Diario De Un Ingeniero MecÁnico En Otro Mundo

EL CENTRO DEL COMERCIO

Frederic no durmió mucho después de despertar.
Técnicamente, su mente estaba demasiado ocupada intentando aceptar una idea absurda:
había muerto… y ahora estaba viviendo en el cuerpo de un príncipe problemático.
Genial.
Absolutamente genial.
Se miró una vez más en el espejo.
— Kael Valdorian…
El nombre todavía se sentía extraño.
Se pasó la mano por el cabello negro desordenado.
— Bien, Kael.
Murmuró con tono seco.
— Vamos a ver qué clase de desastre dejaste.
Tomó una capa oscura que estaba sobre una silla y salió de la habitación.
El castillo de Eryndor
El castillo era… deprimente.
Frederic esperaba algo digno de un príncipe.
En cambio encontró:
paredes descascaradas
pasillos mal iluminados
y guardias con armaduras desgastadas.
Uno de los guardias lo vio salir.
El hombre se tensó de inmediato.
— ¡S-su alteza!
Frederic notó algo extraño.
El hombre no parecía respetuoso.
Parecía nervioso.
Como si esperara que Kael hiciera algo problemático en cualquier momento.
Frederic frunció ligeramente el ceño.
Así que ese es el tipo de reputación que tenía…
— Voy a salir.
Dijo con calma.
El guardia dudó.
— S-su alteza… la capitana ordenó que no salga sin escolta.
— ¿Capitana?
— Sí, su protectora personal.
Frederic recordó algo.
Un nombre apareció entre los recuerdos de Kael.
Una caballero.
Asignada por el rey para vigilar al tercer príncipe.
En realidad…
Para evitar que causara problemas.
— Entonces llámala.
Dijo Frederic.
— Saldré igual.

...
No pasaron ni cinco minutos antes de escuchar pasos firmes en el pasillo.
Frederic levantó la mirada.
Una mujer apareció en la entrada.
Cabello oscuro recogido.
Ojos rojos intensos.
Armadura plateada.
Una espada larga en la cintura.
Su postura era impecable.
Pero su expresión…
Era completamente fría.
— Su alteza.
Dijo con un tono rígido.
— ¿Desea algo?
Frederic reconoció el nombre que venía con los recuerdos.
Capitana Aria Valen.
Caballero del reino.
Asignada a protegerlo.
O más bien…
Obligada a hacerlo.
Frederic notó inmediatamente algo.
Aria no lo miraba directamente a los ojos.
Su mirada era cautelosa.
Tensa.
Como si estuviera preparada para reaccionar a cualquier cosa.
Ah.
Frederic entendió rápido.
Los recuerdos de Kael confirmaban la razón.
El antiguo Kael tenía la costumbre de molestarla constantemente.
Comentarios desagradables.
Intentos de acercarse demasiado.
Comportamiento que la hacía detestarlo.
Frederic suspiró internamente.
Genial.
También tengo que limpiar esa reputación.
— Quiero ver la ciudad.
Dijo finalmente.
Aria frunció el ceño.
— ¿La ciudad?
— Sí.
— Su alteza nunca ha mostrado interés en el territorio antes.
— Bueno.
Frederic se encogió de hombros.
— Supongo que uno cambia.
Aria claramente no le creyó.
Pero tampoco podía negarse.
— Muy bien.
Dijo finalmente.
— Pero no se aleje de mí.
— Trataré de sobrevivir.
Murmuró Frederic.
...
Las calles eran incluso peores de lo que se veían desde la ventana.
Barro.
Basura.
Personas borrachas incluso en la mañana.
Niños sucios corriendo por los callejones.
Frederic caminaba observándolo todo.
Silenciosamente.
Su mente analizaba cada detalle.
Pobreza extrema.
Infraestructura inexistente.
Orden público… prácticamente nulo.
Un hombre gritaba en medio de la calle.
Dos personas peleaban cerca de un barril.
Un grupo sospechoso observaba a Frederic desde un callejón.
Aria notó la mirada.
Su mano fue automáticamente hacia la espada.
— No se acerquen.
Dijo con voz fría.
Los hombres retrocedieron.
Frederic siguió caminando.
— Este lugar es peor de lo que imaginaba.
Aria lo miró sorprendida.
— ¿Lo imaginaba?
Frederic ignoró la pregunta.
— No hay comercio.
— No hay agricultura.
— No hay industria.
— Entonces…
Miró las calles otra vez.
— ¿De qué vive este lugar?
Aria tardó un segundo en responder.
— Esclavos.
Frederic se detuvo.
— ¿Qué?
Aria habló con tono serio.
— Eryndor está entre cuatro territorios.
Levantó cuatro dedos.
— El reino humano.
— Los elfos.
— Los enanos.
— Y las tierras de los semihumanos.
Frederic escuchaba con atención.
— Es un punto intermedio.
Continuó ella.
— Por eso los traficantes ilegales vienen aquí.
Su expresión se endureció.
— Compran y venden esclavos.
Frederic miró la ciudad otra vez.
Ahora algunas cosas tenían más sentido.
Personas encadenadas.
Guardias corruptos mirando hacia otro lado.
Carretas sospechosas.
— Entonces…
Murmuró.
— Este lugar es básicamente un mercado negro.
Aria asintió.
— Exactamente.
Frederic se quedó pensando unos segundos.
Luego sonrió ligeramente.
Aria frunció el ceño.
— ¿Por qué sonríe?
Frederic miró el horizonte.
— Porque acabo de entender algo.
— ¿Qué cosa?
— La ubicación de este territorio.
Señaló alrededor.
— Cuatro civilizaciones.
— Cuatro rutas comerciales.
— Un punto central.
Su sonrisa se volvió más amplia.
— Este lugar no es inútil.
Aria lo miró confundida.
— ¿Entonces?
Frederic miró la ciudad otra vez.
— Solo está siendo usado de la peor forma posible.
Aria cruzó los brazos.
— Eso es fácil de decir.
— Cambiarlo es otra cosa.
Frederic la miró.
— Lo sé.
Luego volvió a mirar el territorio miserable.
Y murmuró con calma:
— Pero si este lugar se convierte en una ruta comercial legítima…
— Podría volverse el centro económico del continente.
Aria lo miró como si hubiera dicho una locura.
— Su alteza…
— Ese sueño es imposible.
Frederic sonrió con calma.
— Los sueños imposibles son los más interesantes.




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