Aren: -¿Por qué Bennet sabe lo de nosotros?
-¿Qué?
Aren: -¿Cómo qué qué? Me pregunto si era virgen; no me dejó decir nada, y dijo “ah no, cómo vas a serlo” y luego preguntó si aún te hablaba.
-Ahhhh, pues… fue mi novio, hablamos de esas cosas y pues, supongo asumió que había sido con vos, no recuerdo si se lo habré confirmado o qué sé yo, fue hace mucho.
Aren: ¡¿QUÉEEE?! No sabía.
-Pues no es algo que cuente. Aparte no duramos nada.
Aren: -¿Cuánto?
-Uhh como dos semanas, o menos, no sé.
Aren: También dijo que con Yves.
-¡¿Qué?! ¿Qué hice algo con él?
Aren: No sé, él dijo que sí.
-Ja! que hijo de… solo nos llegamos a besar.
Aren: Bueno, no en sí, pero que, paso otra cosa. Como, que se la besaste.
-¡Ayyy! ¡No seas…! Por eso no me gusta decir que fue mi novio. Solo locura.
Aren: ¿Con cuántos has estado? Si ya tenemos la suficiente confianza.
-Uno.
Una vez más hablaste de una persona con la que aparentemente sales.
-No fregues, ni un mes duraste soltero. Aunque ya sabía, bueno, suponía, por eso no te hablaba.
Aren: Ya llevo 3 años en abril.
-¿Otra vez con eso? Cuenta como ALGO, por más que no sean relaciones fijas.
Aren: ¡Eso no cuenta para nadaaa!
-¿Cómo no va a contar? Pareces desesperado por tener novia.
Aren: No es eso, siempre agarra para otro rumbo. No funciona.
-Deberías preguntarte por qué.
Aren: No sé. De hecho es mi casi algo desde hace 2 años.
-Imagínate. Peor la cosa.
Aren: Mira, un nuevo emoji.
-¿Y qué se supone que significa?
Aren: No sé, vos que estudias psicología…
-Yo qué sé, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?
Aren: No sé. ¿Ya te mandaron a ver la película de las emociones?
-No, pero ya me mandaron a hacer unas cosas ahí, con gente de mi comunidad.
Aren: Epa, vení a darme clases pues.
-Mañana me saco el carnet, espero no salir como en la foto de la cédula. Me veo horrible.
Aren: ¿Y es qué tenés? A veces se me olvida que ya creciste.
-¡Ja! ¡¿Perdón?! Si tenemos la misma edad, solo 6 meses me llevas.
Aren: Sí pero soy mayor y ya.
No contesté.
Las conversaciones entre nosotros nunca tienen sentido, nunca van a ningún lado, no tienen estructura, no tienen objetivo, solo existen sin una razón aparente. A lo mejor es un simple relleno que cubre un vacío, sin lógica.
No sé cuántos días han pasado, algunas veces no sé ni qué día es. Me encuentro en la oscuridad de mi cuarto sin sentir. Solo sé que me mareas. Actúas como si fuésemos amigos o quisieras que lo fuésemos, o tal vez yo solo estoy confundida.
El cansancio de estar en constante e intermitente contacto e interacción contigo durante tantos años. Solo puedo recordar todas esas veces que decías cosas para ilusionarme con sueños que no sucederían, palabras que eran mentiras, promesas que no cumplirías. Y luego tan solo irte. Me consumía en preguntas, en desespero por no tener respuestas. Y desesperadamente buscaba tu silueta por las noches, tu rostro por las calles, tu aroma entre la gente.
Empezaste a molestarme con que yo fuese quien te diese terapia. Pensé que era tan solo eso, molestar. Pero la cita era para verme, y hacer lo de siempre. No me sorprendió. Y no me importó.
Irónicamente, antes habías pedido que yo no hablase de este tema porque estabas “saliendo” con alguien, pero al final, decidiste sacar ese tema tú solo, de repente. Dejaste de mencionar a esa persona, aparentemente ya no estabas desesperado por tener una novia. Entonces comenzaste con indirectas de verme y algún par de fotos. Para mi sorpresa no tan sorpresa, enviaste un mensaje diciendo que si yo escribía, no lo hiciera. Me mal acostumbré a asumir cosas en el pasado y hablar por impulso y por eso no progresamos. Siendo realmente sincera me da igual asumir a estas alturas. Por ello pensé en más tarde responderte que sí me decías tal cosa porque tienes novia o algo parecido, mejor no habláramos más. No soy tu amante para andar con esas cosas.
Después de dos días no habías respondido.
En medio de la noche, estando aburrida, finalmente envié un mensaje. “¿No digo nada o qué?” El mensaje no llegó, no me pareció raro dado que a veces los mensajes te llegan más tarde debido a la señal. Pasaron los minutos y nada, empecé a dudar. Revisé desde otra app si estabas activo. Antes de tener tu número, hablábamos por facebook, irónicamente no nos teníamos ni nos tenemos agregados. No soy de borrar nada.
Cuando te conocí tenía 11 años nada más. Entre los 12 y los14, incluso a los 15 tuve comportamientos como tú, dónde me enojaba, y hacía capricho, y te bloqueaba. Aprendiste algo de mí, algo que no debías. Durante estos años siempre han existido esos arranques, esos bloqueos, esas eliminaciones de todas las redes sociales que existan. Por parte de ambos. He dejado eso a un lado, parcialmente. Cuando algo pasa solo callo. Y por las noches, las tardes, o madrugadas oscuras, bloqueo eso que me atormenta, y al amanecer, lo desbloqueo. Tú no te das cuenta, y mi mente toma algo de tranquilidad. Suena estúpido, lo sé, sin coherencia probablemente.
Envié dos mensajes más, los cuales no te llegaron. Quedó claro que estaba bloqueada. A los minutos de darme cuenta, pasaste por la calle, llevabas casco puesto, pero se notaba que habías vuelto a ver hacia mi casa. Yo estaba ahí, y me habías visto. La única razón por la que miras hacia la derecha es para ver si estoy ahí. Me pareció extraño.
#991 en Otros
#5 en No ficción
dependencia emocional, relaciones toxicas, narrativa autobiográfica
Editado: 23.01.2026