Devuelta por Mofeta Lila

Capitulo 12: El nudo

Selene, Selene, Selene, Selene.

El nombre de su hermana daba vueltas en su cabeza una y otra vez. Estas personas le sonreían con el nombre de su hermana en sus mentes; por alguna razón, eso le sentaba como una traición. Mientras que, por otro lado, le preocupaba. Ella no era la persona adecuada para dar este tipo de noticias. No hacía mucho había aceptado que Selene no volvería. Aún se ahogaba con el pensamiento. ¿Cómo podría decirle a estas personas —o lo que sea que fueren— que no era esa "Diosa" que esperaban, y que no tenía idea de cómo la habían confundido con su hermana?

Vesta miró el piso de piedra labrada, sintiendo el sabor a cobre aún abundante en su boca, quizá por su mandíbula fuertemente apretada. Aun sin dejar de temblar por la rabia reprimida.

No podía decirlo. Nuevamente, no tenía la valentía de hacerlo. Ya lo había admitido una vez: no tenía la fuerza para aceptarlo de nuevo. No quería ver la decepción en sus ojos también. No en ese soldado amable, y mucho menos, por alguna razón, en el rostro de Saerylien. Quien, por alguna razón, había hablado con ella por más de unos minutos por primera vez desde que había llegado a ese extraño mundo. Por alguna razón.

Quizá porque creía que ella era una salvadora. ¿Qué era Selene?

El silencio se hizo en la escena. Saerylien guardaba sacrosanto silencio mientras seguía con la mirada al soldado. Entonces tomó a Vesta por los hombros e intentó levantarla del suelo. Ella no se resistió mucho, pero tampoco le ayudó a levantarse —no que fuera necesario; esta persona no era menos fuerte de lo que mostró la joven de cabello plateado—. Saerylien la colocó nuevamente en la camilla, mientras Vesta aún miraba el suelo, sin querer mirarle por temor a ver la decepción en sus ojos.

—Señorita, eres mi invitada. No esperamos nada más de tu estadía. Por favor, no tomes sus palabras como talladas en piedra. Esperamos puedas sanar lo más posible antes de marcharte.

—Eso es lo que quieres... ¿Que me vaya lo antes posible? —preguntó Vesta, aún sin mirarle.

—No hay nada que "quiera" en particular.

Y Vesta lo creyó, mientras imaginaba en su rostro esa mirada en blanco que había estado viendo en él desde que llegó. Solo podía imaginarlo, pues no se atrevía a mirar su rostro, que aún causaba en ella un sentimiento de frustración.

Y por alguna razón, decidió que podía decirle a esta persona frente a ella lo que no había dicho hasta ahora.

—No sé cómo volver. No estoy segura de volver tampoco. No hay nada para mí donde estaba.

—En ese caso, siéntete bienvenida a quedarte cuanto desees. Nuestra gente aprecia las visitas, así que haz de este lugar tu hogar.

Pero su tono seguía siendo frío, así que Vesta no pudo tomar en serio sus palabras. No del todo. Aunque existía una pequeña parte de Vesta que se encontraba más relajada por sus palabras, había otra parte inquieta que le decía que estas eran solo palabras amables. No debía tomarlas en serio si no quería llegar a ofenderlos.

Nuevamente, a sus ojos, Saerylien parecía un buen regente, uno bastante frío que decía lo que tenía que decir. Vesta ante esto solo pudo empequeñecerse en su sitio mientras soltaba un suspiro suave, intentando no ser percibida.

Tuvo la sensación de que tuvo éxito, porque pudo escuchar el sonido de la túnica de Saerylien deslizarse hasta la salida. Ella no se atrevió a hacer nada más, solo vio la figura desvanecerse a su paso elegante entre las paredes de ramas que mágicamente formaban un muro. La vista de Vesta no tardó mucho en perderse ante el cansancio, y cerró los ojos.

Vesta aún no le creía —eso era obvio, lo había pensado una y otra vez—, pero no se atrevía a tomar en serio sus palabras. Las había pensado una y otra vez, hasta que se le antojaron como palabras desdeñosas y antipáticas. Vesta ahora estaba segura de haber sentido la antipatía cuando le dijo que no podría irse a casa. Aún continuaba sintiendo que esta persona quería que se fuera.

Aunque ahora lo había descubierto. Había sido en un momento, cuando las otras sanadoras llegaron mientras aún estaba despierta. No era muy común verlas en la enfermería, pues pasaban gran parte de sus días en su invernadero, creando medicinas. O eso le había dicho la mayor de las mujeres con las que había hablado anteriormente. Al parecer, era la única que deseaba acercarse, pues todos los demás sonreían, pero no le hablaban. Vesta comenzó a pensar que se debía a sus estallidos recientes.

Al recordarlo, las mejillas de Vesta se tornaron de color rojo coral. Era vergonzoso pensar siquiera en su extraño comportamiento.

—Deben pensar que soy una lunática.

—Desconocemos tal término —le había dicho Domeli'Ci con una sonrisa mientras cambiaba los vendajes en su brazo.

Vesta se sonrojó aún más al darse cuenta de que nuevamente se había dejado perder en sus recuerdos.

—Quizá es mejor que no lo conozcan. Aunque seguro tienen alguno parecido. ¿Cómo le dicen aquí a los marginados?

Por un segundo, la mujer se detuvo en su tarea y miró el suelo.

—Les llamamos familia. Comprenderás con el tiempo que en cualquier caso siempre es mejor utilizar nuestros nombres. El mío, por ejemplo, es Domeli'Ci. Domeli es mi nombre y Ci es mi ciudad natal.

—Oh —dijo Vesta, tomando en su mente cada señal que Domeli'Ci le dejaba percibir. No pudo evitar un ligero enojo y luego orgullo ante sus palabras. Podía verlo en la forma en que su frente se levantó y sus ojos le miraron fijos, como advirtiendo que no dijera algo equivocado. Vesta se congeló ante la advertencia—. Lo siento, no quise decir nada con ello.

Vesta no lo entendía, pero sentía que debía disculparse. Sus palabras descuidadas habían hecho enojar a una de sus anfitrionas. Domeli: Ci pareció tranquilizarse con la disculpa.

—No, no debes disculparte. Nos es difícil escuchar palabras con tan funesto juicio; es una ofensa para cualquiera que lo escuche. Somos sensibles ante esas palabras. Comprenderás en el futuro que somos más sensibles a ello que muchos otros de nuestra raza.



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En el texto hay: fantasia, romance, desarrollo personal

Editado: 28.06.2026

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