Devoción por el daño; cadáveres en una cama.

Capítulo 5: Profecía de la soledad.

Sentada viajando, con el aire en la cara. No entiendo cómo mi cuerpo ha conseguido caminar y resistir tanto.

Se ha montado al bus una pareja. Ese muchacho, se parecía a ti, Aren.

Su cabello, la forma de los ojos...

Me cambié de sitio por el sol, quedé delante de él, y solo te veía a ti. Invadida de cansancio, me llega una tristeza inmensa. Recordando el amargo momento que viví junto con mi madre. Sin sentir nada, sin pensar en nada, corriendo por mi vida, sin saber por qué. Hasta que vi a aquellos hombres, envueltos en trapos. No vi a mi madre, no la sentía, y mi cuerpo dejó de avanzar a la velocidad que iba. Nunca pienso en aquella vez. Mi mente tan solo lo evita, no puedo reconocer la imagen de aquel hombre con aquel gran arma filosa tan cerca de mi rostro. Tan al borde de mi cuello.

Últimamente me has pensado mucho, Aren.

De manera inesperada y accidental, me sorprendí al ver aquel número sin registrar con una foto de perfil.

Me desbloqueaste durante tal vez, menos de una semana, donde podrías haber esperado mis palabras, o tal vez no, y solo tan siquiera notarme como otra persona, entre tus contactos. Ver algo de mí. Ver si tal vez subía algo, cualquier cosa. Tal vez...

Un número sin guardar, una conversación perdida entre otras más, hasta abajo, hasta el fondo, por eso no viste nada. Mostré a mi amiga tu foto. Y un día, bajé hasta donde estabas, y ya no estabas, no había foto. No intenté mandar un mensaje para “confirmar” lo que creía, solo lo dejé ahí, sin más, qué más podía hacer.

Días después hiciste algo parecido. No veo tu rostro, nada de ti, en ningún sitio en internet. Decidiste sacarme de todos sitios. Me bloqueaste de dos redes, no sé porqué, y pasadas más de 24 horas, me desbloqueaste.

No suelo hablar con personas por Facebook, pero tengo un solo amigo con él que hablaba por ese tiempo, ese día justo me escribió. Y vi como tu nombre había desaparecido. “Usuario de…” la intriga me invadió, y revisé en otro sitio, también lo hiciste ahí. De la misma manera noté que me desbloqueaste. Otra vez.

Parece que estamos obsesionados él uno del otro.

Es extraño. ¿Por qué piensas tanto en mí de repente? Desde que viste mi silueta, me viste de espaldas, actuando como si no tuvieses al lado a aquella a quién besabas con tanta pasión… me has pensado ¿cierto?

Esa foto destacada, ya antigua. La miré.

Era tu cuello, con esa cadena que te regalé.

Tal vez esperas que aparezca otra vez, haciéndome recordar tu existencia de esta manera. Tal vez saber si estoy pendiente de ti. Y así es. Es imposible no pensar, no ver, no saber de ti. Las personas me recuerdan tu existir. Y admito que yo también. A veces me desbordo de intriga.

Con el paso del tiempo he dejado de pensarte como solía hacerlo. Pero hay días inevitables donde me encuentro con tu recuerdo, en algo, en alguien, en palabras, frases, voces, vistas.

Pero de mi no sabes, no vivo.

Dentro de mi ser puedo sentir el deseo de tomar una mala decisión. Y darte aquella señal, de que estoy, aún estoy. Pero recuerdo la incertidumbre, y veo mi rostro lleno de felicidad sin tu presencia, cuando no recuerdo tu rostro, ni tu cuerpo, ni tu voz. Mi mente descansa cuando no estás.

Tal vez pasas lo mismo, y no recuerdas mi rostro, mi cabello, mi cuerpo, mi respiración, mis manos, mis caricias, mis besos, mis ojos… nada de todo.

Estamos contrastados.

Eres aire. Soy tierra.

Esos rizos y un cabello liso.

Me sorprende verte a lo largo, después de un tiempo, te veo tan alto. Me haces sentir algo que no soy. Baja. Me gustaría haber crecido más y ser alta.

Eres tan frío, retraído, vives en tu propio mundo. Siempre te he visto diferente entre tu familia. Son personas que me atrevería a decir, extrovertidas. Divertidas. Hablantinas. Tienen su toque de alegría. Pero tú eres tan… diferente.

Tal vez por eso somos tan explosivos. Somos muy distintos.

¿O éramos...?

Me has hecho darme cuenta que soy diferente. Deje de ser tan extrovertida, tan alegre, tan intensa.

Cuando me encuentro en la soledad conmigo misma, puedo llegar a respirar por un instante. Viendo mi alrededor. Viendo que ahora no me siento atada a nadie. Vienen y van. Personas, cosas, momentos. Me siento fuera de lo superficial. Sé que está bien, que está mal. Sé que hago bien y que hago mal.

Pero vuelvo a mi asfixia. Recordando que ha sido tan complicado.

Aren, crecí.

Pero no quiero hacerlo más.

Porque ya no existo. Desde esa noche en la que el año terminaba, y venía otro año más, preguntándome si encontraría felicidad sin ti. La encontré. Ese día anhelaba entre llanto, lo que hoy sin tener los ojos al borde de lágrimas puedo llegar a sentir.

Me siento libre cada vez que no estás, sin tu presencia, sin tu recuerdo en mi mente.

Pero has estado tan presente en mi cabeza desde que me pensabas, que ahora no puedo dejar de pensarte. Y me puedo ver al espejo tan alejada de la tranquilidad. Parece tan imposible encontrarme en paz cuando estoy tan cerca de ti. Tan solo el simple pensar de tu presencia tan cerca, o escucharte pasar, es tan molesto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.