La mañana siguiente llegó demasiado rápido.
Kael apenas había dormido.
Pero su mente estaba clara.
Muy clara.
Aria caminaba a su lado por las calles del mercado con el ceño fruncido.
— Su alteza…
— Todavía podemos reconsiderar esto.
Kael caminaba tranquilo.
— No.
— Ya tomé una decisión.
Elyndra caminaba detrás de ellos, encadenada como siempre.
Su mirada era fría.
— Fascinante.
— Un príncipe caminando hacia su propia ruina con tanta calma.
Kael suspiró.
— ¿Siempre eres así de optimista?
— Solo cuando el espectáculo lo merece.
Aria murmuró irritada.
— Esto no es un espectáculo.
— ¡Está apostando todo!
Llegaron al puesto del esclavista.
El comerciante levantó la vista.
— Su alteza.
Su expresión era desconfiada.
— No esperaba verlo tan pronto.
Kael apoyó las manos sobre la mesa.
— Encontré la cura.
El comerciante se quedó en silencio.
Aria cruzó los brazos.
— Ahora viene la parte estúpida.
El comerciante entrecerró los ojos.
— ¿Cura?
— Para la enfermedad.
Kael asintió.
— Escorbuto.
El comerciante suspiró.
— Otra vez con esa palabra.
— Todavía no entiendo qué significa.
Kael respondió tranquilamente.
— No importa.
— Lo importante es que puedo curarlos.
El comerciante lo miró fijamente.
— ¿Y qué quiere a cambio?
Kael respondió inmediatamente.
— Treinta esclavos.
Silencio.
El comerciante parpadeó.
— Treinta.
Aria se llevó la mano a la cara.
— Lo sabía.
El comerciante se cruzó de brazos.
— ¿Y quién los elige?
— Yo.
El comerciante lo observó unos segundos.
Luego rió.
— Es una apuesta cara.
Kael levantó una ceja.
— Para usted también.
El comerciante negó con la cabeza.
— No tan cara como crees.
Se acercó un poco.
— Si lo que dices es mentira…
— esos esclavos morirán igual.
— Y habrás perdido credibilidad.
Aria murmuró:
— Por favor diga que ya terminó.
Pero el comerciante continuó.
— Pero acepto.
Luego añadió:
— Con una condición.
Kael sonrió ligeramente.
— Sabía que dirías eso.
— Si tu cura no funciona…
— quiero algo a cambio.
Aria miró a Kael.
— No.
— No.
— No.
Kael habló antes de que pudiera terminar.
— El palacio.
Silencio absoluto.
Aria se quedó congelada.
— …
Elyndra también levantó ligeramente la mirada.
El comerciante parpadeó.
— ¿Perdón?
Kael repitió con calma.
— Si mi cura falla…
— te quedas con el palacio del gobernador.
Aria explotó.
— ¡¿ESTÁS COMPLETAMENTE LOCO?!
Varias personas del mercado miraron hacia ellos.
— ¡Ese palacio es lo único que tenemos!
— ¡Es la residencia del príncipe!
— ¡Es propiedad del reino!
Kael levantó una mano con calma.
— Tranquila.
— No voy a perder.
Elyndra habló con voz tranquila.
— Confianza admirable.
Sus ojos verdes se fijaron en Kael.
— O estupidez histórica.
El comerciante lo miraba con atención ahora.
— Estás apostando mucho.
Kael respondió con una sonrisa.
— Usted también.
— Si gano, perderá treinta esclavos sanos.
El comerciante pensó unos segundos.
Luego extendió la mano.
— Trato.
Kael estrechó su mano.
— Trato.
Aria parecía a punto de desmayarse.
— Esto es una pesadilla.
Elyndra miró la escena en silencio.
Luego habló suavemente.
— Si pierdes…
— al menos la historia será interesante.
Kael se giró hacia ellos.
— No voy a perder.
Miró al comerciante.
— Prepárate.
— Hoy tus esclavos empezarán a curarse.
El comerciante cruzó los brazos.
— Eso espero.
Porque si no…
Sonrió lentamente.
— Príncipe…
— ese palacio será mío.
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isekai, isekai o reencarnación en otro mundo, romance y comedia
Editado: 02.04.2026