Devuelta por Mofeta Lila

Capitulo 4: Un guardián

La mañana llegó para Vesta como una oportunidad de recordar nuevamente. Aunque se había esforzado en los últimos días por mantener el interior de la casa limpia, sabía que en algún momento debía continuar con la labor que ya había iniciado. Así que esa mañana, después de haber tomado un pequeño sorbo de té para calmar el hambre —que solo le había dejado tosiendo al final—, se dirigió a la parte de atrás de la casa, hacia la edificación pintada de blanco, ya destartalada y con manchones que dejaban entrever la madera podrida entre la pintura.

Más polvo fue lo que la recibió en ese granero. Recordaba sus caballos, que ya no estaban ahí, pues habían sido vendidos para pagar las cuentas del hospital, medicamentos, cirugías. Recordaba que cada vez que se necesitaba dinero, todos se reunían excepto la persona que requiriese el dinero. Ella formó parte en gran mayoría de las reuniones familiares realizadas. "Venderemos esto para pagar esto, haremos esto para pagar esto otro", y así. Solo había habido una reunión de esas que había marcado un hoyo profundo en su corazón, porque se había mantenido en silencio todo lo que duró la misma.

"Vendamos a Sofi para pagar por la cirugía." Recuerda haber mirado a su abuelo como si estuviera loco. Vestaine sabía que su abuelo amaba a Sofi, había estado con él desde hacía muchos años, era como una niñera para ella y Selene. Cuando ella nació, ya Sofi era la yegua de la familia.Solo que no había manera de que hubiera nada más que vender. Nadie quería comprar la casa de la abuela porque era de un área rural, ya no tenían joyas que empeñar y el dinero del seguro de su padre ya había sido utilizado para este punto. Era lo único que quedaba. Vesta lo sabía y cuando vio a su abuelo, solo vio una dolorosa resignación en él. Lo había pensado mucho, podía verlo en sus ojos. No había dormido casi nada en toda la noche. Al principio había pensado que era por ir y venir de su casa a la ciudad a altas horas de la noche, pero ahora se daba cuenta de que más pesado que el cansancio era la pena. Por eso calló. No quería replicar y hacer el dolor más grande para su familia, su pequeña familia que estaba cayendo a pedazos, deslizándose hacia abajo como un castillo de arena.Los recuerdos llegaron a Vesta al solo abrir la puerta. Solo había una lámpara llena de keroseno en su mano, pero no sentía temor a la oscuridad porque aun así le recordaba a su infancia.

Le recordó aquella noche en que todos estuvieron en vela acompañando a Sofi a dar a luz a Rey, el hermoso potro de Sofi. Recordaba las risas de cuando él contaba sus largas historias llenas de misterio y fantasía, o incluso solo hablaba de su vida diaria. Porque mi abuelo disfrutaba tanto de la vida que incluso hablando de su día a día era una aventura. Siempre estaba de buen humor. Hasta que Selene enfermó.—"Lo siento, Vestaine. Sé que los amas tanto como yo, pero por quienes amas debes sacrificarlo todo" — fue lo que le escuchó decir y guardó sus palabras con dureza en su corazón. Sacrificio labrado en su corazón como si fuera una piedra.—Eso hice, abuelo. Hice cada sacrificio que era necesario. —dijo mirando ese granero polvoriento que en algún momento fue también el lugar que más amó, porque su abuelo estaba ahí.

Pero ahora no había nadie, solo ella.

Vesta se quitó los zapatos y de inmediato se sentó en el sillón de la sala, ya ahora sin pensar en lo confundida que estaba, después de cerrar la puerta.Había recibido información de muchos tipos en un solo día. Las rocas contaban una historia, habían ruinas de un faro... no, se corrigió, una torre en el bosque, y habían aborígenes que hablaban de desapariciones y de espíritus. Espíritus como el del pequeño zorrillo que la había llevado al acantilado, y a su lámpara que yacía ahora en la mesita de la sala, justo frente al sofá que había tomado como su cama.Al final se dio cuenta de que no había manera de que pudiera pensar más en ello, pues las conclusiones eran infinitas y sentía que una parte faltaba. Así que con el objetivo de pensar menos en todo y descansar, usó su energía restante en coser esa segunda red de crochet, en lo que el sueño llegaba.

Al final pasó varios días trabajando en esa segunda red de crochet, cada nudo uniéndose al otro. Al principio algunos nudos habían quedado flojos, por falta de práctica, mientras que otros quedaron demasiado apretados, sin control alguno. No es que odiara el resultado, pero no le hacía justicia al diseño antiguo que probablemente su abuela había tenido en mente. Así que había deshecho una y otra vez ambas costuras hasta que el resultado había sido algo con lo que se sintiera satisfecha.

La razón por la que no había vuelto a ir al bosque era porque cada vez que se le pasaba por la cabeza la intención, por alguna razón terminaba con su vecina tocando la puerta de su casa. El primer día había pensado si era mejor fingir que no podía escucharla, pero luego al escuchar un "Estás ahí, ¿verdad, Vestaine?" no tuvo el corazón para ignorarla. Pero lo que empezó como indiferencia terminó por convertirse en una relación de dos conocidas que se veían diariamente.

Una principal razón de este cambio de tuercas fue que su vecina ahora le visitaba dos veces al día, le recibiese o no, trayendo en la mañana algo para que desayunaran y por la tarde, antes del anochecer, un poco de té y un postre. Y la realidad es que ya no había podido negarse.No después de haber sido persuadida por las palabras de la mujer, quien a diario le contaba anécdotas de su abuela, que había sido su mejor amiga por muchos años. Al final, lo que había empezado como una charla sobre rocas terminó en visitas al día para tomar el té, para coser porque: "Oh, no puedo creer que cosas también. Déjame traerte las que he hecho. Nuria y yo solíamos hablar sobre nudos que estaban en tendencia. Sí, porque ni siquiera mi hija me cree, pero había una revista de nudos de crochet a la que ambas estábamos suscritas. Cuando estábamos embarazadas teníamos eso en común, casi competíamos por quién había hecho qué y en cuánto tiempo. Ahh, aquellos tiempos." Por lo que había terminado siendo acompañada a coser por las mañanas también.




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