Deudas del Corazón

Epílogo – El ciclo completo

El tiempo había pasado, y la vida continuaba su curso, pero Izzy sabía que nada volvería a ser lo mismo. No porque las circunstancias fueran distintas, sino porque ella ya no era la misma mujer. Había aprendido a aceptarse, a no temerle a sus propios demonios, a caminar con la frente en alto y la cabeza llena de esperanza.
Habían pasado años desde ese día en el parque, cuando Izzy por fin aceptó su vulnerabilidad y permitió que Marc se convirtiera en una parte importante de su vida. Ese día se sintió como una revelación. Como si, finalmente, pudiera ser todo lo que había soñado ser. No porque el amor la completara, sino porque había aprendido que el amor más importante de todos era el que le brindaba a ella misma.
En el transcurso de esos años, Izzy y Marc vivieron muchas aventuras, enfrentaron desafíos, compartieron risas y, sobre todo, se apoyaron mutuamente en cada paso. Cada día era una oportunidad de crecer juntos. Aunque hubo momentos de duda, como en toda relación, Izzy nunca olvidó lo más importante: el amor no se trata de no caer, sino de aprender a levantarse juntos cuando las cosas se ponen difíciles.
Un día, mientras caminaban por la misma playa donde tantas veces se habían detenido a reflexionar sobre su futuro, Marc la miró con los ojos llenos de ternura y admiración.
—Izzy —dijo, su voz suave pero segura—. Me has mostrado que el amor no es una carga, sino un regalo. Y quiero seguir recibiendo ese regalo contigo, siempre.
Izzy lo miró, con los ojos brillantes de emoción, y en su corazón sentía que todo lo que había pasado tenía sentido. Cada lágrima, cada miedo, cada momento de dolor había sido necesario para llegar a ese punto, a ese momento de paz. Porque en ese amor había encontrado todo lo que necesitaba: la confianza, el respeto, la aceptación y, sobre todo, la certeza de que el amor no se trata de encontrar a alguien perfecto, sino a alguien que te elija todos los días, a pesar de tus imperfecciones.
—Y yo siempre te elegiré a ti, Marc —dijo Izzy, su voz firme y llena de convicción. Porque, al final, el amor más verdadero es aquel que se elige a pesar de las dificultades, a pesar de las caídas, a pesar de los miedos.
Izzy y Marc caminaron juntos, tomados de la mano, hacia un futuro lleno de incertidumbres, pero con la certeza de que, mientras estuvieran juntos, nada los separaría. Porque el amor que compartían ya no dependía de lo que sucediera a su alrededor. Era un amor autónomo, un amor que se había construido pacientemente, día tras día, hasta convertirse en algo que los llenaba y los fortalecía.
El amor, finalmente, no era un destino. Era el viaje. Y juntos, Izzy y Marc, sabían que el suyo nunca tendría fin. Porque, al final, el verdadero amor es ese que crece con cada paso, que se reinventa con el tiempo, que te da la libertad de ser quien eres, sin miedo, sin límites.
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FIN




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