El sol ya se estaba ocultando detrás de los edificios, pintando el cielo de tonos anaranjados y morados. Izzy se encontraba sentada junto a Marc, con la vista perdida en el horizonte. El ruido de la ciudad se desvanecía a su alrededor, reemplazado por el suave murmullo del viento. Había algo mágico en ese momento, algo que le decía que el viaje que había comenzado hacía meses ya estaba llegando a su fin, pero de una manera completamente diferente a lo que ella había imaginado.
A lo largo de todo su viaje, Izzy había aprendido muchas lecciones: la principal, sin duda, era que el amor no se trataba de perfección ni de encontrar a la persona adecuada. El amor verdadero radicaba en aceptarse a uno mismo, en encontrar paz en lo que se es. No necesitaba que Marc fuera su salvador, ni que él la viera como una mujer rota que necesitaba ser arreglada. Izzy había comprendido que solo ella podía salvarse, y que al hacerlo, encontró un amor que la completaba de una manera que nunca imaginó.
Miró a Marc, y en su mirada encontró todo lo que había estado buscando. No solo un compañero, sino una alma gemela, alguien que la amaba sin pretensiones, que la aceptaba tal y como era, con todas sus imperfecciones y cicatrices. Ese amor no era perfecto, pero era el que ella siempre había necesitado. Un amor sin prisas, sin expectativas, que simplemente fluía de manera natural.
—Hoy me siento diferente —dijo Izzy, su voz suave, como si las palabras mismas pudieran romper la quietud del momento.
Marc la miró, sus ojos reflejando no solo amor, sino comprensión. Él la había visto en sus días más oscuros, cuando las sombras del pasado la arrastraban, cuando las dudas la paralizaban. Pero hoy, él veía a una mujer más fuerte, más completa, más liberada.
—Sé que has pasado por mucho, Izzy —respondió Marc, su tono grave pero lleno de ternura—. Pero lo que me asombra es que, a pesar de las heridas, te has permitido sentir, te has permitido amar. Ese es el verdadero valor que veo en ti. No tu perfección, ni tu fortaleza, sino tu capacidad de seguir amando. Y eso es lo que me enamora de ti cada día más.
Izzy sintió cómo las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos. Pero no eran lágrimas de dolor. Eran lágrimas de agradecimiento, de gratitud por haber encontrado a alguien como Marc, que no la veía como una víctima, sino como una mujer completa, que solo necesitaba ser amplificada por el amor genuino.
El amor no era un refugio, sino una fuente de poder. Un poder que había comenzado a descubrir en sí misma. En esos días difíciles, en las noches solitarias y en los momentos de duda, ella había encontrado la fuerza dentro de sí misma. Y ahora, al lado de Marc, sabía que su amor no dependía de nadie más que de ella misma.
—Te amo, Marc —dijo Izzy, con la voz quebrada, pero llena de certeza—. Y gracias. Gracias por estar a mi lado, por no dejarme sola en este viaje. Gracias por amarme sin importar las cicatrices que llevo.
Marc la abrazó con una suavidad infinita, como si en ese momento todo el mundo desapareciera, como si solo existieran ellos dos. En ese abrazo, Izzy sintió que la noche ya no tenía miedo. Ya no había sombras que la persiguieran, ya no había dudas que la frenaran. Lo que venía, lo que ambos construirían juntos, sería un amor genuino, construido sobre la confianza, la paciencia y la aceptación.