Detrás del reflector

Tras sus pasos

La casa del árbol nunca había estado tan silenciosa.

Los cuatro niños se movían de un lado a otro preparando sus cosas. Nadie sabía cuánto tiempo estarían fuera, así que debían llevar únicamente lo necesario... aunque cada uno parecía tener una definición completamente diferente de qué significaba "necesario".

Diaval fue el primero en organizarse. Colocó sobre la mesa una pequeña mochila negra y comenzó a guardar lo básico: una navaja pequeña, una cuerda, una cantimplora, algunas vendas, una linterna y un par de mantas.

Revisó el contenido dos veces antes de cerrar la mochila.

—Listo. Esto es suficiente.

Ryuho lo observó desde el otro lado de la habitación.

—¿Eso es todo?

—Sí.

Ryuho negó con la cabeza y continuó preparando su propio equipaje. A diferencia de Diaval, él había decidido llevar aquello que consideraba verdaderamente importante: el mapa del bosque, una brújula, el viejo libro de plantas de Hiroshi, algunas herramientas, fósforos, una libreta y varios objetos que podían servirles para orientarse.

—Si vamos a buscar a Gemma, tenemos que saber por dónde estamos yendo.

Diaval asintió.

—Eso sí tiene sentido.

Mientras ellos discutían sobre las provisiones, Natter estaba haciendo exactamente lo contrario.

Había decidido llevar absolutamente todo.

Metió una cuchara.

Una taza.

Tres piedras.

Una cuerda demasiado larga.

Un montón de hojas que parecían interesantes.

Un pequeño muñeco de madera.

Dos piñas.

Una rama torcida.

Una sartén.

Una manta.

Un folleto.

Y, por alguna razón, una enorme piedra que apenas podía cargar.

Ryuho lo observó horrorizado.

—Natter...

El pequeño lo miró.

Ryuho señaló la mochila.

—Eso pesa más que tú.

Natter sonrió.

Luego añadió otra piedra.

—¡No!

Diaval tuvo que quitarle la piedra de las manos.

Natter protestó inmediatamente con gestos exagerados.

—No necesitamos una piedra para buscar a Gemma.

Natter señaló la piedra, después a sí mismo y finalmente hizo un gesto como si estuviera comiendo.

Diaval lo miró confundido.

—¿La quieres para cocinar?

Natter negó.

Ryuho intervino.

—Probablemente le parezca bonita.

Natter asintió con entusiasmo.

—Pues no.

Natter cruzó los brazos y puso una expresión ofendida.

Finalmente tuvo que conformarse con dejarla en casa.

En el otro extremo de la habitación, Hiroshi tenía una tarea mucho más sencilla.

Comida.

Su mochila estaba completamente dedicada a eso.

Pan.

Frutas.

Carne seca.

Frutos secos.

Algunas raíces comestibles.

Galletas.

Y varias cantimploras llenas de agua.

Diaval observó la cantidad.

—Hiroshi...

El muchacho siguió guardando comida.

—¿Cuánto piensas que vamos a caminar?

Hiroshi señaló la mochila.

Después se señaló el estómago.

Diaval soltó una risa.

—Entendido.

Ryuho se acercó y revisó el contenido.

—Al menos no tendremos hambre.

Hiroshi asintió satisfecho.

Natter aprovechó la distracción para intentar meter otra sartén en su mochila.

Ryuho se la quitó.

—No.

Natter hizo una expresión indignada.

Diaval terminó de ajustar su mochila y miró alrededor.

La casa estaba llena de recuerdos de Gemma.

Fotografías.

Dibujos.

Pequeños objetos que ella había recogido durante los años.

Todo parecía más vacío ahora que ella no estaba.

Diaval tocó el bolsillo donde había guardado el relicario.

—Vamos a traerla de vuelta.

Ryuho asintió.

—Sí.

Hiroshi tomó su mochila.

Natter levantó el pulgar.

Los cuatro se dirigieron hacia la puerta.

Antes de salir, Diaval miró una última vez la casa.

—Espéranos, Gemma.

Cerró la puerta.

Los cuatro comenzaron a descender del enorme árbol.

No sabían cuánto tiempo tardarían.

No sabían quién había tomado a Gemma.

Y tampoco sabían qué encontrarían cuando finalmente alcanzaran su rastro.

Pero una cosa estaba clara.

Esta vez no eran niños jugando a explorar el bosque.

Los cuatro niños esperaban junto a Dream, ya preparados para partir. Diaval tenía su mochila colgada sobre un hombro, Ryuho llevaba el mapa y los objetos importantes, Natter cargaba una mochila que parecía a punto de reventar y Hiroshi llevaba la suya repleta de comida. Dream los observó uno por uno, asegurándose de que no hubieran olvidado nada.

—¿Todos listos?

Los cuatro asintieron.

Entonces un estruendo sacudió el bosque.

¡BOOM!

Las aves salieron disparadas de las copas de los árboles y varios animales huyeron entre los arbustos. El suelo vibró ligeramente bajo sus pies.

Diaval levantó la cabeza de inmediato.

—¿Qué fue eso?

Otro sonido llegó desde la distancia.

Después apareció una columna de humo entre los árboles.

Ryuho abrió los ojos.

—Viene de la zona habitada.

Dream se quedó mirando el humo durante unos segundos.

—No deberíamos acercarnos.

Diaval dio un paso hacia adelante.

—¿Y si tiene que ver con Gemma?

Dream lo miró.

El pequeño cuervo tenía una expresión decidida.

—No podemos simplemente ignorarlo.

Ryuho asintió.

—Si alguien la está buscando, podría haber pasado por allí.

Dream dudó.

Finalmente suspiró.

—Está bien. Pero no se separen de mí.

Los cinco avanzaron con rapidez por el bosque.

A medida que se acercaban, el olor a humo se hacía más intenso.

Los árboles comenzaron a aparecer cubiertos de ceniza.

El cielo sobre ellos se había vuelto gris.

Entonces llegaron a una pequeña elevación desde donde podían observar la zona habitada del bosque.

Los niños quedaron completamente inmóviles.

Un enorme incendio avanzaba entre los árboles.




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