Diario De La Hija Del Pastor

PRÓLOGO?

Hay cosas que no empiezan cuando crees.

Empiezan mucho antes, en detalles tan pequeños que nadie los nota.
En gestos que parecen normales.
En palabras que no deberían incomodar... pero lo hacen.

Yo crecí creyendo que lo entendía todo.

La fe.
La obediencia.
El orden de las cosas.

En la iglesia de mi padre, todo tenía un lugar. Todo tenía una explicación. Y cuando algo no la tenía, simplemente... no se cuestionaba.

Así funcionaba.

Así debía funcionar.

Durante años, no tuve razones para dudar.

Hasta que empecé a ver.

No fue algo grande.
No fue un escándalo.
Ni siquiera un error evidente.

Fue una sensación.

Como si algo no encajara del todo.
Como si hubiera una grieta tan fina que solo podía percibirse si uno se detenía demasiado tiempo a mirar.

Y yo miré.

Miré cuando otros bajaban la cabeza.
Escuché cuando las conversaciones se interrumpían.
Y entendí... aunque nadie lo dijera.

La iglesia no era lo que parecía.

Mi padre... tampoco.

No sé en qué momento dejé de sentirme segura en mi propia casa.
No sé en qué momento empecé a cuestionar todo lo que me enseñaron.

Pero sí sé esto:

El día que encontré la verdad, no sentí miedo.

Sentí claridad.

Y eso fue peor.

Porque el miedo se puede ignorar.
Se puede esconder.

La verdad no.

La verdad se queda.

Se instala en cada pensamiento, en cada mirada, en cada palabra que ya no suena igual que antes.

Desde ese día, nada volvió a ser lo mismo.

Ni la iglesia.
Ni mi familia.
Ni yo.

Porque hay algo que nadie te dice sobre la fe—

No es difícil creer cuando todo parece correcto.

Lo difícil...
es decidir qué hacer cuando descubres que no lo es.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.