extra en una obra.

Un ayudante entre bastidores.

Un reemplazo de último momento.

Pero el papel importante siempre terminaba en manos de otra persona.

Aun así, nunca dejaba de intentarlo.

—Algún día funcionará —dijo Oliver con una sonrisa.

—Eso espero.

Lance dejó su mochila sobre la mesa.

—Pero hoy traje algo más importante.

Metió la mano en uno de los bolsillos interiores de su saco y sacó un pequeño objeto envuelto en un pañuelo.

Gemma lo observó con curiosidad.

—¿Qué es?

Lance desenvolvió cuidadosamente la tela.

Un delicado relicario de metal apareció entre sus manos.

La luz que entraba por la ventana hizo brillar los pequeños grabados de hojas y plumas que adornaban su superficie.

Gemma abrió mucho los ojos.

—¿Es para mí?

Lance asintió.

—Lo mandé hacer hace unas semanas.

Oliver también se acercó para verlo mejor.

—Está precioso.

Lance se agachó frente a Gemma y abrió el pequeño broche del relicario antes de colocárselo con cuidado alrededor del cuello.

La niña sostuvo el colgante entre sus manos.

Era frío.

Pero se sentía extrañamente reconfortante.

—Quería darte algo que siempre pudieras llevar contigo.

Gemma sonrió.

—Lo cuidaré.

Lance le dio la vuelta al relicario.

—Mira la parte de atrás.

Ella obedeció.

En el metal estaban grabadas dos letras.

G.R.

Gemma las observó sin comprender.

—¿Qué significan?

Lance sonrió.

—Gemma Russeus.

La niña inclinó la cabeza.

—¿Russeus?

—Nuestro apellido.

Oliver apoyó una mano sobre el hombro de su hermano.

Lance continuó.

—No sabemos cuál era tu apellido cuando naciste...

Hizo una breve pausa.

—Pero ya eres parte de esta familia.

Los ojos de Gemma permanecieron fijos en las letras.

—Así que, desde hoy...

Lance sonrió con calidez.

—También llevarás nuestro apellido.

Gemma sintió un calor en el pecho que no supo explicar.

Apretó con fuerza el relicario entre sus pequeñas manos.

—Entonces...

Miró primero a Lance.

Luego a Oliver.

—¿Ahora soy Gemma Russeus?

Oliver sonrió de oreja a oreja.

—Exactamente.

Sin pensarlo dos veces, Gemma abrazó a ambos al mismo tiempo.

Los tres terminaron riendo en medio de la pequeña habitación.

Lance cerró los ojos por un instante.

Tal vez todavía no conseguía el trabajo de sus sueños.

Tal vez seguían teniendo problemas para pagar el alquiler.

Pero mientras observaba a Oliver y a Gemma sonriendo, sintió que todo el esfuerzo había valido la pena.

Gemma subió las escaleras de madera con el relicario aún entre sus manos. Antes de entrar a su habitación, volvió a observar las letras grabadas en la parte trasera.

G.R.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

Abrió la puerta, dejó el colgante sobre la mesa junto a sus dibujos y comenzó a acomodar cuidadosamente sus pocas pertenencias, completamente ajena a la conversación que estaba por comenzar en la planta baja.

En la cocina, Lance terminó de guardar su saco sobre el respaldo de una silla.

Oliver seguía removiendo la olla donde preparaba la cena.

—Entonces... —preguntó Lance mientras se servía un vaso de agua—. ¿Tú encontraste algo hoy?

Oliver dejó escapar una sonrisa orgullosa.

—Claro que sí.

Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó un papel cuidadosamente doblado.

Con un movimiento exagerado lo dejó sobre la mesa.

Lance lo tomó.

Era un cartel.

En él aparecía el nombre de un espectáculo de cabaret bastante conocido en uno de los distritos de Neon Reach.

Debajo, escrito con letras llamativas, figuraba el nombre de Oliver como parte del elenco principal.

Lance levantó la vista.

—¿Lo conseguiste?

Oliver cruzó los brazos con una sonrisa imposible de ocultar.

—Te dije que me aceptarían.

Lance observó nuevamente el cartel.

—El Cabaret Estelar...

Silbó por lo bajo.

—No cualquiera entra ahí.

Oliver apoyó ambas manos sobre la cintura.

—¿Ves? Tanto practicar frente al espejo sirvió para algo.

Lance soltó una pequeña risa.

—Me alegro por ti.

Y lo decía de verdad.

No había rastro de envidia en su voz.

Solo alivio.

Si Oliver conseguía estabilidad, al menos uno de los dos estaría más cerca de cumplir sus sueños.

—Al final alguien de esta familia tenía que destacar sobre un escenario.




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