Frederic esperaba algo pequeño.
Tal vez unas cuantas carretas.
Un par de vendedores.
Algo clandestino.
Después de todo, Aria había dicho que el comercio de esclavos en Eryndor era ilegal.
Pero cuando doblaron la esquina y llegaron a la plaza del mercado…
Frederic se detuvo.
— …
Aria también se detuvo a su lado.
— Bienvenido.
Dijo con tono seco.
— Al negocio más rentable del territorio.
Frente a ellos había una enorme plaza llena de ruido.
Gente gritando precios.
Carretas entrando y saliendo.
Guardias privados vigilando las jaulas.
Y decenas… no.
Cientos de personas encerradas.
Frederic frunció el ceño.
— Esto no es un mercado clandestino.
Aria negó con la cabeza.
— No.
— Es la economía de Eryndor.
Frederic caminó lentamente por la plaza.
Su mirada observaba todo.
Jaulas de madera.
Personas encadenadas.
Comerciantes discutiendo precios.
Compradores examinando “mercancía”.
Un vendedor gritaba:
— ¡Semihumanos fuertes para trabajo pesado!
Otro levantaba una cadena.
— ¡Enanos! ¡Excelentes para minería y herrería!
Frederic sintió un peso extraño en el pecho.
Este mundo realmente funciona así…
Aria lo observó de reojo.
— ¿Se arrepiente?
Frederic negó lentamente.
— No.
Sus ojos seguían analizando todo.
— Estoy aprendiendo.
Aria levantó una ceja.
— ¿Aprendiendo qué?
Frederic señaló el mercado.
— Oferta.
— Demanda.
— Logística.
Aria lo miró como si estuviera loco.
— Esto es tráfico de personas.
Frederic respondió con calma:
— Y aun así es un negocio perfectamente organizado.
Aria no dijo nada.
Frederic siguió caminando.
Su mirada se detuvo en varios puestos.
Uno vendía humanos.
Otro tenía semihumanos con rasgos animales.
Orejas largas.
Colas.
Fuerza física evidente.
Otro puesto tenía enanos.
Bajos.
Robustos.
Con miradas duras.
Encadenados de manos y pies.
Frederic murmuró:
— Mano de obra especializada…
Aria lo escuchó.
— No está pensando en comprarlos de verdad… ¿verdad?
Frederic no respondió.
Seguía observando.
Entonces vio otro puesto.
Era diferente.
Mucho más cuidado.
Las jaulas estaban cubiertas con telas finas.
Los compradores eran nobles.
Y los precios…
Ridículamente altos.
Frederic frunció el ceño.
— ¿Qué venden ahí?
Aria miró.
— Elfos.
Frederic se acercó un poco más.
Dentro de las jaulas había figuras delgadas.
Cabello largo.
Rostros elegantes.
Orejas largas características.
Incluso en condiciones miserables…
Seguían siendo impresionantes.
— Por eso son los más caros.
Dijo Aria.
— ¿Solo por belleza?
— No.
Aria cruzó los brazos.
— Los elfos pueden usar magia espiritual.
Frederic la miró.
— ¿Magia?
— Sí.
Aria señaló a uno de ellos.
— Aunque la magia en este mundo se ha perdido en gran parte…
— Los elfos todavía conservan fragmentos de ese conocimiento.
Frederic observó al elfo dentro de la jaula.
El joven lo miraba con odio puro.
— Interesante…
Murmuró Frederic.
Pero Frederic no estaba buscando elfos.
Sus ojos se movieron por el mercado.
Hasta que se detuvieron en otro puesto.
Un hombre grande.
Barba descuidada.
Una cicatriz cruzando su rostro.
Detrás de él había varias jaulas.
Semihumanos.
Enanos.
Y algunos humanos.
Pero lo que llamó la atención de Frederic fue otra cosa.
Había muchos.
Muchos más que en otros puestos.
Aria notó que Frederic lo observaba.
— Ese vendedor es uno de los mayores traficantes de la zona.
Frederic sonrió ligeramente.
— Perfecto.
Aria suspiró.
— Ya sabía que diría eso.
Frederic se acercó al puesto.
El comerciante levantó la mirada.
— Oh.
Sus ojos se abrieron.
— Si no es su alteza.
Frederic notó el tono.
No era respeto.
Era… interés.
— Veo que el príncipe finalmente decidió visitar mi negocio.
Frederic miró las jaulas.
Semihumanos fuertes.
Enanos robustos.
Personas con cuerpos de trabajadores.
Exactamente lo que necesitaba.
El comerciante sonrió.
— ¿Busca algo en particular?
Frederic lo miró con calma.
— Mano de obra.
El hombre soltó una carcajada.
— Entonces llegó al lugar correcto.
Frederic cruzó los brazos.
— Muéstreme lo que tiene.
Detrás de él, Aria suspiró.
— Esto va a terminar mal…
Pero Frederic no estaba pensando en eso.
Su mente ya estaba trabajando.
Calculando.
Si nadie quiere trabajar para mí…
Entonces crearé mi propia fuerza de trabajo.
Y ese mercado…
Era el lugar perfecto para empezar.
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isekai, isekai o reencarnación en otro mundo, romance y comedia
Editado: 02.04.2026