El comerciante dio una palmada.
— ¡Muy bien!
Un ayudante abrió varias jaulas.
Dentro había diferentes esclavos.
Semihumanos musculosos.
Algunos con orejas de lobo.
Otros con colas largas.
También había enanos.
Bajos.
Robustos.
Miradas duras.
El comerciante habló orgulloso.
— Mano de obra fuerte.
— Perfectos para construcción, minería o carga pesada.
Frederic observó con calma.
Condición física aceptable.
Algunos incluso parecen bien alimentados.
Uno de los semihumanos lo miró con odio.
Otro simplemente evitó su mirada.
Frederic no dijo nada.
Aria caminaba detrás de él.
Con los brazos cruzados.
— No puedo creer que esté haciendo esto…
Frederic la miró de reojo.
— ¿Comprar trabajadores?
— Comprar personas.
Frederic respondió tranquilamente:
— En este mundo parecen ser lo mismo.
Aria frunció el ceño.
Pero no discutió más.
Frederic siguió observando.
Algunos enanos.
Un par de humanos.
Varios semihumanos.
El comerciante habló:
— Si busca cantidad, puedo hacerle un buen precio.
Frederic cruzó los brazos.
— Tal vez.
El comerciante lo observó unos segundos.
Luego sonrió.
Una sonrisa diferente.
Más… interesada.
— Su alteza…
Frederic levantó una ceja.
— ¿Sí?
El comerciante miró alrededor.
Luego habló en voz baja.
— Tal vez tenga algo que podría interesarle más.
Aria frunció el ceño.
— ¿Más?
El comerciante la miró.
— Me gustaría mostrarlo solo al príncipe.
Aria respondió inmediatamente.
— No.
— Soy su escolta.
El comerciante levantó las manos.
— Solo es una mercancía delicada.
Frederic habló con calma.
— Aria.
Ella lo miró.
— Espérame aquí.
Aria frunció el ceño.
— Su alteza—
Frederic sonrió ligeramente.
— Si intento algo raro puedes atravesarme con tu espada.
Aria suspiró.
— No me obligue a hacerlo.
Frederic siguió al comerciante.
Cruzaron una puerta de madera.
El ruido del mercado desapareció.
El ambiente era más oscuro.
Había menos jaulas.
Pero estaban mejor cuidadas.
Frederic miró alrededor.
— Esto no parece una zona normal.
El comerciante rió.
— Porque no lo es.
Caminaron hasta una jaula cubierta con una tela gruesa.
El comerciante se detuvo frente a ella.
— Esta mercancía…
Su sonrisa volvió.
— Es especial.
Frederic cruzó los brazos.
— Espero que lo sea.
El comerciante agarró la tela.
— Antes de mostrarla…
Se inclinó un poco hacia Frederic.
— Esto no sale de aquí.
Frederic levantó una ceja.
— Eso depende de lo que vea.
El comerciante retiró la tela.
Frederic se quedó inmóvil.
Dentro de la jaula había una joven.
Cabello largo plateado.
Piel pálida.
Orejas élficas perfectas.
Sus manos estaban encadenadas.
Pero incluso así…
Había algo diferente en ella.
Algo que Frederic no supo explicar.
Sus ojos verdes se abrieron lentamente.
Mirándolo.
Llenos de desprecio.
El comerciante habló con orgullo.
— Una elfa.
Frederic respondió sin emoción.
— Ya vi varias.
El comerciante negó con la cabeza.
— No.
— No como esta.
Se inclinó hacia Frederic y susurró:
— Ella es una princesa.
Frederic frunció el ceño.
— ¿Una princesa?
El comerciante sonrió.
— De los elfos.
Frederic guardó silencio.
El comerciante continuó:
— La hija del Gran Árbol Sabio.
Frederic sintió que el ambiente se volvía más pesado.
— ¿El Gran Árbol Sabio?
— El árbol sagrado que los elfos veneran.
— El más antiguo del continente.
El comerciante sonrió con orgullo.
— Exactamente.
Frederic volvió a mirar a la elfa.
Ella lo miraba con odio absoluto.
— Entonces…
Frederic habló lentamente.
— ¿Me estás diciendo que secuestraste a una princesa élfica?
El comerciante rió.
— No la secuestré.
— La conseguí.
Frederic suspiró.
— Eso suena peor.
La elfa finalmente habló.
Su voz era suave.
Pero llena de furia.
— Humano…
Sus ojos brillaban con odio.
— Si me tocas…
— Mi pueblo quemará este lugar hasta convertirlo en cenizas.
Frederic la miró en silencio.
Luego suspiró.
— Genial.
El comerciante sonrió.
— ¿Le interesa?
Frederic se quedó mirando la jaula.
Una princesa élfica.
Esto no es mano de obra.
Esto es una bomba política.
Pero al mismo tiempo…
Su mente ya estaba calculando.
— ¿Cuánto?
El comerciante sonrió aún más.
— Sabía que preguntaría.
La elfa lo miró con furia.
— Humano despreciable.
Frederic la miró con calma.
— Créeme.
— Tú tampoco eres mi primera opción.
El comerciante rió.
— Me gusta este príncipe.
Y así…
En medio del mercado más corrupto del territorio…
Frederic acababa de encontrarse con algo que podía cambiar completamente el destino de Eryndor.
Y tal vez…
El de todo el continente.
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isekai, isekai o reencarnación en otro mundo, romance y comedia
Editado: 02.04.2026