Devorando Almas

⸸ 3.Mantén tus promesas ⸸

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GWEN

Como una superno-va. Así imaginaba el derrumbe de mi realidad. Asistí segura la mayor parte del camino hasta los portones principales. Allí el aire comenzó a escasear y me palpitaba el corazón en los oídos. Observaba a ambos lados, esperando alguna señal de que aquella tarde algo era diferente. De que algo había explotado, pero no fue así. Tampoco cuando puse un pie dentro del patio, ni cuando subí las escaleras. Todo orbitaba en su lugar. Las mismas quejas en bedelía, los mismos estudiantes apurados y estresados de siempre. Todo estaba en orden en la primera planta. Ethan Cooper mantenía sus promesas, pero ¿como carajos cumpliría yo mi parte?

-Aún creen que es una etapa.-oí y le di forma a sus palabras por primera vez en los últimos diez minutos.-¿Gwen?

-Mmh

-¿Sucede algo?

-No.-Sí.

-¿Segura?-No, pensé-Toda tú, no dice lo mismo.

-Estoy bien solo, tuve una muy, muy mala noche.-mi sonrisa fue lo suficientemente sincera para ella así que continúo hablando. Me agradaba oírla.

Durante Literatura Inglesa vi a Ethan acomodarse en la primera fila de asientos. Aquel salón era de los más amplios lo que provocaba que por los ventanales entrará mayor luz, eramos bañados por una cálida luz natural constantemente. Hileras de asientos cubiertos de terciopelo brillante como el de una butaca de teatro, cubrían de extremo a extremo con dos pasillos con escalones como entrada, acomodados en descenso como una cascada de butacas hasta llegar al suelo resplandeciente y toparse con las paredes color maíz decorada con tapiz carmesí en la parte baja y unas estanterías chocolate de madera gruesa rellenas de libros. Era una colección fantástica de tapas rusticas, alguna desprendían aroma a libro añejo, otras solo con verlas podía imaginar la textura de sus portadas desgastadas o el amarillento de sus hojas. Obras de arte impresas en miles de paginas que rodeaban cada pared y solo dando lugar a una pizarra de tiza alargada.

Esa Universidad había captado cada uno de mis sentidos, desde el olor a café que se desprendía en cada salón, hasta la vista de todos los espacios ocupados por libros o cuadros que llegaban a tener un siglo. Era una maravilla de techos altos y pasadillos lustrados. Las baldosas de mármol de cada uno de los cuatro pisos de la inmensa mansión rodeada de arbustos altos que ocultaba a simple vista como aquel engendro elegante emergía en un jardín armonioso con un par de arboles y bancas. Pero si la Universidad tenía algo que destacaba en aquel momento perfectamente podía ser Ethan Cooper. Coronado por un cabello caoba que llegaba a reflejar sutiles tonos pardos cuando un rayo de sol lo alumbraba, justo como lo hacía en aquellos momentos. Su marea castaña ese día era sacudida por él mismo con frecuencia. Estaba impaciente. 

Le dirigí una mirada sin discreción ninguna. Si su cabellera a la luz era asombrosa, sus ojos verdes resultaban aún más incandescentes y opacaban cualquier brillante rincón de aquel palacio, aún al mismo que el sol que lo iluminaba. Hasta que rotaron en mi dirección y no pude entender como había logrado si quiera responderle. Él penetraba en tu mirada y cualquier poder de voluntad se lo cederías, porque sí. Con unas iris dominantes igual que prudentes, pero terriblemente frías me devolvió la vista.

-¿Podría tomar asiento o aún no escoge?-interrumpió el profesor. Había quedado prendida de su figura a mitad de camino entre la puerta y la montaña de asientos.-A menos que quiera exponer usted señorita Spirito .-continuaba con la piernas fijas a aquel lugar, pero no por mucho más ante el gesto de molestia de Ethan me moví con rapidez. Acababa de arruinar su tarde.

-Lo siento, lo siento.-murmuré pero el profesor solo hizo una mueca y me alejó moviendo su mano.

En la fila detrás de él a un par de lugares a su derecha se erguía su espalda frente a mí. Esperaba que las nubes no se trasladarán y así mantener aquel juego de luces que había descubierto. Estaba demasiado relajada y feliz por aquello que pase la clase entera idealizando a Ethan. Hasta que volteó y pese a que aquello era maravilloso, dejo lugar a un par de faros verdes bajo unas cejas anchas relajadas que se tensaron ante mi.

Mantuvo aquella expresión breves segundos, luego descendieron , ya no revolvía su pelo, solo me miraba.

-Me quemas la nuca.-susurró. Giré el rostro enseguida fingiendo concentrarme en los renglones vacíos que yacían en mi cuaderno, hasta que lo oí bufar.

-Me desconcentras.

-Si si, mira, creo que tienes algo.-dijo con tono prepotente y apuntando a mis labios con su cabeza. Como ilusa revisé.- Saliva.-Era divertido para él molestarme y aunque mi dignidad podía ser bastante flexible ya había decidido que unos ojitos bonitos no eran suficiente. Le agradecía su gesto de guardarse la noche anterior para sí mismo pero seguía siendo un estúpido.

Muy gracioso, cuando la última vez que lo vi estaba a mi merced casi muerto de pánico. Hincapié en casi, dado intento matarme a golpes el muy idiota.

-Por supuesto que no.-se volteó alzando las cejas y rodeando los ojos. No volvimos a cruzar palabra, aunque a menudo volvía a perderme en los fragmentos de rostro que podía ver cuando se inclinaba. Un idiota con buena cara. Una buena y apreciable cara bonita.

A la salida un torrente de alumnos comenzaron a dejar sus asientos con prisa, me mantuve quieta mientras se abalanzaban a la gran puerta que daba al pasillo. Aquella era una universidad prestigiosa, pagar la matricula ya había sido un dolor de cabeza y cada semestre se ponía peor. Los estudiantes en su mayoría lucían como personas que podían asegurarse cada año de la carrera sin preocuparse. Llevaba un vestido negro con flores pero ya poco perceptibles al estar desteñido, y muy flojo hasta la altura de las rodillas y pese a no tener ninguna necesidad me cubría con un saco de tejido ancho grisáceo con fibras salientes por el tiempo que tenía. Yo no desencajaba porque nadie pretendía jugar a nadie. No a simple vista. No por un bolso o una chaqueta. Atinaban los comentarios a cosas más relevantes, como política, arte y créditos.




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