**Nico**
Cinco semanas. Ese fue el tiempo que mi cuerpo necesitó para sellar la carne y convertir la debilidad en puro odio concentrado. Cada mañana en el gimnasio del edificio, cada largo en la piscina sintiendo el tirón del pulmón dañado, no pensaba en "encontrarme a mí mismo" ni en terapias de pacotilla. Pensaba en el brillo del acero y en el sonido de un hueso rompiéndose.
Siobhan no me había buscado, y yo no la había llamado. Ella estaba ocupada con sus espejos y sus libros; yo estaba ocupado con la pólvora.
La noche del ataque al chalet de los Sterling fue de una precisión quirúrgica. No hubo sirenas, solo sombras moviéndose bajo la luna. Cuando derribamos las puertas, no buscábamos dinero ni documentos. Buscábamos justicia Petrova.
Ahora, en el centro del gran salón del chalet, el silencio era aterrador. Liam estaba sentado en un sillón de cuero, relajado, observando la escena con la frialdad de un rey. Marcus permanecía a su lado, como un bloque de granito. Y en el suelo, frente a mí, estaba Tristán Sterling.
No me contuve. No había espacio para la piedad cuando recordaba el frío del quirófano. Le propiné una paliza sistemática, lenta. Cada golpe que aterrizaba en su rostro era por Elena, por mi madre y por cada segundo que pasé pensando que moriría sin haber vivido lo suficiente. Tristán intentaba cubrirse, pero yo era una máquina de demolición.
—¡Basta, por favor! —chilló el viejo Sterling desde una silla, donde estaba atado, obligado a ver cómo destrozaba a su heredero.
Me detuve un segundo, con los nudillos manchados de sangre y la respiración pesada, pero firme. Me giré hacia el viejo, que temblaba como una hoja.
Liam se levantó lentamente, caminando hacia el patriarca de los Sterling. Se inclinó hacia él, con esa calma letal que hacía que hasta el aire se congelara.
—Te lo advertí —susurró Liam, y su voz cortaba más que cualquier cuchillo—. Te dije exactamente lo que pasaría si tocabas a uno de los míos. Pensaste que Nico era un eslabón débil, que podrías enviarlo a una caja y que nosotros nos esconderíamos.
Liam señaló a Tristán, que gemía en el suelo.
—Mira a tu hijo. Míralo bien. Porque esto es solo el principio de lo que significa cruzar la línea con los O'Shea y los Petrova. Nico no solo está recuperado... Nico tiene mucha hambre acumulada.
Sentí la adrenalina recorriendo mis venas. La cicatriz de mi pecho dio un latido, una punzada de calor. Por fin, después de semanas de silencio y hospitales, me sentía dueño de mi propio destino. El mundo de Siobhan y sus límites civilizados se sentía como un sueño lejano y absurdo. Esta era mi realidad. Sangre por sangre.
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Editado: 10.03.2026