Devoradores del Poder

Capítulo 6: Desesperación. B1.

El brillo de la pantalla del celular iluminó el rostro cansado de Michael en la penumbra de su habitación. Había dormido poco; su mente aún procesaba el éxito de la primera misión oficial del día anterior y el inminente peso de lo que estaba por venir. Desbloqueó el teléfono y abrió WhatsApp.

La notificación provenía del grupo más antiguo que tenía anclado en su aplicación.

[Chat: los mismos de siempre 4/8]

René (6:15 am): ¡A la versh! Siento que me pasó una rastra por encima, majes. Todo el cuerpo me duele. Estuvo potente el entrenamiento y la cacería de ayer.

Mateo (6:16 am): Dejá de llorar. Al menos estás vivo, además ayer solo manejaste el carro maje, lo único que cazaste fue un mosquito en el gimnasio. Ya tomate algo y alístate mejor.

Diego (6:18 am): Qué ondas, mara. Yo ando algo molido también, pero valió la pena. Esos bichos nuevos se portaron a la altura ayer.

René (6:19 am): Maje como sos conmigo, si puya, pensas que no duelen las nalgas al manejar va, aprende mejor, pinche Mateo envidioso. [3 reacciones: 😹]

René (6:19 am): Simón Diego, no se achicaron.

Michael (6:21 am): Buenos días, majes. Sí, buen trabajo el de ayer con los reclutas, pero no se me relajen. Hoy nos toca hacer directo, la mara que nos sigue desde las cuentas de Yuliana nos está pidiendo actualizaciones y CRONOS también quiere que mostremos presencia oficial.

René (6:22 am): Ya vas. Toca peinarse entonces xD.

Hubo una pausa prolongada en el chat. Los indicadores de que alguien estaba escribiendo aparecieron y desaparecieron un par de veces, como si las palabras pesaran demasiado antes de enviarlas. Finalmente, un nuevo mensaje rompió la rutina.

René (6:25 am): Puta, majes... Aún no me la creo. Hace apenas una semana estábamos los ocho jodiendo en la calle.

Diego (6:26 am): El Chepe... Ayer me acordé de él cuando los bichos nuevos usaron los escudos. ¿Se acuerdan en bachillerato cuando el loco se rompió el pantalón saltando el muro del instituto solo para ir a comprarnos panes mata niños a todos?

Mateo (6:27 am): Y el pendejo de Gerson le prestó su suéter para que se lo amarrara a la cintura y el profe de mate no lo regañara en el salón.

René (6:28 am): Jajaja simón... y terminamos todos castigados limpiando la cancha de básquet porque Kevin y Javi no se aguantaron y se pusieron a reír a carcajadas en pleno examen.

Diego (6:29 am): Qué yuca... Éramos los 8 contra el mundo. Creíamos que el mayor problema de la vida era pasar la PAES y ver de dónde sacábamos unas coras para ir a comprar unas trenzudas, pata de elefante y un vodka Troika el viernes en la noche, para ir a joder a la cancha con el Chino, el Gordo y el Brayan.

El nudo en la garganta de Michael se apretó hasta cortarle la respiración. Podía imaginar perfectamente la escena: los ocho sentados en la cuneta frente al polideportivo, compartiendo el mismo vaso plástico con Troika barato, riendo de las idioteces de Javi, mientras Lucía salía a regañar a Brayan por llegar tarde y Yuliana los molestaba a todos desde la puerta. Era una vida simple. Era una vida perfecta, y no lo sabían.

Mateo (6:31 am): Extraño a esos cabrones. Al Chepe, a Gerson, al Kevin... al Javi. Y ni hablar del Brayan o de tu prima Yuliana, Michael. Se nos fue media vida en un solo puto día.

René (6:32 am): Majes... yo les juro por mi madrecita que daría todos estos poderes pisados. Daría la fama, el pisto de CRONOS, me arrancaría mi propio brazo si fuera necesario... solo por estar los ocho sentados en esa cuneta otra vez, con la boca quemada por el vodka, hablando pajas.

Una lágrima solitaria rodó por la mejilla de Michael, perdiéndose en su barba. El precio de la supervivencia era una culpa que les carcomía el alma, un peso mucho más denso y frío que cualquier armadura mística o mazo de hielo. Tragó saliva, con los ojos empañados, y comenzó a teclear lentamente.

Michael (6:35 am): Yo también, hermano, nunca me han gustado esas sus hondas que toman, pero si que la pasabamos bien, maje créeme que daría lo que fuera por tenerlos aquí a todos. A mis hermanos, a mi prima...

Michael (6:36 am): Por eso este grupo se queda así. Intacto. Como una memoria de nosotros y de los que nos faltan. Crearé el otro grupo oficial para seguir adelante y coordinar con la Orden, pero aquí... este espacio es y siempre será nuestro.

Diego (6:37 am): 4/8, hermanos.

Mateo (6:38 am): Siempre.

René (6:39 am): Hasta la muerte, majes.

Michael suspiró, limpiándose el rostro con el dorso de la mano. Se permitió un segundo más para mirar la foto de perfil del grupo, una selfie borrosa de los ocho celebrando una victoria de fútbol en el cantón, y luego cerró el chat. Era momento de ponerse la corona de Maestro de Orden. Abrió el menú de la aplicación, seleccionó a sus nuevos contactos y creó el nuevo canal de comunicación oficial.

[Grupo Creado: La Orden del Cadejo]

Michael importo contactos desde grupo los mismos de siempre 4/8: Rene, Mateo, Diego.

Michael añadió a Lucía.

Michael añadió a Don Manuel.

Michael añadió a Lic. Rivera.

Michael añadió a 14 personas más.

Michael (6:45 am): Buenos días a todos, descansen un poco más, nos vemos a las 8:30 am en la Orden. Favor confirmar de enterado.

En cuestión de segundos, la cascada de respuestas formales comenzó a llenar la pantalla, marcando el inicio de una nueva era donde no había espacio para llorar, solo para pelear:

Lucía: Enterado.




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