Diario De Un Ingeniero MecÁnico En Otro Mundo

EL PRINCIPE MARGINADO

Oscuridad.
Eso era lo último que recordaba.
Oscuridad… y luego el impacto.
Un golpe seco.
Dolor.
Y después…
Nada.

Frederic abrió los ojos de golpe.
— ¡Hah—!
El aire entró violentamente en sus pulmones.
Su pecho subía y bajaba con fuerza mientras respiraba como alguien que acababa de salir del agua después de casi ahogarse.
Su cuerpo estaba empapado en sudor.
— ¿…?
Miró alrededor con la mirada desordenada de alguien que aún no entendía qué estaba pasando.
Techo de madera.
Vigas gruesas.
Paredes de piedra.
Una habitación enorme.
— …¿Qué…?
Su voz salió seca.
Intentó levantarse y casi se cayó de la cama.
— ¡¿Qué demonios?!
Su respiración se volvió más rápida.
— No.
Miró alrededor otra vez.
— No, no, no…
Esto no era un hospital.
No era una calle.
No era ningún lugar que reconociera.
— Yo…
Sus manos temblaban.
— Yo estaba…
El recuerdo llegó.
El accidente.
El momento final.
La sensación clara de que su cuerpo había dejado de responder.
Frederic se llevó una mano al pecho.
Su corazón latía con fuerza.
— Estoy vivo…
Susurró.
Luego frunció el ceño.
— …pero eso no tiene sentido.
Levantó lentamente las manos frente a su cara.
Se congeló.
— …
— …
— Espera.
Giró las manos lentamente.
Dedos largos.
Palmas diferentes.
Cicatrices que nunca había tenido.
Su respiración se volvió irregular.
— …no.
Bajó de la cama.
Casi tropezó al pisar el suelo.
— Esto es un sueño.
Dio un paso.
El suelo crujió bajo sus pies.
— Esto es definitivamente un sueño.
Otro paso.
— Un sueño muy elaborado.
Miró alrededor desesperadamente.
— Un sueño demasiado elaborado.
Sus ojos encontraron un espejo sobre un escritorio.
Caminó hacia él.
Su corazón latía cada vez más rápido.
— …
— No mires.
Murmuró.
— No mires.
Pero levantó la mirada.
Y vio un rostro que no era el suyo.
Cabello negro oscuro.
Ojos grises.
Un rostro joven pero marcado por el cansancio.
Frederic retrocedió violentamente.
— ¡¿QUÉ—?!
Su espalda chocó contra la pared.
— ¡¿Quién demonios es ese?!
Respiraba con dificultad.
Miró sus manos otra vez.
Luego el espejo.
Luego sus manos.
— No.
Sacudió la cabeza.
— No.
— ¡No!
Golpeó el escritorio con la mano.
Los papeles se dispersaron.
— ¡Esto no puede estar pasando!
Su voz resonó en la habitación.
Silencio.
Su respiración seguía agitada.
Luego…
El dolor llegó.
Un dolor brutal atravesó su cabeza.
— ¡GH—!
Frederic cayó de rodillas.
— ¡Ahh…!
Imágenes comenzaron a aparecer en su mente.
Un castillo enorme.
Pasillos largos.
Nobles susurrando.
Risas.
Desprecio.
Un nombre.
Kael Valdorian.
Frederic apretó los dientes.
Más recuerdos llegaron.
Un rey.
Dos hermanos mayores.
Humillación constante.
Golpes.
Insultos.
Un territorio miserable.
Un título.
Tercer príncipe.
Frederic respiró con dificultad.
— …Kael.
Susurró.
— Ese es…
Más imágenes.
Una niña.
Cabello café claro.
Ojos color cielo.
Lyra.
El dolor desapareció lentamente.
Frederic se quedó de rodillas en el suelo.
Respirando.
Pensando.
Procesando.
Finalmente levantó la cabeza.
— …
Se puso de pie lentamente.
Caminó hacia el espejo otra vez.
Observó el rostro desconocido.
— Entonces…
Su voz salió baja.
Insegura.
— Este cuerpo…
Tocó su rostro lentamente.
La piel.
La mandíbula.
El cabello.
— Es real…
Sus dedos temblaron ligeramente.
Miró sus manos.
Luego el espejo.
— Yo no soy él.
Murmuró.
— Pero sus recuerdos están aquí.
Se llevó una mano a la cabeza.
— Su vida.
— Su dolor.
— Sus errores…
Respiró profundamente.
Las imágenes de los recuerdos seguían apareciendo en fragmentos.
Las burlas de sus hermanos.
La humillación.
El desprecio de los nobles.
La soledad.
Frederic cerró los ojos.
— Qué vida tan miserable…
Susurró.
Luego volvió a abrirlos.
Miró su reflejo otra vez.
— Kael Valdorian…
El nombre se sentía extraño en su boca.
Caminó lentamente hacia la ventana.
Cada paso parecía más pesado que el anterior.
Abrió las cortinas.
La luz gris de la mañana iluminó la habitación.
Frederic miró la ciudad.
Casas rotas.
Calles llenas de barro.
Personas borrachas incluso a esa hora.
Un hombre siendo golpeado en un callejón.
Nadie intervenía.
Frederic apoyó una mano en el marco de la ventana.
El viento frío entró en la habitación.
Traía olor a alcohol y basura.
— …
Su mente estaba llena de pensamientos.
— Morí.
Murmuró.
— Eso es seguro.
Miró sus manos otra vez.
— Y ahora estoy viviendo la vida de otra persona.
Se quedó en silencio.
Procesando.
— Esto no tiene lógica.
— No tiene explicación.
Suspiró lentamente.
— Pero tampoco parece un sueño.
Miró nuevamente la ciudad.
Ese lugar miserable.
Ese territorio olvidado.
Los recuerdos de Kael le dijeron algo importante.
Ese lugar era suyo.
Frederic apoyó ambas manos en la ventana.
— Así que…
Murmuró con voz cansada.
— Este es el mundo donde terminé.
No sonrió.
No hizo ninguna declaración grandiosa.
Solo suspiró.
— Genial.
Se pasó una mano por el cabello.
— Morir ya era suficientemente malo.
Miró otra vez la ciudad decadente.
— Pero renacer en el cuerpo de un príncipe odiado…
Negó lentamente con la cabeza.
— Eso ya es mala suerte a otro nivel.
Se quedó mirando el paisaje unos segundos más.
Luego murmuró para sí mismo:
— …Frederic, felicidades.
Su tono era completamente seco.
— Tu nueva vida parece un desastre.




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