Devuelta por Mofeta Lila

Capitulo 5: Descenso

Al llegar a casa, Vesta había comprado unas cuantas velas para poder mantener la casa iluminada, pues solo había unas cuantas latas de aceite más. No quería gastarlas todas porque las velas venían por montón y, aunque duraban menos, eran más baratas. En estos tiempos ya nadie usaba lámparas de keroseno, así que no solo era más caro, sino que dudaba que, una vez se acabara, pudiera encontrar una tienda en este pequeño pueblo que tuviera para abastecerse. Además, Vesta tenía un presupuesto cada vez menor. Desde que había llegado había pasado solo un mes, pero no es que hubiese traído mucho con ella desde un inicio: solo una maleta y la liquidación de su último trabajo.

Como si no hubiese tenido plan alguno de volver, se había tomado su tiempo en una ligera caminata antes de llegar a casa. Ahora que no estaba tan nerviosa por tener que hablar con un desconocido, podía sentirse más cómoda como para poder mirar alrededor en el pueblo. Antes solo había ido directo a la tienda y directo a casa, pero ahora podía apreciar la belleza del pequeño pueblo, cuyas calles eran de piedra marrón, y cada cruce estaba marcado por un elegante letrero de hierro y madera quemada, como si todo perteneciera a un elegante café europeo.

De niña lo recordaba como un pueblo mágico. Siempre le había encantado andar por estas calles porque le parecía un pueblito digno de una escena de película, y aunque aún lo parecía y le encantaba, por alguna razón ya no sentía en su corazón un espacio en donde colocar este bello lugar con brisas frías y olor a pino. Quizá porque su mente era ahora una broma de incontables preguntas y desesperanzas.

Vesta tomó el camino a su casa, girando en la esquina. Esta vez no vio el auto de la hija de Griselda frente a la casa de su madre, y aunque le pareció extraño —pues una vez que llegaban no solían irse por días—, desestimó su interés como innecesario. En su mente había cosas más importantes que debían ser atendidas, como por ejemplo terminar esa tercera red de crochet. Ya solo faltaba un poco más y podría terminar la limpieza profunda que había realizado en la casa.

Ese día se tomó su tiempo para avanzarlo y después se decidió a sacar las cortinas más bonitas y colocarlas en las salas y habitaciones. Cuando vio el armario de madera donde se encontraban tanto mantas como cortinas en la habitación —viena de su madre—, solo que no podía mirar. Era incapaz de dirigir una mirada a la cama de su madre. Por lo que sacó las cortinas que a toda velocidad había colocado después de que se secaran con el viento, y salió rápidamente de la habitación. Solo que antes de que pudiera cerrar los ojos, sus ojos, al ritmo de un batir de alas, miraron la escena que tanto había evitado: una cama vacía, una habitación gris y llena de recuerdos que por unos segundos la incapacitaron de cualquier movimiento. Incluso después de que la puerta se hubiese cerrado, los ojos de Vesta permanecieron cerrados, así como los músculos de su rostro se movieron de una manera espasmódica. Pero Vesta se recuperó rápidamente y con un suspiro lloroso se dio media vuelta. Con las cortinas en mano, comenzó a sacudir el polvo de las cortinas de color crema con rosas y flores a juego con los colores de los sillones.

Vesta entonces trajo el banquito a la sala y comenzó a intercambiar las cortinas viejas por las recién lavadas que habían sido dobladas y guardadas. Solo que mientras eso, su mente comenzó a volar, y entonces se le ocurrió que no había pensado mucho en la composición de la casa. Cuando era pequeña solo recordaba su habitación y la sala; incluso tenía más recuerdos del jardín que de las habitaciones de sus abuelos o la que una vez ocupó su madre.

Es decir, puede recordar vívidamente las veces que corrió al cuarto de uno de ellos porque tenía miedo por la noche por haber tenido una pesadilla, o en ocasiones por solo querer compañía, pues Selene siempre era bastante quieta y dormía de manera decidida. Pero para Vesta las cosas eran distintas. Ahora su inquietud nocturna —que aún era presente y le dejaba en vela por las noches— en ese entonces no era menos que un leve pero recurrente temor al silencio y a la pérdida. Porque recuerda que después de la muerte de su padre, después de mudarse con los abuelos, las pesadillas donde alguien más faltaba terminaban siendo las peores. Le despertaban con un vacío doloroso en el pecho y, así mismo, un nudo que impedía el paso de cualquier resquicio de aire y, así mismo, impedía la salida de un sollozo. Mamá lo entendía más que nadie, pero incluso a su edad Vesta entendía que el dolor no le era extraño a su madre, y por temor a molestarla nunca le dijo demasiado. Solo caminaba descalza por la casa hasta llegar a la habitación, abría la puerta que chirriaba incluso en ese entonces y, con paso repicante, saltaba en su cama a abrazarla como si le hubiera extrañado mucho, porque dejaba sus emociones demostradas en ese momento.

—¡Te amo, mamá! —le susurraba mientras le dejaba besitos, y entonces ella, entre dormida y despierta, con sus ojos aún cerrados con cansancio, reía.

—Chiquilla, duérmete —decía con su voz adormilada, pero siempre le abrazaba de vuelta.

𓆸

A la mañana siguiente, al no existir moros en la costa, Vesta salió con sus botas puestas y su maleta con lo que consideraba necesario para su aventura del día. Iría a explorar ese acantilado. Era lo único que le había faltado la vez anterior, así que haría eso. Antes de irse, dejó la redecilla recién empezada en la mesita, al lado del sofá, y con toda la disposición dio el primer paso afuera. Casi esperó la visita inesperada de su vecina, pero al igual que el día anterior, no había ningún auto fuera de su casa. Así que asumió que su vecina de hecho no se encontraba en casa. Con más razón, decidió aprovechar y caminar por el mismo camino que ya había recorrido anteriormente.

Al igual que aquella vez, mientras más se internaba en el bosque, más incapaz era de ver hacia fuera. Y aunque podía sentir cómo el bosque se extendía en todas las direcciones, aún así no se sentía preocupada, porque sabía por alguna razón que podría volver, como la última vez. Solo que aunque no lo esperaba, esta vez hubo algo diferente.



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En el texto hay: fantasia, romance, desarrollo personal

Editado: 31.05.2026

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