Diario De La Hija Del Pastor

CAPÍTULO 7?

NOTA: Gracias por darle una oportunidad a esta historia...sobretodo por que es diferente y se que incluso el titulo de la misma pueda generar algun tipo de conflicto en lectores que saben o tienen algun conocimiento referente al aspecto espiritual..asi que agradezco el darle una oportunidad....Tambien queria pedir si podrian apoyar a esta historia y las demas que son de mi autoria en las siguientes redes:

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Instagram:briseida_383

Les quedaria totalmente agradecida, por alla subimos adelantos y muchas sorpresas mas....

AHORA SI...DISFRUTEN LA LECTURA..

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«Y llegó el día en que el riesgo de permanecer encerrada en un capullo fue más doloroso que el riesgo de florecer.»

Anaïs Nin

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El miércoles llegó otra vez con una puntualidad que empezaba a parecerme ofensiva.

Habían pasado varios días desde el último culto juvenil. Desde aquella conversación con Caleb. Desde sus preguntas, sus medias sonrisas y aquella absurda seguridad con la que había dicho que quería descubrir qué escondía realmente la hija perfecta del pastor.

Nada había ocurrido después de eso.

Y, sinceramente, lo agradecía.

No había vuelto a verlo.

Ni en la iglesia.

Ni en las calles del pueblo.

Ni por accidente, como parecía haber sucedido las veces anteriores.

Una parte de mí encontraba aquello tranquilizador.

La otra, por supuesto, se negaba a admitir que quizá había esperado verlo alguna vez.

Pero no pensaba darle demasiadas vueltas al asunto. Tenía problemas mucho más cercanos. Mucho más insistentes. Y, desafortunadamente, uno de ellos compartía mi apellido.

Mi padre.

Desde aquella reunión del domingo algo había cambiado.

No de manera brusca. Él nunca hacía nada de manera brusca. Mi padre tenía una habilidad particular para introducirse en la vida de las personas sin que uno se diera cuenta exactamente en qué momento había dejado de tener espacio para respirar.

Primero fueron comentarios. Después sugerencias. Luego indicaciones. Y, finalmente, órdenes disfrazadas de consejos.

—Victoria, cuando saludes a las hermanas mayores debes detenerte un poco más.

—No olvides preguntar por sus familias.

—Una futura líder debe aprender a escuchar.

—No camines tan rápido cuando estés dentro de la iglesia.

—Debes aprender a observar.

—Vístete mejor.

—Ese color es demasiado llamativo.

—Ten cuidado con la manera en que respondes.

—No pongas esa expresión cuando alguien te habla.

—Sonríe un poco más.

—No tanto.

—Mantén la espalda recta.

—No cruces los brazos.

—Aprende quiénes son las personas importantes.

—Algún día tendrás que saber cómo funcionan las cosas.

Y eso solo había ocurrido durante los últimos días.

Ni siquiera había llegado el siguiente domingo.

A veces me preguntaba si mi padre llevaba años preparando mentalmente una versión diferente de mí y simplemente había decidido que ya era hora de comenzar a construirla.

Lo más agotador era que no parecía entender por qué todo aquello me molestaba.

Para él, estaba ayudándome.

Preparándome.

Enseñándome.

Pero nadie le había preguntado si yo quería aprender.

Nadie me había preguntado si quería ser preparada para algo.

Mi futuro parecía una habitación en la que todos podían entrar, mover los muebles y decidir dónde colocar cada cosa.

Todos menos yo.

Para cuando llegó el miércoles, mi cabeza estaba a punto de explotar. Y lo peor era que apenas eran las diez de la mañana.

Por eso, cuando me encontraba sentada en el salón de clases, escuchando a la profesora hablar sobre algo que probablemente debería haberme interesado, sentí una especie de alivio absurdo.

Era curioso. El colegio no era precisamente mi lugar favorito. Pero al menos allí mi padre no podía seguirme de un pasillo a otro diciéndome cómo debía caminar.

La profesora continuaba hablando frente a la clase mientras varias alumnas escribían en sus cuadernos. Otras fingían hacerlo. Una de ellas, sentada junto a la ventana, llevaba casi diez minutos mirando hacia afuera con una expresión tan perdida que empecé a preguntarme si siquiera recordaba dónde estaba.

No podía culparla.

Yo tampoco estaba completamente allí.

Mi lápiz se movía sobre el papel.

Una línea.

Otra.

Y otra más.

Ni siquiera sabía qué estaba dibujando.

Solo necesitaba mantener las manos ocupadas.

La voz de mi padre seguía apareciendo en mi cabeza.

Debes hacer esto.

No hagas aquello.

Así no se saluda.

Victoria, debes aprender.

Victoria, ten cuidado.

Victoria, observa.

Victoria, recuerda quién eres.

Era precisamente eso lo que empezaba a preocuparme. Que todos parecían recordar perfectamente quién se suponía que yo era.

Todos menos yo.

Solté un suspiro y apoyé la mejilla sobre una de mis manos.

El timbre sonó antes de que pudiera continuar con mis pensamientos.

El ruido de las sillas arrastrándose por el suelo llenó inmediatamente el salón. Algunas chicas salieron antes de que la profesora terminara de guardar sus cosas y otras comenzaron a conversar como si hubieran estado conteniendo las palabras durante horas.

Yo cerré el cuaderno.

Bianca apareció junto a mi pupitre antes de que pudiera levantarme.

—Tienes cara de haber cometido un crimen.

Levanté lentamente la mirada.

—Buenos días para ti también.

—No, en serio.

Se inclinó un poco hacia mí.

—¿Qué hiciste?

—Nada.

—Entonces alguien murió.




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