Diario De La Hija Del Pastor

CAPITULO 1?

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A veces olvido que no soy como los demás.

No de verdad.

Solo hasta que alguien me mira demasiado.

O cuando comentan algo que no me debería de importar. Pero lo hace

O cuando me doy cuenta de que están esperando que diga lo correcto, que actúe como debería... que sea lo que ya decidieron que soy.

Supongo que es normal.

Ser la hija del pastor no es algo que pase desapercibido.

Nunca lo ha sido.

Llevamos años en la iglesia. Suficientes como para que todos sepan mi nombre, cómo visto, cómo hablo, incluso cómo debería comportarme.

Y lo hacen.

Lo saben.

A veces mejor que yo.

No es que me moleste todo el tiempo.

Hay días en los que simplemente... no lo pienso.

Me levanto, voy a la iglesia, saludo, sonrío, escucho, asiento. Todo en automático. Como si ya estuviera programado todo en mi día.

Es fácil cuando no lo cuestiono.

Cuando solo sigo el mismo patrón de hace años que se ha ido repitiendo

Pero hay otros días.

Días en los que me doy cuenta.

En los que siento cada mirada.

En los que pienso demasiado en lo que me pongo antes de salir, no porque me guste, sino porque sé que alguien va a notar si cambio algo.

En los que evito decir ciertas cosas, aunque quiera decirlas.

En los que me pregunto si realmente soy así...
o si solo me acostumbré a serlo.

Los líderes siempre dicen que somos ejemplo.

Que la gente observa.

Que nuestras acciones hablan. Y tiene sentido y se que de verdad lo tiene.

Siempre lo he creído.

Pero a veces...

cansa.

No poder simplemente estar. Sin pensar. Sin medir. Sin sentir que cada cosa que hago tiene que encajar con algo más grande.

No es culpa de nadie.

O eso intento decirme.

La iglesia es así.

La gente es así.

Y yo... soy parte de eso.

Aun así, hay momentos pequeños... muy pequeños... en los que quisiera desaparecer

Simplemente... no ser vista por un rato.

No ser "la hija del pastor".

Solo ser yo.

Pero ni siquiera estoy segura de quién es esa versión.

Por otra parte también están las miradas.

Esas que dicen más que cualquier palabra.

Las que observan demasiado... y callan justo cuando deberían hablar.

No sé si siempre fue así.

O si yo estoy empezando a verlo ahora.

Tal vez el problema no es la iglesia.

Tal vez es la gente.

O tal vez...

nunca fue tan perfecta como pensé.

Porque hay cosas que no encajan.

Pequeñas.

Fáciles de ignorar si no te detienes demasiado.

Conversaciones que cambian de dirección sin razón.
Personas que evitan mirarse entre sí.
Sonrisas que duran lo justo... y desaparecen.

El pastor dice que la verdad es clara.

Que no se esconde.

Que cuando algo viene de Dios, no necesita disfraz.

Pero entonces...

¿por qué hay tantas cosas que se sienten... ocultas?

Tal vez no es nada.
Tal vez todo tiene una explicación.
Tal vez soy yo la que está viendo cosas donde no las hay.

O tal vez...

solo estoy empezando a ver.

A ver sin lo que me enseñaron.
Sin lo que se supone que debo creer.
Sin esa capa de palabras correctas, sonrisas medidas y fe que suena bien... pero no siempre se siente real.

Porque hay algo en todo esto que no es limpio.

No como debería ser.

Se siente cubierto.
Disfrazado.
Como si la verdad estuviera ahí... pero envuelta en algo que la hace irreconocible.

En una fachada de pureza.
En una fe que, a veces, parece más ensayada que vivida.

Y lo peor no es eso.

Lo peor es que nadie lo dice.

Nadie lo cuestiona.

Nadie parece querer verlo.

...

Y no sé qué es más peligroso—

seguir creyendo que todo está bien...

o darme cuenta de que tal vez nunca lo estuvo.




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