Devoción por el daño; cadáveres en una cama.

Capítulo 1: Es más fácil culparte.

Mis viajes hacia la universidad son cansados. Algunas veces pienso en lo de siempre, coloco música y veo hacia afuera, preguntándome cómo sería mi vida si hubiese nacido en otra parte del país, deseando que fuese real. Otras veces mi mente descansa escuchando música, me duermo pero despierto a cada rato. Puede parecer una manera muy incómoda de dormir, aún así, extrañamente me relaja. Tal vez simplemente saber que estoy lejos de ti, me relaja.

Estoy semi dormida, abro los ojos para averiguar en dónde me encuentro; aún hacía falta para llegar a mi parada, me encuentro en unos semáforos. Estoy sentada en los últimos asientos donde pega el sol, veo por la ventana y me doy cuenta de la cantidad de personas que se iban a montar, me frustro con solo pensar en lo incómodo que será pasar por aquel angosto pasillo para buscar la salida. Enciendo mi teléfono y veo la hora: 1:03 pm, suspiro, cambio la canción que se reproduce y cierro los ojos. Dormí 4 minutos. Me despierto por el fuerte movimiento que se produce al pasar un policía acostado muy rápido. Veo hacia los asientos y noto que varias personas se habían bajado, quedaban solo unas 5. Decidí cruzarme a los asientos de delante.

Mi suéter se cae. Me volteo para colocar mi mochila en un asiento y recoger mi suéter. Y ahí se encontraba el rostro que menos esperaba ver. Aren.

Aren: Hola...

-Me quedo en silencio unos segundos-.

-Hola.

-Recojo mi suéter y levanto mi mochila-.

Aren: ¿Dónde andabas?

-Managua.

Aren: ¿Ya entraste a la universidad? ¿En dónde estás?

-Sí, donde ibas vos.

Aren: ¿Qué estudias?

-Psicología. ¿Vos ya entraste también?

Aren: Sí, pero no voy todos los días.

-Ahhh. ¿Qué es lo que estudias vos?

Aren: Administración de empresas.

-Ahh ya.

Ya estaba cerca de mi parada.

¿Dónde te bajas?

Aren: Por la gasolinera.

-Ahh, bueno.

-Pedí mi parada, me bajé-.

Noté que alguien venía detrás de mí. Eras tú.

Aren: No sabía que se podía bajar aquí.

-Yo supe por mi mamá, cuando viajaba de ese lado con ella, siempre pedía ahí la parada.

Aren: Ah. ¿Ya tenés novio vos? He visto unos compartidos curiosos en tik tok.

-Río-.

-Noo jaja, nada que ver.

-Cruzamos rápidamente la carretera-.

-¿Seguís yendo al gimnasio? Te veo distinto.

Aren: Sí. Este año voy más activo. El año pasado iba como 3 veces por dos semanas y pasaba 1 mes o 2 meses para volver y no era constante. Los demás del gimnasio me han dicho que me veo diferente.

-Pues la verdad que sí.

Aren: Este año voy dedicado.

-Ahhh jaja.

Aren: Pásame tu número, me habían amarrado pero ya no jaja.

-¿Cómo así?

-Enciendo mi teléfono, veo la hora-.

-771…..

Aren: Espera… ya. Pues que tenía novia pero ya no.

-Ah.

Aren: La que viste el 31 de hecho.

-Umm sí.

Me hablabas mientras caminábamos hacia nuestras casas de lo que había pasado con ella, me contaste un poco de otras relaciones pasadas, y sobre el gimnasio. Mis respuestas fueron breves. No me sentía cómoda, me sentía extraña. Pero ya estaba cerca de mi casa, y fue un respiro perfecto para mí.

-Me despedí-.

-Adiós.

Aren: Bye.

Entré a mi casa, realmente, la casa de mis abuelos. Almorcé y luego decidí dormir un rato, cuando desperté noté que tenía notificaciones. Me habías mandado un mensaje “Jejejeje”. -Hola- contesté. Por la noche recibí una respuesta, era una foto. Una selfie de ti acostado en la cama de tu cuarto. Noté que tu cabello había crecido. Cuando te había visto hace un par de horas tenías puesta una gorra, no lo pude notar.

-Te creció el pelo- dije.

Aren: Aún falta por crecer.

-Le mandé una selfie-.

Aren: Te hiciste fleco otra vez.

-Sí, de repente me da por cortarmelo.

No contestaste.

Me gusta fantasear con lo que me gustaría que fuese, lo que no es la realidad.

Después de cenar me dirigí al sitio que solía ser mi lugar seguro. La silla grande con colchones, plantas al lado, una vista hacia la calle donde puedo desde la oscuridad visualizar todo.

Me siento y veo una serie. Escucho el ruido de una motocicleta, presentía que eras tú. Me retiré de la silla y fui hacia mi cuarto en busca de un suéter. Al volver, veo una luz. Volviste a pasar. Me volteaste a ver, me notaste y tu mirada regresó hacia el frente. Nunca dejas de ver hacia acá, aunque el tiempo pase y evites ver, siempre lo haces otra vez.

Ya eran las 9 y me fui a acostar. Escuché música para relajarme. Aún me cuesta dormir. Noches en las que mi mente parece no querer paz. Veo el techo y me imagino lo hermoso que sería tener un techo de vidrio, transparente para ver el cielo. Podrá no haber miles de estrellas iluminadas en el cielo, o una luna llena radiante, pero eso no importa, porque la oscuridad me reconforta, me hace ver, me hace imaginar. Consigo visualizar escenarios de lo que me gustaría que fuese real. Mi imaginación me trae cansada, y caigo en el sueño.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.