Abrazo mi bolso contra el pecho, buscando sentirme un poco más segura dentro del vehículo. Todo huele a él: cuero y menta. El aroma me embriaga, invadiendo mis sentidos, veo de reojo su mano sobre el volante, su piel repleta de tatuajes, sus brazos son el doble de los míos, su cuello que también está plasmado de tinta negra, su mirada fija al frente me hace sentir aún más ansiosa, aunque tengo mi cuerpo rígido intentando parecer tranquila no hay nada de eso en mi, quiero llamar a mi jefe y que comience una balacera solamente pasa sacarme de este lugar.
– Siento tus ojos sobre mí, sabes. – su rostro apenas gira hacia mí y siento el rubor subir por mi cuello hasta mis mejillas.
– Bueno, considerando que estoy aquí en contra de mi voluntad, sería raro que no te mirara, ¿no crees? – da una sonrisa de lado, bien parece que está situación es totalmente normal para él, seguro lo hace con todas las mujeres que intenta conquistar pero eso no va a funcionar conmigo.
– No es exactamente lo que dije pero estoy conforme con tus ojos sobre mí, Devyn. – su sonrisa se ensancha y mi nombre en su boca no me gusta.
– ¿Cómo sabes mi nombre? – Igor hizo que nuestros nombres no aparezcan en el sistema, por qué si en algún momento teníamos alguna emergencia cada uno en Casa Blanca estábamos limpios.
Una sonrisa sigue en su rostro, se que está disfrutando esto, pero mi paciencia tiene un límite.
– Sé a quién puedo preguntar muñeca. – rodando los ojos decido fijar mi vista en la carretera, seguimos en el centro de la ciudad pero no sé dónde vamos, aunque mi pistola no está conmigo se que puedo defenderme y él también.
Solamente pasaron un par de minutos en silencio antes de que él abriera su maldita bocota.
– ¿No quieres saber dónde iremos? – volteo un poco mi cuello, él parece un niño contento yendo de paseo.
– Voy a hacerlo fácil para ti. Si no me llevas a mi departamento en este momento clavaré lo que sea que encuentre en tu muslo. – sus cejas se alzan pero no dice nada, cada vez estamos más lejos de mi complejo de departamentos y se que está noche va a ser muy larga.
Una vez él estaciona su camioneta, intento saltar fuera de ella pero está cerrada, de mi garganta sale un gruñido de enojo porque quiero irme a casa, darme una maldita ducha y dormir.
– No… No… No. Imposible que deje que te vayas tan rápido de mi vista, Devyn. – su voz a mi espalda suena algo insegura así que me giro y sus ojos están puestos en sus manos que sostienen el volante con total rigidez que sus nudillos ya están blancos.
– ¿Qué es lo que quieres? – mi voz sale en un susurro. y el mira mis ojos con total intensidad que quiero salir corriendo, siento que puede leerme absolutamente todo lo que pienso. no sé si será el peculiar rojo sangre o simplemente el que me tiene nerviosa.
– Me acompañarás a un lugar, será divertido pero vas a tener que escuchar absolutamente todo lo que diga, Devyn. – mis hombros se ponen rígidos. – este lugar no es un espacio para cometer errores.
Su mano derecha acaricia mi mejilla y acomoda mi cabello detrás de mi oreja, un escalofrío me recorre el cuerpo.
– Si cometes un error, por mínimo que sea, serás castigada, Devyn. Y aunque sería muy feliz de ser quien lo haga este lugar no funciona así ¿entiendes? – mi rostro se siente caliente pero digo que sí porque no creo que mi voz funcione en este momento.
– ¿Qué tipo de castigos? – miro un poco el lugar donde estamos pero parece ser un depósito de chatarra pero se que es solo una fachada.
Su mano acaricia mi oreja y baja hacia mi cuello, sus ojos parecen negros con la poca luz en el estacionamiento.
– Depende del error, pero el último de todos es la muerte muñeca. si cometes un error es probable que mueras.
Mi pecho sube y baja con respiraciones irregulares solo por su leve toque, su mano sigue viajando más abajo y la coloca sobre el latido de mi corazón, una sonrisa lobuna en su rostro.
– Crees poder hacerlo o apenas abra la puerta de mi auto comenzarás a correr.
– No me das opciones ¿verdad? – trago saliva y fijo la vista en su mano sobre mi pecho, su pulgar trazando círculos justo donde mi corazón late demasiado rápido.
– Que inteligente eres muñeca.
Escucho el click de las puertas abriéndose y se que no tengo oportunidad de salir corriendo porque no sé dónde estamos aunque haya prestado atención a la carretera, tampoco voy a huir como una cobarde solo por una amenaza de mierda. Camino tras de él y noto como está elegante y yo sencillamente con ropa deportiva mi pelo revuelto, no creo que parezca que pertenezco a este lugar, donde quiera que sea.
– Solo quédate cerca de mi y no hables ¿entendido Devyn? – que siga diciendo mi nombre hace que mi corazón se salte un latido.
Un hombre y una mujer vestidos iguales con un traje y zapatos toman un sobre que Aaron les entrega, al parecer ellos lo leen con una especie de escáner y sus ojos se dirigen a mí, su desprecio impreso en sus rostros.
– Ella viene conmigo, no va a causar ningún problema muchachos. – abraza mis hombros y me acerca a él, su sonrisa es totalmente falsa al igual que su voz amigable.
La mujer de pelo negro azabache abre la puerta detrás de ella. Aaron camina delante de mí pero me toma de la mano para que lo siga, mi decepción es total cuando, en lugar de algo lujoso solo veo chatarra, autos en mal estado, metales y cosas oxidadas que ya no se descifrar que son. Su mano me da un apretón y comienzo a caminar más rápido, hay un camino entre la chatarra y entramos a otro salón.
Luces doradas y rojas decoran el lugar. Una especie de casino clandestino se abre frente a mis ojos, mujeres con vestidos diminutos y hombres peligrosos llenan el sitio. con mi vestimenta me siento fuera de lugar pero la mano de Aaron en mi hizo que vuelva a centrarme.
– Si esto va bien solo estaremos aquí una partida y nos vamos, pero necesito que te quedes en la barra y solo observes a la persona que te señale ¿entendido? – su voz bajó unos tonos y me miró totalmente serio, está vez supe que no estaba jugando conmigo y si algo salía mal los dedos íbamos a estar en problemas.
Editado: 19.02.2025