Devoción por el daño; cadáveres en una cama.

Capítulo 6: Tal vez solo en el fondo hay un deseo de anhelar nunca haberte conocido.

He dejado de funcionar. La vida se torna en algo que no puedo percibir. Los recuerdos hacen que escape del lamentable hecho de crecer. Crecer y morir genera tanto temor. Pero el tiempo da más miedo. El tiempo es responsable de tanto, de ambos. El dueño de mi vida. El balance que parece ser lo he dejado de entender. Tal vez nunca lo hice. La vista es alterada. ¿Por qué veo cosas donde no las hay? Esta soledad física me encierra con mi mayor enemigo. Mi imaginación. Mi mente. Mi pensar. Todos en uno solo. Persiguen a un humano deshumanizado. Palabras giran. La fuerza es cada vez menor. Las piernas se me adormecen, los brazos se caen, la piel caliente. Constituyen una mente, cuya cabeza empieza a doler. Cuyos ojos se pierden en un caos de distorsión. ¿Si no me arrepiento porque cargo culpabilidad? El miedo se apiada de mi mente. Y el daño lo carga mi cuerpo. El lado izquierdo me muestra la realidad, el lado derecho me muestra la imaginación. ¿Por qué no pueden conectar? Cada vez se vuelven más grandes. Luchando. No me recuerdo. Pero puedo crearlo. No te encuentro. Pero puede tenerte al lado. La escalera a mi lado no era nada hasta por la noche. Me aferró a la vida, me aferraré. Los gusanos se comen mi cráneo. Cada vez más cerca.

No me quites la vida, por favor.

Encuentro en el respirar un vacío. El constante cazador de visiones. Acumulando el tiempo y la preocupación. Cuando me encuentro en la soledad y en el silencio, mi mente llega a un lugar donde nada quisiera permanecer. Se aproximaron las plagas de temores de caer en la demencia. Desarrollar aquellos de tantos trastornos o la aparición de algún derrame debido a clavar y clavar.

Amanezco cuando ya es una mañana tarde, en una casa en silencio, donde se oye a lo largo los ruidos externos. Aquella borrasca de viento que mueve los árboles. Las ramas chocan con el techo, y el ruido se hace grande. Minutos transcurren cuando mi mente se encuentra en la falsedad de ver a alguien, que no es más que mi almohada. Converso con ella, conmigo misma. Tomo impulso, voluntad. Me levanto y busco comida. No puedo permanecer en silencio. Suelo buscar algo en la distracción de ver.

Ahora tomo mi desayuno. Suelo comer demasiado. El desayuno es mi tiempo de comida favorito. Pierdo el tiempo en mi teléfono. Tras un rato me movilizo. A veces hay mucho por hacer, y otras veces no tanto. Suelo perder la paciencia muy rápidamente. Cuando la gente se aparece inesperadamente mientras mis labores son interminables. Siempre conservo mi cuerpo con ligereza. Vuelvo a mis actividades. Y cuando llega el mediodía el calor se intensifica, mi cuerpo deja de funcionar. Pierde ánimo, fuerza. No lo comprendo. El apetito se esfuma. Nunca me ha gustado el almuerzo. Tomo valor y muevo mi cuerpo, caído, pero lo puedo soportar.

Se vuelve la tarde y mi respiración cobra vida. Me muevo haciendo cosas que no hice por la mañana. Soy una gran procrastinadora. Cuando el sol empieza a esconderse me siento libre. Me baño y busco café. Tomó un descanso y espero a mi madre.

Pasado el tiempo solía sentir aquel golpe. Ese dolor, como si realmente fuese un golpe. Me atormenta aceptar la derrota. Trascendió a algo más, y mi cuerpo lo lleva consigo, por doquier. Siento el poder de aquel fuego en mi cabeza. Y lo que se ha convertido en lava, transita por mis venas. Constituye un cuerpo caliente. Uno que se quema. Día tras día.

No me llega lo que solía caerme como un tiro a la cabeza. No encuentro enemigos. No los hay, ni los hubo. Fueron seres que despojaron mi ser, me hicieron pedazos. Y de los pedazos renazco. Y ahora no hay nadie que me quebrante. No hay quien me dañé. No hay quien destruya y mate a esta pobre criatura decepcionada. Porque me tengo a mí. Y no hay nada peor que eso. Camino junto a mi enemigo. Duermo y me despierto a su lado. Respira conmigo. Siempre está conmigo. Porque somos uno mismo. Nos detestamos, pero hemos sido sentenciados a cadena perpetua a permanecer juntos hasta que la muerte nos separe.

Doy un vistazo hacia atrás, y entonces, te recuerdo, y me aterra desearte más allá.

Y aunque me queme deseando y anhelando una vista distinta, un lugar y un espacio distinto, no quiero hundirme en un vacío que me dejaste, y que ni tú mismo puedes llenar.

¿Por qué de repente?

¿Por qué esto?

¿Por qué también…?

¡¿Por qué y por qué y por qué?!

Cada pregunta es un puñal en mí. No lo quiero otra vez. Y aunque desee poder disfrutarnos, tengo miedo. Convertirse en lo que alguna vez tal vez no existió, y perder la vida.

Prefiero ser mi propia compañía. Mi propio amor. Mi propia vida. Vivir en la soledad conmigo misma. Aunque me agobie. Aunque no lo tolere. Aunque desee tenerte a mi lado. Te deseo, pero no puedo.

No quiero sufrir.

Te he imaginado a mi lado, y sé que soy capaz de imaginar mucho más. Pero no veo la realidad, y me hundo en cosas que solo quedan en mi imaginación.

Finalmente decidiste no hablarme más, y yo hice lo mismo. Desapareciste, porque yo tenía razón, realmente estabas con alguien.

Y otra vez hay un adiós que ni siquiera se dice.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.