Devorador De Almas

Capítulo 9 El Peso de la Ceniza

El ruido de Tegucigalpa, incluso a miles de kilómetros de distancia, nunca abandonó a Jacobo Miranda. Ahora, en el silencio forzoso del exilio, el periodista no escucha el griterío de los vendedores o el traqueteo de los autobuses. Escucha el silencio de Renato.

Elías, el único sobreviviente del infierno, se sienta junto a Jacobo en el exilio, a salvo, pero roto. Ya no juega. Ya no habla. Solo dibuja. Decenas de dibujos, todos iguales: figuras amorfas de ceniza rodeadas por hombres de traje, y en el centro, un niño. Elías, de diez años, vive en un mundo donde el mal tiene rostro conocido y poder legal.

Jacobo publicó su historia, la llamó simplemente "El Banquete". Fue un relámpago fugaz en el panorama internacional. Hubo cables, menciones, y la indignación habitual. Pero, como predijo Aguilar, la estructura del Devorador de Ceniza era impenetrable. Los videos de Jacobo se corrompieron, los archivos se borraron y la versión oficial fue: "Histeria colectiva impulsada por un periodista sensacionalista y un culto de brujería".

El ministro sigue en su puesto, ahora más influyente que nunca. Su rostro aparece en los noticieros, su discurso sobre la "moralidad" es impecable. Pero Jacobo, cada vez que ve una foto suya, se estremece. Él lo sabe: la sonrisa del ministro no es suya. Es la sonrisa de la inocencia robada de Renato, ahora anclada en el cuerpo de un depredador, alimentando su ambición. El vacío que dejó Renato no se ha disipado; simplemente se ha transferido al corazón del poder.

La historia de los niños desaparecidos de Tegucigalpa no es un cuento de terror sobre demonios que vienen del infierno; es una advertencia sobre el tipo de maldad que los hombres invitan a este mundo.

Los cinco niños encontrados en la Cueva del Lobo viven en un orfanato estatal, quietos, sus ojos oscuros y vacíos. Pero a Jacobo le aterra otra idea: ¿si el Devorador de Ceniza no toma el alma, sino que la reemplaza? ¿Cuántos "niños" caminan hoy por las calles, sin alma propia, esperando ser el catalizador para el próximo pacto?

En Tegucigalpa, el estruendo de la vida sigue, pero para Jacobo Miranda, la única verdad es el silencio que dejó su pequeño amigo, un silencio que es la prueba eterna de que la oscuridad no solo está afuera. Ha encontrado un hogar en el poder.



#906 en Thriller
#327 en Suspenso
#383 en Misterio

En el texto hay: politica, suspenso, honduras

Editado: 08.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.