Fui temprano, como si el deseo no supiera esperar. O como si algo en mí creyera que entre más rápido te viera, más rápido se arreglaría todo. No fue así.
Llegué y fue casi automático. Rápido, sin mucho margen para pensarlo, sin palabras grandes y tal vez solo silencios largos. No hubo tiempo para nada, ni siquiera para procesarlo. Me senté en tu cama mientras te esperaba.
—¿Y si te doy unos cuadernos? —dijiste.
Pero no tenía sentido. Las ventas quedaban al otro lado, no por ahí. Te miré sin saber qué decir. Entonces dijiste...
—Te gustan los suéteres, ¿no?
Nunca me regalaste nada. Yo podría haberte dado hasta mi vida, pero no importaría, porque has jugado con ella desde que tengo memoria, mi vida para ti no vale nada.
Asentí, sin pensarlo mucho, como quien dice que "sí" por costumbre. Buscaste uno y me lo diste, como si eso bastara para disfrazar todo lo que no queríamos decir en voz alta.
Fue puro sexo, supongo. No lo recuerdo con claridad. No fue malo, solo... nada como lo había imaginado. No hubo fuego ni redención. Solo cuerpos que se reconocían, pero ya no se buscaban igual. Y cuando terminó, no sentí alivio, ni placer, ni enojo. Solo me puse el suéter, como si eso hiciera que todo tuviera algún sentido.
El sexo no es la gran cosa, pero cuando la imaginación es tan extensa, puedes recordar las cosas como no eran, y creer que todo es tan bueno, tan placentero o tan increíble, pero no, no lo es, nunca lo fue.
Y la mente se ve afectada por recuerdos que son deseos que no se concedieron, y los verdaderos recuerdos se dispersan, pierden sentido, porque tal vez nunca lo tuvieron.
No sé responder a preguntas de qué hago en situaciones como está contigo, podrías encontrar sentido si fueses otra persona que no conoce nada, que me oye hablar y se da cuenta que todo está mal desde hace años, pero que sentido tiene ahora. No sé responder a preguntas que no tengo ni migajas de indicios de respuesta, o tan siquiera excusas.
Siempre te esperaba unos segundos antes de que estuvieses sobre mi. Verte desde ahí siempre me encantó. Incluso cuando estoy sola en mi habitación puedo cerrar los ojos e imaginar tu rostro, casi siempre con una expresión de seriedad, pero extrañamente agradable.
La seguridad con la que me tomas, tocas, mueves me vuelve loca. Creo que simplemente adoro sentirme tuya, eso se nota en cualquier movimiento. Lo disfruto y se vuelve más intenso cuando puedo ver cómo te gusta verme resistir. Sabes que me gusta, sabes hacerlo, pero creo que nunca has notado lo que me gusta verte.
Alguna vez que recuerdo en el aire, me preguntaste si tanto me gustaba como me lo hacías, creo que la respuesta siempre ha sido la misma.
El lugar.
En cualquier sitio, donde pudiésemos escondernos.
Donde no quedaran pruebas.
Porque lo recuerdo intenso, lo recuerdo como un fuego dentro de la piel que evapora agua sobre la misma.
No había prestado atención a cómo eras cuando me extrañabas. Como si no pudieses olvidarlo, como si no fueses capaz de controlarte.
Porque así lo es. Porque sin importar el tiempo, no has sido capaz de dejarme atrás.
Sé que me has extrañado, y eso me gusta, ¿no suena muy descarado y estúpido?
Yo también te he extrañado, pero no es igual, no como acostumbras, no como te gusta, te has dado cuenta y eso te asusta.
El límite está marcado, ¿es necesario hablar?
Solo es una cosa. No hay razón para establecer cosas que no existen. Solo es una cosa. No necesitas esforzarte.
Entre ambos existe obsesión, aunque digas que no.
Aren: ¿Te gusta?
-Suspiro-.
-Mucho.
Tal vez pensaste fugazmente, tal vez…
Hace tanto que extrañaba estar aquí, verte así.
Me tuviste olvidado por tanto tiempo que pensé que me odiabas y ya no te gustaba esto. Ojalá me hubiese lanzado a hablar antes, y no esperar tanto.
Viéndote de largo no sabía qué hacer, en el fondo tal vez deseaba que no estuvieses con nadie.
Siempre estás sola a diferencia mía. Creo que por eso siempre creo que vas a querer.
Aunque me preguntó si lo harías aún estando con alguien.
Siempre terminamos en esto, no me imagino negándote, porque no me veo resistiendo.
No puedo entenderte, subes tantas cosas que pienso que algunas son hacia mi, porque es obvio, siempre lo has hecho.
Dices que no, y eres fría. Inexpresiva cuando te veo.
Siempre a la defensiva.
Y eso ya lo conozco, pero aún así es diferente.
¿Seguirás enamorada?
Eres tan extraña que nunca he sabido cómo tratarte. Aunque realmente no lo intento.
Cada que estabas tan cerca de mí, esa debilidad que tienes la detesto, pero me gusta.
Es tan complicado no poder odiarte, olvidarte, cualquier cosa.
Y me encanta verte así, tenerte así. Y aunque tal vez te deteste en el fondo, no puedo escapar de esto.
#2940 en Otros
#204 en No ficción
dependencia emocional, relaciones toxicas, narrativa autobiográfica
Editado: 03.04.2026