Diario De Un Ingeniero MecÁnico En Otro Mundo

EL PRIMER TALLER

El patio trasero de la mansión del gobernador estaba lleno de ruido.
Metal golpeando metal.
Herramientas improvisadas.
Voces discutiendo.
Kael estaba de pie observando todo con los brazos cruzados.
— Esto es deprimente —murmuró.
Aria estaba a su lado.
— ¿Así es como trabajan los hombres del mercado? —preguntó con el ceño fruncido.
— Sí… pero esperaba algo menos caótico —respondió Kael, con calma.
Frente a ellos estaban los treinta esclavos que había comprado.
Los semihumanos cargaban madera y piedra.
Los humanos organizaban herramientas.
Pero quienes realmente llamaban su atención eran los enanos.
Uno de ellos estaba golpeando una barra de hierro contra una mesa improvisada.
Otro miraba con atención un pequeño dibujo que Kael había hecho en un pergamino.
— Hmph —gruñó el enano, levantando la cabeza—. Esto no tiene sentido.
Kael levantó una ceja.
— ¿No?
— No —replicó el enano—. Quieres hacer una rueda… pero dentro de otra rueda, con pequeñas bolas de metal. Y todas deben ser del mismo tamaño.
Kael sonrió levemente.
— Perfecto para un enano.
Aria murmuró entre dientes:
— Cuando lo dice así… suena imposible.
El enano continuó, más molesto:
— Y tú… ¿quién eres para ordenar esto?
Kael se inclinó ligeramente.
— Soy el príncipe que apuesta por tus habilidades.
Elyndra caminaba detrás, sus ojos verdes observaban todo.
— Fascinante —dijo con su habitual frialdad—. Un esclavo cuestionando a su dueño, y tú lo animas a hacerlo.
Kael levantó la mano con calma:
— Bien, menos palabras, más trabajo.
Aria suspiró, sabiendo lo que vendría:
— Esto va a terminar en pelea.
Kael se acercó a la mesa, golpeando una barra de hierro.
— No necesito perfección. Solo algo que funcione.
Señaló el dibujo.
— Si esto funciona, las ruedas girarán más rápido, las poleas moverán más peso, y las máquinas serán más útiles.
El enano cruzó los brazos.
— Suena bonito, pero sigue siendo difícil.
Kael lo miró fijo.
— Entonces demuéstrame que los enanos son tan buenos como dicen.
Silencio.
El enano apretó los dientes:
— Está bien… lo haré. Solo para demostrar que esto es ridículo.
Kael sonrió satisfecho:
— Perfecto.
Elyndra murmuró desde la sombra:
— Manipulación básica… sorprendentemente efectiva.
Horas después
El patio se había convertido en un taller improvisado.
Fuego.
Martillos.
Metal calentándose.
Los enanos trabajaban con intensidad.
Los semihumanos movían materiales pesados.
Los humanos organizaban todo.
Aria observaba la escena:
— Esto parece… un taller de verdad.
Kael asintió:
— Una versión primitiva, pero suficiente.
Elyndra caminó lentamente entre los trabajadores, observando con atención.
— Interesante —dijo con calma—. No trabajan como esclavos, sino como artesanos.
Kael sonrió:
— Porque lo son.
Aria cruzó los brazos:
— Esa es una forma extraña de decir “trabajo digno”.
Kael encogió los hombros:
— Nunca dije que fuera buena persona.
Elyndra sonrió levemente:
— Eso sí lo creo.
El primer prototipo
Al final del día, uno de los enanos caminó hacia Kael con algo en la mano:
Un pequeño anillo de metal con varias pequeñas bolas en su interior.
— Aquí está —dijo.
Kael lo tomó y lo colocó entre dos placas metálicas.
Lo hizo girar.
Las placas se movieron suavemente, casi sin fricción.
Aria abrió los ojos:
— Eso… realmente funciona.
Kael sonrió:
— Lo sé.
El enano lo miró con seriedad:
— Humano… ¿de dónde sacaste esta idea?
Kael respondió con calma:
— De pensar. Eso es todo.
Elyndra observó el dispositivo en sus manos.
Giró las placas lentamente y luego habló:
— Esto cambiará muchas cosas.
Kael levantó el pequeño rodamiento:
— Este pequeño anillo es el primer paso para convertir esta ciudad en algo más que un mercado de esclavos.
Elyndra lo miró por un instante, por primera vez visiblemente intrigada:
— Tal vez… este lugar no será tan aburrido después de todo.




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