Diamantes negros: El contrato del ático

30 El blindaje de los O'Shea

**Elena**

El ático se sentía inmenso y extrañamente vacío tras la salida de Nico, Marcus y Sofía. El eco de la puerta al cerrarse aún resonaba en mis oídos, marcando el inicio de una noche que prometía ser larga. Me acerqué a Siobhan, que seguía hundida en el sofá, despojada de toda esa armadura de soberbia que solía lucir como un uniforme.
​Me senté a su lado, con cuidado, sintiendo la mirada de Liam desde el otro extremo del salón. Él permanecía en silencio, observando la escena con esa mezcla de desapego y análisis clínico que lo caracterizaba.
​—Siobhan, mírame —le dije, bajando el tono de voz para que solo ella me escuchara—. Tienes que parar. Este camino solo te va a llevar a estrellarte contra un muro.
​Siobhan levantó el rostro, con los ojos enrojecidos y el rímel ligeramente corrido. No quedaba ni rastro de la mujer que gritaba hace apenas unos minutos.
​—No es como los demás, Elena —susurró ella, con la voz quebrada.
​—Lo sé. Ese es precisamente el problema —respondí, tomándole una mano que sentí gélida—. Nico no es como los chicos que sueles frecuentar. No es un artista que busca tu mecenazgo ni un heredero que busca tu apellido. Nico es... es alguien que ha tenido que luchar por cada centímetro de respeto que tiene. No puedes jugar con él, porque él no sabe jugar.
​Siobhan soltó un sollozo ahogado, ocultando de nuevo su rostro.
​—Escúchame —insistí, apretando su mano—. Vuelve con Mateo. Sigue viendo a tu amigo hippie, a tu artista. Él es tranquilo, es predecible, te adora y no te hará daño. Deja de pensar en Nico. Sácalo de tu cabeza antes de que sea tarde. Por tu bien, y por el de él.
​Siobhan se irguió de golpe, apartando su mano de la mía con una urgencia que me asustó. Me miró a los ojos con una fijeza desesperada, casi febril.
​—No puedo, Elena —dijo, y su voz ya no temblaba; era una sentencia—. He intentado estar con Mateo, he intentado que me importe su arte y su paz, pero cada vez que cierro los ojos, veo a Nico. Siento esa forma en la que me mira, como si fuera una molestia necesaria. No puedo dejar de pensar en él. Me quema por dentro.
​Me quedé helada. No era un capricho pasajero de una niña rica. Era una obsesión que estaba empezando a echar raíces en su alma. Giré la cabeza hacia Liam, buscando en él alguna señal de sorpresa o de desaprobación.
​Liam estaba apoyado contra la barra del bar, con una copa de cristal en la mano y la mirada fija en su hermana. No se movió. No cambió su expresión de mármol. Simplemente asintió con un gesto imperceptible de la cabeza, confirmando mis peores temores.
​Él ya lo sabía. Liam había visto la grieta en Siobhan mucho antes que yo, y lo que era más aterrador: sabía que no había forma de cerrarla. Mi hermano se había convertido en el centro del mundo de una O'Shea, y en esta familia, cuando alguien quiere algo, no se detiene hasta que lo consigue o lo destruye.
El silencio que siguió a la confesión de Siobhan era tan denso que casi podía palparse. Me quedé mirando a mi cuñada, viendo en sus ojos una desesperación que no encajaba con la frialdad habitual de los O'Shea. Era la mirada de alguien que, por primera vez, deseaba algo que el dinero no podía comprar: el alma de mi hermano.
​Liam dejó su copa sobre la barra de mármol. El sonido del cristal chocando contra la piedra fue como un martillazo final. Se acercó a nosotros, caminando con esa elegancia depredadora que siempre me hacía contener el aliento, y se detuvo frente a su hermana.
​—Escúchame bien, Siobhan —dijo Liam, y su voz no tenía rastro de la burla anterior. Era una orden seca, despojada de emoción—. Tienes que aceptar la realidad. Nico no siente lo mismo por ti. No eres su tipo, no eres su prioridad y, claramente, no eres la persona que hace que sonría cuando mira su teléfono.
​Siobhan soltó un jadeo, como si Liam la hubiera golpeado físicamente.
​—¡Tú no sabes lo que él siente! —replicó ella, intentando recuperar su máscara de orgullo.
​—Lo sé mejor que tú —sentenció Liam, inclinándose un poco hacia ella—. Porque yo lo elegí. Yo lo traje a este mundo y yo sé qué clase de acero tiene en las venas. Nico valora la lealtad y la discreción. Tus numeritos de celos solo consiguen que te vea como una niña malcriada. Respeta su espacio y respeta que no eres el centro de su universo.
​Siobhan se puso en pie de un salto. Sus ojos chispeaban con una mezcla de humillación y furia ciega. Nos lanzó una última mirada cargada de resentimiento, agarró su bolso de diseño y salió del salón a zancadas, sin decir una sola palabra. El portazo que dio al salir de la suite retumbó en todo el ático.
​Me quedé mirando la puerta cerrada, sintiendo una opresión en el pecho. Me giré hacia Liam, que ya estaba relajando los hombros y volviendo a su copa de whisky.
​—Liam, esto me preocupa —admití, acercándome a él—. Siobhan no se va a rendir. No está acostumbrada a que le digan que no, y mucho menos por alguien que ella considera "inferior". Me da miedo que intente hacerle daño a Nico para llamar su atención... o que Nico pierda los papeles con ella.
​Liam me rodeó la cintura con un brazo, atrayéndome hacia él. Su cercanía siempre lograba calmar mis nervios, pero esta vez la inquietud persistía.
​—Tranquila, Elena —murmuró contra mi sien, con esa seguridad absoluta que a veces me aterraba—. Nico ya no es el chico de la panadería que necesitaba que lo protegieras. Hoy lo he visto en acción. He visto cómo se mueve, cómo piensa y cómo maneja la presión.
​—Es mi hermano, Liam. No quiero que se vea envuelto en los juegos mentales de Siobhan.
​—Confía en él —respondió Liam, mirándome fijamente a los ojos—. Nico sabe perfectamente dónde está metido. Si algo me ha demostrado hoy es que sabe llevar las situaciones difíciles mejor que muchos de mis hombres veteranos. No dejará que Siobhan lo desestabilice. Si acaso, será ella la que termine rompiéndose contra él.
​Me apoyé en su pecho, cerrando los ojos. Liam confiaba en Nico, pero yo conocía a mi hermano; sabía que tras esa nueva fachada de guerrero seguía habiendo un corazón que no estaba acostumbrado a la crueldad gratuita de los O'Shea. Mientras tanto, en algún lugar de la ciudad, Nico estaba con Marcus y Sofía, adentrándose en una noche que yo no podía controlar.




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