Devuelta por Mofeta Lila

Capitulo 13: Afuera

Vesta despertó al día siguiente de mejor humor de lo que había estado hasta ahora.

Comprendió en ese momento que se había cerrado tanto en su miseria que no estaba notando que su realidad se había convertido en una irrealidad absoluta. Y, por primera vez desde que llegó, se hizo consciente del ruido externo a la enfermería. Podía escuchar el bullicio propio de la gente, pequeños sonidos también, y aunque tranquilo, era solo prueba de la presencia ajena de otros seres parlantes.

Podía ver aún a la pequeña niña dormida en una de las camillas de al lado. Podía escuchar a Domeli'Ci en la habitación de al lado, y aunque no la había notado mucho antes, sabía que atendiendo a la niña se encontraba otra de las mujeres que usualmente permanecía en la enfermería. Enlieri, como la llamaba Domeli'Ci.

Enlieri era bastante callada. Se paseaba por la enfermería con su vestido crema y dejaba flores en cada mesa. A Vesta, personalmente, le dejaba unas de color lavanda que desprendían un olor bastante relajante. Esa mañana, Vesta desde su cama la vio hacerlo y, como nunca antes lo había hecho, le dijo:

—Hola —dijo con una sonrisa, sorprendiendo a la mujer, quien bellamente se lanzó hacia atrás y, tratando de pretender tranquilidad, le sonrió, evitando hacer demasiado contacto visual.

—Me gusta el olor de las flores que me dejas. Gracias.

Una bella sonrisa le fue dejada a Vesta como agradecimiento.

Esperaba que te ayudaran a sentirte cómoda y de mejor humor.

Vesta pensó que al parecer había dejado una impresión bastante negativa en los habitantes del lugar. De inmediato pensó en cómo había estallado en presencia de la niña, del joven guardia, de la mujer plateada e incluso con Saerylien —aunque dudaba que fuesen injustificadas sus reacciones frente a él—. Aun así, reconoció que tal vez no había sido una buena invitada para estas personas, que parecían caminar sobre cáscaras de huevo en su presencia. A Vesta no le gustó ese pensamiento, pero comprendió que lo más probable era que esa fuera la razón. No querían hacerla molestar.

Eran demasiado amables con ella. O quizá estaban aterrorizados. Por alguna razón.

—Creo que ahora estoy de mejor humor —dijo con calma, tratando de no pensar demasiado en esa última idea.

Vesta recibió una sonrisa sincera y menos cuidadosa.

Enlieri caminó hasta la camilla vacía donde se encontraba la pequeña niña, que aún no despertaba. Dejó unas flores delgadas de largos tallos y, sin tocar a la niña, acomodó de manera impoluta las sábanas en las que yacía, como rezando por su despertar. No sabía cómo había llegado a esa conclusión, pero dentro de ella lo sabía: el corazón de Enlieri cantaba bellamente por el despertar de la niña y deseaba con su voz traerla a la luz.

Vesta no pudo mantener sus ojos alejados de un ritual tan bello. Y, de alguna manera, tan triste. Era como si no solo Enlieri, sino todos estuviesen rezando junto a ella. Podía saberlo por el zumbido suave y musical que, como coros de iglesia, parecía llegar hasta la enfermería.

Todos rezaban por el despertar de su miembro más pequeño y débil. Y eso llenó sus ojos de lágrimas. Tenía tantas preguntas —por primera vez desde que había llegado—, pero no quería interrumpir el ritual.

No supo cuánto tiempo pasó, pero los cantos suaves se detuvieron y la luz pareció más cálida de manera repentina. Eso y ver a Enlieri apartarse de la niña le hizo darse cuenta de que el ritual ya había acabado.

—¿Enlieri? ¿Cómo se llama la niña?

—Lyrica. Ya conociste a Lorica; es su hermana gemela. Es bastante enérgica.

—La conocí, de hecho. Sin embargo... no estoy segura de poder preguntar. Aun así... ¿Qué fue eso? Me refiero a ese canto.

—Oh, ¿te refieres a la plegaria? Es nuestro ruego a las estrellas para que Lyrica pueda despertar pronto. Usualmente es Sylviene quien hace el rezo, pero me ha estado enseñando a invocar la luz de las estrellas. Hoy, por primera vez, lo intenté yo sola. El día anterior fue Sylviene quien me guio.

Así que no es algo nuevo. Lo han estado haciendo todos los días, asumió Vesta.

—¿Todos los días ruegan por que ella despierte?

—Todos los días —dijo suavemente, mientras miraba nuevamente a su pequeño miembro.

Llevaba ya varios días en la enfermería, pero la realidad es que no había estado despierta todo el tiempo. ¿Cómo se había perdido algo como esto? La intriga de Vesta no hacía más que crecer ante el evento. Pues ella recordó algo bastante similar que le había dejado sin energía, el mismo día que Lorica le había gritado.

—¿No te quedas sin energía?

—Oh no, me quedo sin energía si lo hago sola. Pero cada día a esta hora rogamos por ella; nuestras voces en conjunto no permiten que me canse. Pero sé a qué te refieres. He leído sobre ello —concedió de manera tranquila, como si no fuese muy preocupante.

No por primera vez, Vesta se dio cuenta de que quienes fueran estas personas no eran humanas. Y aunque hasta este momento no hubiese tenido la energía para sorprenderse, ahora que había comido y dormido, no podía menos que darse cuenta de que yacía en una especie de tribu, un pueblo mágico con criaturas mágicas. Recordó que no había manera contraria de describir esas medusas de fuego, aunque ese lobo helecho que había visto antes la impresionó bastante.

Vesta se preguntó cuánto podría haberse perdido en estos días, en los que solo había mirado el techo de la enfermería y el suelo de vez en cuando.

Es increíble cómo su cansancio le había hecho obviar tanto.

—Me gustaría salir.

—Oh, señorita... —No supo por qué, pero Vesta vio el rostro de Enlieri transformarse en duda y nerviosismo.

—Déjala —dijo Domeli'Ci entrando en la enfermería con un trapo en mano.

—Pero... Domeli'Ci... El rey dijo...

Aunque Enlieri no terminó la frase, el entrecejo de Vesta se frunció. ¿Quién era ese "rey" para decidir si podía o no podía hacer algo?



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En el texto hay: fantasia, romance, desarrollo personal

Editado: 28.06.2026

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