A inicios del siglo XXII, una oscuridad silenciosa comenzó a apoderarse lentamente de la realidad y el entorno ya no respondía como antes. Todo se volvió gris.
Los animales salvajes se volvieron más agresivos. Las mascotas dejaron de ser alegres y juguetonas con sus amos; se volvieron retraídas, nerviosas y distantes.
Las personas no se quedaron atrás. Se volvieron frías, vacías... sin alma. Surgían conflictos entre desconocidos, reacciones impulsivas, violencia sin causa. Nada parecía satisfacerlas.
Buscaban estímulos rápidos, dosis constantes de dopamina, como si el mundo entero hubiera desarrollado una adicción.
El mundo se volvió hostil.
Nadie era consciente de lo que realmente estaba sucediendo... hasta que el 2 de septiembre de 2189 todo empeoró, y el caos se hizo presente en el mundo.
Grandes zonas empezaron a desaparecer sin explicación alguna...
Todo inició al norte de México, en Ciudad Juárez. Más del treinta por ciento de la ciudad quedó desierta. Calles completas dejaron de existir: las casas se borraron como si nunca hubieran sido construidas. Y las personas, simplemente ya no estaban.
Los mapas digitales se actualizaron solos, revelando un desierto idéntico al de los inicios de la ciudad.
Familias desesperadas exigían respuestas por sus desaparecidos, mas las autoridades mexicanas no podían explicar lo ocurrido.
No había rastro de explosiones, ni señales de desastres naturales.
Las teorías no tardaron en surgir: fallas dimensionales, errores de simulación, agujeros negros, incluso intervención alienígena. Pero nada se acercaba a lo que en realidad era el problema.
El 2 de octubre volvió a ocurrir, esta vez al sur de la India.
El 2 de noviembre, al este de Rusia.
Y el 2 de diciembre sucedió en el oeste de Estados Unidos.
Gran parte de esta región se desvaneció sin más. Las autoridades estadounidenses intervinieron la zona en busca de indicios de actividad extraterrestre. Todo fue inútil.
Mientras el mundo comenzaba a desaparecer, en Milán, Italia, Elajah Salvatore trabajaba en el redescubrimiento de partituras y grabaciones olvidadas por la humanidad.
Al escuchar aquellas obras antiguas, notó algo inusual.
Su entorno recuperaba nitidez y color. Las luces parpadeaban con un ritmo extraño. Su gato, antes apático, reaccionaba con una energía inusual. Y él, sentía una paz indescriptible.
Intrigado, continuó escuchando.
A medida que las obras avanzaban, el cambio se hacía más notorio. Le asombraba ver su alrededor como solo había visto en películas del siglo XXI, aunque todo volviera a su estado original.
Elajah comenzó a documentar y experimentar con lo que descubrió.
Reprodujo la música en espacios abiertos: parques, calles, plazas. La naturaleza recobró vida. Las personas eran más amables. Los animales volvieron a aparecer.
Entonces algo en su mente encajó y formuló una hipótesis que cambiaría el rumbo de la humanidad:
"La música antigua no solo muestra el pasado. Da vida a lo que murió."
Poco a poco, Elajah comenzó a compartir sus hallazgos en redes sociales.
Los videos no tardaron en atraer la atención de compositores, músicos y musicólogos de distintas partes del mundo. Uno a uno lo contactaron, confesando que ellos también habían notado cambios similares al escuchar ciertas obras, aunque nadie a su alrededor parecía percibirlos.
Con el tiempo, decidieron reunirse.
Así nació la asociación "Devolviendo el color al mundo."
Juntos analizaron obras de Beethoven, Schumann, Paganini, Wagner. Intentaron comprender su estructura, el contexto de su creación, y sobre todo, lo que sentían al escucharlas.
A partir de ese entendimiento, comenzaron a componer.
Crearon obras nuevas, emocionalmente bien estructuradas. No replicaron lo ya escrito sino que lo reinventaron. Y entonces, notaron que al terminar de reproducirse la música, su entorno ya no volvía a oscurecerse.
Durante casi un año compusieron diez obras. Cada una fue compartida en redes sociales.
Miles de personas las escuchaban, pero la mayoría solo unos segundos antes de seguir deslizando. No percibían el cambio a su alrededor.
Sin embargo, no todos pasaron de largo.
A finales de Agosto de 2190, los videos llegaron a manos de distintos organismos gubernamentales. Algunos analistas notaron que al reproducirlos, el entorno cambiaba de forma inmediata.
Los que habían estado buscando respuestas a la oscuridad mundial por fin la encontraron.
Elajah fue contactado poco después.
Tras días de reuniones entre la asociación y los organismos gubernamentales, se autorizó un experimento a gran escala: un concierto masivo en una de las áreas desaparecidas el 2 de junio, al suroeste de Italia.
Para garantizar la asistencia, se lanzó propaganda falsa. Se anunció la entrega de nuevos dispositivos tecnológicos a todo aquel que acudiera al recinto el 2 de septiembre.
El día llegó.
Miles de personas acudieron al lugar donde antes existía una plaza abierta. Se instaló un escenario improvisado con un gran telón. Detrás, los músicos aguardaban en silencio.
El primer ministro dio la bienvenida. Pidió calma al público y aseguró que la entrega de los dispositivos comenzaría en breve. La música comenzó. Luego descendió del escenario, y el telón cayó.