Devoción por el daño; cadáveres en una cama.

Capítulo 7: Dentro de ti estoy yo.

Aquel domingo que mi padre fue a comprar algo, se parqueo en frente, el sol me daba y tampoco quería estar en frente de aquel sitio. Me moví y me quedé afuera. Carlos me vió. Salió a saludarme. Me sorprendí. Volvió a entrar rápidamente.

Mi padre salió, lo miré y le hablé. Entonces… miré hacia atrás de él y ahí estabas parado, viéndome. Hablabas con un muchacho, reías, mientras me veías. Y como si no fueras nadie, tan solo cualquier persona, seguí viendo mi alrededor, me paré y caminé para cruzar la calle. No te miré más. Tan solo esos pocos segundos antes. Pero mi vista periférica notaba que estabas ahí. el pensar de sentir que me persigues.

Sé perfectamente que hay cuestiones que tan solo acontecen, que podrá ser mi imaginación, una teoría, algún pensamiento fugaz, nada verdaderamente cierto. Pero no puedo evitar creer que me piensas, y que sales, sabiendo que estoy ahí o para ver si lo estoy. Nada me quita de la cabeza, la idea de que me piensas.

Puedo combinar dos partes.

Decir que te doy totalmente igual, que eres feliz sin mí, que siempre lo has sido. Mi presencia jamás te ha causado nada. Mis besos y abrazos jamás fueron nada, qué fueron tan solo otros más entre un montón. Que nunca estuviste enamorado, no sentiste nada por mí. Fui tan solo un gusto para ti. Todas esas veces que parecía haber algo, eran tan solo para mantenerme ahí. Que fuiste tal vez un malicioso, que tan solo me daba atención cuando sentía que me perdía, que era necesario para asegurarme a ti. Que vives feliz al lado de alguien a quien amas. A quien realmente amas. Una por la que harías todo. Una a la que le demuestras todo tu amor, todo tu ser. Una que no soy yo. Una que nunca fui. Ahora y siempre fui tan insignificante. Tan transparente, tan inexistente.

Pero tal vez dentro de ti, estoy yo. Como un recuerdo. Un recuerdo de tu adolescencia. Algo que no puedes etiquetarlo. Fui algo que no tiene nombre. No fui tu novia, ni tu amiga.

Estoy yo como una persona que no conoces, pero que crees que sí. Te gusta sentirme, te gusta mirarme de lejos, pero cuando estoy cerca te causo algo que nadie más. Porque tú mismo lo has decido. Y no hablas, no me miras a los ojos, no me abrazas. Te da miedo sentirme de verdad. Y tú así lo has decidido. Tú has decido convertirme en lo que crees que soy. Tienes una imagen de mí idealizada que te gusta, pero te da miedo. Tú me diste está posición. Y dentro de tu mente vivo, y aparezco. Tal vez incluso todos los días me piensas incluso un par de segundos. ¿No te parece inevitable? Estar tan cerca, pero tan lejos de poder ser novios cuando éramos unos niños. Estar tan cerca, desearnos y no poder hacer nada. Estar tan cerca y no conocer nada de nosotros.

Y esto es una suposición. Puedo extraer dos partes, de cosas que podrían ser ambas, una sola, o tal vez ninguna. Al final las respuestas no las tenemos, no todo es como lo creemos y lo que queremos. Tú me lo dijiste. Siempre lo recordaré. Y yo solo puedo suponer aquello que tú nunca respondiste. Y tú haces lo mismo, suponiendo cosas que no soy.

Mientras tanto, tú vives en lo que parece ser bello, y yo vivo en silencio, sin decir nada. Aquello que me aterrorizaba, he cometido. Me desaparecí, y aquí sigo, como la neblina de este invierno extraño.

Recuerdo haber escrito cartas para otras personas, personas que me causaron daño. La única vez que entregué una, esa persona la arrugó y la arrojó a un bote de basura, mientras yo caminaba, dándole la espalda. Y no lo supe, hasta muchos meses después, de una forma que jamás olvidaré. No fue especial en mi vida, pero era alguien a quien solía tenerle aprecio.

Después de tanto hablar prefiero no hacerlo. Hoy callo, y mañana también lo haré. Tengo pavor a hablar, no sé cómo explicarlo. Pero tengo miedo de ello. Ni siquiera recuerdo aquellas palabras que me decías y dolían y hacían sentir como si fuese una exageración mi existencia.

Hablar era significado de humillación.

Sigo pensando en cómo luchaba tanto por estar cerca de ti. Y tú eras tan inexistente. No soy capaz de entender… ¿Cómo pude llegar a tanto por algo que no era nada?

Antes de estar contigo esa tarde. Verte en otros sitios, a lo largo o algunos pocos metros de distancia, me daba una sensación indescriptible. Y me hacía replantearme, me preguntaba ¿Todo esto alguna vez pasó? ¿Mis vagos recuerdos fueron ciertos?

Me he sentido esclava de mi propia cabeza.

Mi día a día es despertar a las 4 am para ir a la universidad. Me baño, regreso a mi cuarto y me acuesto otra vez hasta que mi cuerpo quede seco. Reviso el tiempo y me visto. A veces escucho pasar a tu padre y pienso en ti.

Siempre salgo apresurada. Me subo al bus, arranca a los minutos y empieza el viaje. Durante ese tiempo, por mi mente van pasando muchas cosas. Que no puedo enumerar debido a la cantidad. No son cosas específicamente malas o solamente buenas. Es una combinación.

Mi tiempo en la universidad, donde permanezco alejada del entorno de mi lugar de nacimiento me libera. No pienso en nada más allá. Y es cuando puedo vivir. A veces me quedo más tiempo porque inconscientemente no quiero volver a mi casa. Pero el calor en la capital me es insoportable, y extraño a mis seres queridos. No podría alejarme.

Llegó a mi casa donde a veces pierdo la noción del tiempo y con ello, a mis pensamientos catastróficos, incluso me pasa en la noche.

Pero aquellas noches donde el silencio habita, y no tengo distracciones... la cabeza me explota.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.