El camino de regreso al palacio fue… silencioso.
Bueno.
Silencioso para Kael.
La elfa caminaba a su lado con las manos aún encadenadas.
Su expresión era fría.
Pero su voz no lo era tanto.
— Humano despreciable.
Kael caminaba con tranquilidad.
— Princesa insoportable.
Ella lo miró con desprecio.
— Suéltame.
— No.
— Cobarde.
— Probablemente.
Aria caminaba detrás de ellos.
Con la mano en la frente.
— No puedo creer que esté escoltando a una princesa élfica esclavizada…
La elfa la miró.
— ¿Tú también eres humana?
Aria frunció el ceño.
— Sí.
— Entonces eres igual de despreciable.
Aria apretó los dientes.
— Créeme…
— No soy fan de esto tampoco.
La elfa volvió a mirar a Kael.
— Si me liberas ahora…
— Tal vez considere no matarte primero.
Kael suspiró.
— Qué generosa.
El gran palacio… vacío
Cuando llegaron al palacio…
La elfa levantó la mirada.
Observó el edificio.
Luego entraron.
El gran salón estaba casi vacío.
Pedestales sin estatuas.
Paredes desnudas.
Sin alfombras.
Sin decoración.
La elfa se detuvo.
Miró alrededor.
Luego miró a Kael.
— Patético.
Kael se encogió de hombros.
— Tenía que financiar tu compra.
Aria murmuró.
— No le recuerde eso…
La elfa volvió a mirar la sala vacía.
— Vendiste tu propio palacio…
— Para comprar una esclava.
Kael asintió.
— Técnicamente sí.
Ella lo miró como si estuviera observando algo incomprensible.
— Los humanos realmente son estúpidos.
Kael sonrió.
— A veces.
Kael caminó por el pasillo del palacio.
La elfa lo siguió.
Arrastrando ligeramente las cadenas.
Aria caminaba detrás.
— Su alteza…
— ¿Sí?
— ¿Dónde piensa ponerla?
Kael se detuvo.
Miró alrededor.
Silencio.
Luego murmuró:
— Buena pregunta.
Aria lo miró con incredulidad.
— ¿No lo pensó?
— No realmente.
La elfa habló inmediatamente.
— No dormiré en una jaula.
Kael la miró.
— Nadie mencionó jaulas.
Ella cruzó los brazos.
— Tampoco dormiré cerca de humanos.
Kael suspiró.
— Mala suerte.
Aria frunció el ceño.
— Espera…
Sus ojos se abrieron.
— No estará pensando…
Kael abrió la puerta de su habitación.
— Sí.
Aria se llevó la mano a la cara.
— Esto es una mala idea.
La habitación del príncipe era simple.
Una cama grande.
Una mesa.
Una silla.
Una ventana.
Nada más.
Kael miró la runa del contrato grabada en la muñeca de la elfa.
— La runa.
Ella lo miró con desprecio.
— ¿Qué pasa con ella?
— No puedes alejarte más de un kilómetro.
— Lo sé.
— Pero tampoco quiero descubrir qué pasa si te escapas mientras duermes.
La elfa frunció el ceño.
— No dormiré aquí.
Kael señaló la habitación.
— Es esto o una descarga eléctrica.
Ella lo miró fijamente.
— Prefiero morir.
Kael se sentó en la silla.
— No lo prefieres.
Ella dio un paso hacia la puerta.
Durante unos segundos no pasó nada.
Luego…
La runa en su muñeca brilló.
— Tch—
Una pequeña descarga recorrió su cuerpo.
Ella se detuvo inmediatamente.
Sus dientes apretados.
Kael suspiró.
— Sí.
— Eso pasa.
La elfa lo miró con furia.
— Te mataré.
Kael levantó la mano.
— Toma número.
Un arreglo incómodo
Pasaron varios minutos.
La elfa seguía de pie.
Negándose a acercarse a la cama.
Kael suspiró.
— Esto es ridículo.
Se levantó.
Se acercó a la cama.
— Toma.
Señaló el colchón.
— Duerme.
Ella lo miró con desprecio absoluto.
— Nunca.
Kael caminó hacia la silla.
Se sentó.
— Bien.
— Yo dormiré aquí.
La elfa parpadeó.
— …
Miró la cama.
Luego a Kael.
— ¿Eres idiota?
Kael cerró los ojos.
— Muy posible.
Silencio.
Pasaron unos segundos.
Luego la elfa habló.
— Humano.
Kael abrió un ojo.
— ¿Sí?
— Si intentas tocarme mientras duermo…
Kael levantó una mano.
— Lo entiendo.
— Me matarás.
Ella lo miró.
— No.
— Te haré sufrir primero.
Kael suspiró.
— Qué tranquilizador.
La elfa dudó unos segundos.
Luego finalmente caminó hacia la cama.
Se sentó lentamente.
Como si el lugar estuviera contaminado.
Luego se acostó.
De espaldas a él.
Kael observó el techo desde la silla.
— Qué día tan largo…
La elfa murmuró sin girarse.
— No hables.
— Tu voz es irritante.
Kael cerró los ojos.
— Buenas noches para ti también, princesa.
Silencio.
Durante unos minutos solo se escuchó el viento afuera.
La elfa abrió los ojos en la oscuridad.
Miró hacia atrás.
Kael estaba dormido en la silla.
La elfa lo observó unos segundos.
Luego murmuró en voz baja.
— Humano estúpido…
Y cerró los ojos.
Por primera vez desde su captura…
Durmiendo en una cama.
Aunque fuera en la habitación de su enemigo.
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isekai, isekai o reencarnación en otro mundo, romance y comedia
Editado: 02.04.2026