**Nico**
La tarde había transcurrido entre la tensión de los muelles y el rastro de la pólvora, pero nada me preparó para el encuentro en The Exchange. Marcus y yo estábamos trabajando cuando Liam se nos unió. Apenas habíamos empezado a repasar los informes cuando el aire del local se volvió pesado.
Los porteros apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de que el viejo Sterling irrumpiera en la zona VIP. Venía con el odio destilado en la mirada. No podía olvidar lo que le hice a su hijo, Tristán. No me arrepentía; le había dado la paliza de su vida por intentar abusar de Siobhan, y si volviera a nacer, le rompería los mismos huesos otra vez.
El viejo se detuvo frente a mí, ignorando el entorno, con el rostro congestionado por la rabia.
—Tú —escupió, señalándome—. Te crees muy valiente porque tienes el respaldo de los O'Shea, pero no eres más que un animal. Has dejado a mi hijo marcado de por vida, Petrova. Si crees que esto va a quedar así, no conoces a los Sterling.
Me mantuve firme, con las manos en la espalda y los músculos en tensión, listo para lo que fuera. Pero antes de que pudiera abrir la boca, Liam dio un paso al frente, interponiéndose entre nosotros con una frialdad que helaba la sangre.
—Cuidado con cómo le hablas a mi gente en mi propia casa, Sterling —dijo Liam, con voz pausada pero letal—. Tu hijo recibió lo que se buscó. Si intentas tocar a Nico, estarás declarándole la guerra a toda mi organización. Piénsalo dos veces antes de dar un paso en falso.
El viejo Sterling soltó una carcajada amarga, sin dejarse amedrentar por la amenaza de Liam.
—Puedes protegerlo aquí, O'Shea, pero no puedes estar con él las veinticuatro horas. Voy a ir a por él. Tarde o temprano, ese perro pagará por lo que le hizo a Tristán.
La mirada de Liam se endureció. Sabía que el viejo hablaba en serio y que, tras el atentado del almacén, no podíamos permitirnos otra baja. Liam se giró hacia mí, y aunque sus palabras fueron de protección, sonaron como una sentencia.
—Nico, se acabó. No voy a dejar que te cacen en la calle como a un animal —sentenció Liam—. Te quiero encerrado. Vas a ir ahora mismo a tu apartamento, al 45.
—Liam, puedo cuidarme solo... —empecé a protestar, pero él levantó una mano, cortándome en seco.
—No es una sugerencia. Es una orden. Te quedarás en el edificio. Tienes prohibido cruzar la puerta de la calle. Solo tienes permitido moverte entre tu planta y el ático de arriba, bajo mi supervisión. No saldrás de aquí hasta que las cosas con los Sterling se enfríen y yo sepa que no hay un francotirador esperándote en la esquina. ¡Muévete!
Apreté los dientes. Me dio el apartamento 45 para tenerme cerca, y ahora ese lujo se convertía en mi celda de oro.
Salí de The Exchange escoltado por Marcus hasta el coche. Mientras subía por el ascensor hacia mi planta, el mensaje de Siobhan sobre repetir la noche quemaba en mi bolsillo. Estaba a salvo de los Sterling, sí, pero encerrado en una jaula.
Estaba de pie junto al ventanal del ático, con Marcus a un lado y Liam frente a mí, terminando de repasar el plan de seguridad. El ambiente era denso, cargado con el humo de los puros de Liam y la tensión que el viejo Sterling había dejado en el aire. En ese momento, la puerta del ascensor se abrió y aparecieron mi hermana y Siobhan.
Venían riendo, con bolsas de compras y ese brillo en los ojos que solo tienen cuando logran desconectar del mundo real. Pero la risa se les murió en los labios al ver nuestras caras.
—¿Qué pasa ahora? —preguntó Elena, dejando las bolsas en el suelo—. Tenéis cara de estar planeando un funeral.
Liam no anduvo con rodeos. Con esa voz de mando que no admitía réplicas, les informó de la visita del viejo Sterling a The Exchange y de la amenaza directa de muerte contra mí.
—Nico se queda aquí —sentenció Liam, mirándolas a ambas—. Estará encerrado en el apartamento 45. No quiero que ponga un pie fuera del edificio hasta que yo mismo neutralice a los Sterling.
Siobhan me miró, y vi el pánico y la rabia luchando en sus ojos. Liam se giró hacia ella con autoridad.
—Y tú, Siobhan, vuelves a la mansión con tus padres ahora mismo. Allí estarás más segura.
—No puedo, Liam —respondió ella de inmediato, cruzándose de brazos—. Papá y mamá salen mañana de viaje con Maya. Para no quedarme sola en esa casa enorme, me voy a quedar aquí con Elena y contigo en el ático.
Liam suspiró, frotándose el puente de la nariz. Sabía que no podía obligarla si la mansión iba a estar vacía.
—Está bien. Pero no dormirás en el ático, hay demasiada gente entrando y saliendo. El apartamento 43 está libre. Te instalarás allí. Estarás bajo mi techo, pero con tu propio espacio.
Sentí una descarga de adrenalina. Ella en el 43, yo en el 45. Solo un piso de diferencia. Dos plantas de hormigón y una escalera de incendios nos separarían.
Siobhan no dijo nada más, pero su teléfono vibró en su mano casi al mismo tiempo que el mío en mi bolsillo. Aproveché que Liam se giraba para hablar con Marcus para leerlo.
Siobhan: "No pienso separarme de ti, Nico. Dos pisos no son nada. Voy a buscar la forma de estar contigo esta noche, me da igual lo que diga mi hermano."
Apreté los dientes. Amaba su fuego, pero la situación era crítica. Si nos pillaban ahora, con Liam en alerta máxima, no habría lugar donde escondernos.
Nico: "Ten paciencia, nena. Por favor. Liam está con los ojos en todas partes y Marcus no es tonto. No te arriesgues todavía. Déjame pensar algo. Te quiero a salvo."
Vi cómo Siobhan leía el mensaje desde el otro lado de la sala. Soltó un resoplido sonoro, cargado de frustración, y me lanzó una mirada que prometía problemas antes de girarse y marcharse hacia la cocina sin decir una palabra.
Me quedé allí, bajo la vigilancia de Liam, sabiendo que la paciencia no era precisamente una de las virtudes de Siobhan O'Shea, y que esta noche, el edificio se iba a quedar muy pequeño para los dos.
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Editado: 10.03.2026