Y estamos otra vez envueltos en una extraña relación donde pareces tener interés, porque quieres verme otra vez. Y yo accedí.
Tenías razón en tus sospechas. Un día Gaby me comentó que miró a tu novia, con otra persona, dando muestras de cariño, un tanto particular como para ser algún amigo u otra cosa. No fue una, fueron varias veces. Aún así decidí callarme y no decirte nada. No hay una razón, simplemente no lo hice, ni lo pensé, pasé de ello.
Crees saber qué es el amor, crees estar enamorado, porque aquello que sutilmente haces notar te hace creerlo. Pero sabes que no es así. Porque apareces en lugares que no deberías. Tu mente se desvía y va por sitios a los que sabes que caerás
Y llevas dando vueltas por años y años que pasan sobre ti sin saber qué hacer. Y solo te sientes vacío. Porque cuando te detienes y ves como avanzan las cosas, recuerdas tan solo minutos atrás o hace mucho tiempo, es entonces cuando te das cuenta que siempre es y ha sido lo mismo. Nunca has parado, y tal vez nunca lo hagas. Estas tan adentro que te parece que no deberías ni intentarlo.
En cambio vas por ahí sin rumbo, dando pistas, dando señales, dando instrucciones pensando que todo siempre será igual, porque tú siempre has sido igual. El mundo avanza, contigo o sin ti. Pero tu crees ser el dueño del mundo.
No llegará el “tal vez cuando...” para ti, porque estarás al borde de la muerte teniendo imágenes que vienen y van en tu mente pero no sabes distinguir lo que es la realidad, porque mueres. Mueres y es tan tarde. Ver hacia atrás no sirve de nada si solo te lamentas, falsamente. Además, ver hacia atrás no sirve de nada si sigues adelante sin detenerte.
Te detienes, ves, analizas, sientes y sigues. Porque algo se ha quedado contigo. Algo que perdurará. Porque las ideas siempre perduran. Pasan de las personas a más personas. No sólo las acciones son un arma fuerte. Las palabras también lo son. Así debería de ser, pero no eres capaz de verlo, sabes que existe, solo lo ignoras.
Pero hay algo más allá de ambos. Lo que no se hace, lo que no se dice. Porque no se sabe nada. Porque queda en nada. Y en la nada quedará. Como un vacío. Un vacío que no puede ser libre. Algo que debería volar, correr, tener vida. Pero no la tiene pues tan solo está en una jaula oscura donde parece no haber tiempo.
El tiempo, el dolor, el sufrir, nos da un sentido. ¿Por qué odiar al sentido? ¿O tan solo es algo insensible?
Desde hace un tiempo odiaba las épocas navideñas y los fines de año, incluso mi cumpleaños. Todo siempre se rodeaba de ti. Pensé que iba a desaparecer si desaparecías. Pero estoy escribiendo palabras que no imaginé. Porque después de años he vivido. Me he sentido viva en su máximo esplendor. Hace un año terminé aquel libro de recuerdos y sentimientos de lo que había sido mi destrucción, mi tristeza, mi soledad.
Y hace casi un tiempo, inicié otro, donde no tenía una idea centrada, pero que soñaba con poder hablar.
Is it better to speak or to die.
Yo elijo hablar. Porque hablar es lo que siempre he sido. Y lo que elijo ser. Me hiciste e hice odiarme. Pero comprendí que hay ocasiones en las que hay que ser silenciosos. Ahora me siento libre de poder ser quien soy, porque ya no me interesa estar sola, y porque tengo a quienes me quieren, me entienden, me protegen, me corrigen, desde el amor, algo que tú, no tienes.
No necesito moldearme.
No estoy sola nunca, porque aunque no tenga a nadie, me tengo a mí. Y me voy a aferrar hasta donde mi cuerpo aguanté. No necesito muestras insignificantes de atención, no necesito tratar de alterar la mente de una persona solo para sentirme especial. ¿Por qué tú si tienes esa necesidad?
A pesar de que no puedo permitirme decir que ahora amo y adoro la navidad, mi cumpleaños, y el fin del año o tal vez diciembre en general, puedo saber que no les odio. En el mundo hay personas con el mismo sentimiento o algo parecido a mí. Y eso está bien.
Al final, tengo a mi alrededor a algunos pocos que me quieren, eso es lo único que importa.
Antes hubiese esperado por ti. Un mensaje, algo. Pero me quedé dormida, sin esperar nada. Ya son casi las 4 am, y no tengo lágrimas corriendo por mi rostro. Puedes acercarte y ver mis ojos, y no verás lágrimas que suplican que me ames.
Mis ojos son algo que no verás, no por mí. Por ti. Porque no puedes verme ni por 10 segundos. Porque sé que si lo intentas, no tardarás en ver hacia otra parte. He creído que puede ser aquella culpa que muy dentro de ti guardas, de mí, de todas aquellas personas a las que engañaste, que mentiste diciendo que querías, que incluso amabas. Pero sería imposible esa situación.
Y aún hoy, hay quienes en el exterior pareces amar, pero sigues detrás de mí, y ridículamente no es porque me ames. Es porque tu cabeza funciona de una manera que no entiendes ni tú mismo, porque eres incapaz de reconocer lo horrible que eres. Te cuesta estar solo, pero sabes que no importa si hay alguien, te sigues sintiendo así, no importa quien sea, no importa si es alguien menor, alguien de tu edad o alguien mayor. No importa cómo esa persona te trate, nunca podrás llenar un vacío que tú mismo provocaste.
Muchas veces quise abrazarte y decirte que podrías ser más de lo que en el fondo, muy en el fondo hay. Te abrazaría y te daría consuelo, te diría palabras y palabras hasta dejarte dormido, me acostaría a tu lado y te haría compañía. Pero incluso hasta los más pequeños intentos de ayudarte, de estar cerca, hicieron que yo terminase despedazada.
#991 en Otros
#5 en No ficción
dependencia emocional, relaciones toxicas, narrativa autobiográfica
Editado: 23.01.2026